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     Siempre tiene una cierta complicación elegir un libro para un grupo de lectura y más si es de literatura en francés. El último que elegimos fue "Bouvard et Pécouchet", la última obra e inacabada del escritor Gustave Flaubert. Empecé a leerla y en ello anduve durante unos quince días, en una labor no exenta de cierta dificultad, lo que hacía que cada vez la afrontara con más pereza. Llegó un momento en que decidí dejar de leerla, la historia de dos individuos que se conocen y deciden irse a vivir al campo, con las tonterías que allí se les ocurre, no me atrajo demasiado, aparte que el vocabulario me resultaba bastante complejo.

      Andaba con esta mala conciencia de haber abandonado a ese texto francés, cuando este libro de Amélie Nothomb llegó a mis manos. Lo abrí por la primera hoja y cuando mi vista empezó a recorrer aquellas líneas atractivas con fluidez, me di cuenta que me había quedado atrapado por la historia. Es un relato autobiográfico en que Amélie, que en su infancia había vivido en Japón, tras vivir varios años en Bélgica vuelve al Japón. Empezará a dar clases de francés a un japonés, Rinri, pero en seguida iniciarán una historia de amor. 

Amélie nos va narrando la historia en primera persona, sus reflexiones son a la vez profundas y humorísticas. Nos va narrando las sorpresas que el carácter japonés, tan distinta a su cultura belga, le produce. Todo esto con un lenguaje sencillo y que entretiene. Ese tono jocoso no lo abandona ni cuando se pierde en una noche de invierno escalando una montaña, ni cuando estando desnuda en una piscina se acerca un anciano y no sabe cómo salir de ella. Comparte sus preocupaciones con el lector y éste acaba siendo cómplice de la autora:

"Yo, sin que pudiera explicarlo, me esperaba otra cosa. Yo no sabía en qué consistiría, pero estaba seguro de esperarla. Un deseo es tanto más violento cuando se ignora el objeto".