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     Un caso más de la detective Kinsey Millhone, que corresponde a la exitosa serie de "El alfabeto del crimen" de la escritora norteamericana Sue Grafton. Es el tomo veintidós y durante toda esta larga singladura, estas narraciones no han perdido la frescura y el interés argumental. Todo lo contrario, el personaje protagonista se ha ido perfilando y los personajes secundarios han ido cobrando una mayor entidad, las historias se entrecruzan y nos hacen evocar situaciones que ya conocíamos. En este libro me ha llamado la atención el diseño como personaje de uno de los "malos", por el que acabamos teniendo hasta simpatía.  Cada libro de Sue Grafton es un acierto y un disfrute tal, que nos hace temer qué ocurrirá con la serie tras la llegada de la Z.

En esta ocasión estando Kinsey en un centro comercial, observa a dos ladronas, una de ellas es detenida  inicia la persecución de la otra, lo que está a punto de costarle la vida. La ladrona detenida sale de la cárcel, pero al día siguiente se suicida, aparentemente, tirándose de un puente. La pareja de la ladrona no acaba de creerse que ella se dedique a robar, aunque reconoce que sabe bien poco de ella, contrata a Kinsey para que investigue. Lo que no sabe Kinsey es que se las tendrá que ver con mafiosos muy peligrosos y policías corruptos. 

"Charlé con William, cumplimenté a la cocinera, saludé brevemente a un par de parroquianosa los que conocía y salí disparada. Para cuando entré en mi estudio ya eran las siete de la tarde.Había conseguido llenar una hora . ¡Pues vaya! Estábamos en abril,. No oscurecería del todo hasta casi las nueve, así que haber dejado algunas luces encendidas en mi estudio era una clara muestra de optimismo: pensé que pordía matar el tiempo durante toda una tarde con un copa de vino y un plato de tocino y chucrut. Afortunadamente, la luz de mi contestador estaba parpadeando, así que le di a la tecla como si me fuera a proporcionar comunicación procedente del espacio exterior."