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    Aprovechando la algarabía jaleosa de las fiestas de mi pueblo, que llega a convertirse en molesta e incómoda, he escapado durante un largo fin de semana más al sur de mi sur. Siempre es bueno disfrutar de la quietud preveraniega de este pueblito ya conocido de otras veces y desde cuya playa se divisan ya los montes de Africa. Es maravilloso dejar que el tiempo pase, sin prisas y desde la hamaca de la piscina, dejarme acariciar por el sol, leer, escribir y sobre todo soñar.

        El viento de levante tan habitual por esta zona, ha sido mi acompañante de estos días, así como el sabor del atún, que se pesca allí enfrente, elaborado en distintas recetas. De vez en cuando son necesarios momentos como éste, que detengan mi vorágine diaria y poder pasear junto al mar, contemplando un espectáculo como éste en que me hago consciente de que estoy respirando...