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     Primera novela que leo del afamado escritor británico, Ian McEwan. Es la historia de Michael Beard un cincuentón, premio nobel de física, con una vida personal más que desastrosa. Va por el quinto matrimonio, pero acostumbrado a cometer infidelidades no lo está tanto a ser engañado, como le ocurre con su última esposa. Su vida profesional tampoco va muy bien y está en un centro de investigación , más por sus logros pasados que por los presentes, donde debe lidiar con proyectos sin  sentido de jóvenes becarios. La escena que más me ha gustado es la de la expedición científica a tierras polares.

Leí buenas críticas sobre este libro, sin embargo a mí no me ha gustado demasiado y eso que reconozco que hay pasajes que aparte de imaginativos me han hecho esbozar más de una sonrisa. Sin embargo, no sé por qué, la forma de escribir no me ha atrapado.

"Miró a su alrededor lo mejor que pudo. Las casas más cercanas estaban a cuatrocientos metros y en sus grandes paredes desnudas sólo había una o dos ventanas diminutas: sin duda ventanas de cuartos de baño. Oh, lo que daría por estar allí dentro, en un caldeado cuarto de azulejos, descalzo y en pijama, orinando a sus anchas antes de volver a zambullirse debajo del edredón para una hora más de sueño. Aunque podía ir allí mismo, a la cuneta, dar la espalda al viento, lidiar con las manos desnudas con la gruesa cremallera helada de su traje de una sola pieza, buscar a tientas por debajo de la chaqueta, las hebillas de las hombreras de su mono de esquí y bajárselo de alguna manera, bucear con la mano por entre el suéter, la camisa, la camiseta larga de seda, los calzoncillos largos y los cortos para obtener por fin el momento de alivio en que no se atrevía a pensar. No, era tan difícil que tendría que esperar, y además se sintió mejor en cuanto estuvo sentado en la motonieve".