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    Tras aquella primera incursión en la Salamanca de finales del siglo XV con "El manuscrito  de piedra", el profesor Luis García Jambrina nos vuelve a narrar las peripecias de su  peculiar detective: Fernando de Rojas, autor de La Celestina. El bachiller Fernando de Rojas empieza a investigar el asesinato de un estudiante. En estas pesquisas le ayudará el joven Lázaro y un amigo fraile. Tras aquel asesinato empiezan a sucederse otros tantos, en los que todos los cadáveres se caracterizan porque aparecen con algún miembro de su cuerpo cortado. El protagonista se irá sumergiendo en el interior de unas peligrosas luchas de poder y la historia se complicará hasta el  punto de poner en peligro su propia vida. 

      Un interesante argumento que atrapa al lector y lo introducen con maestría en el ambiente salmantino de la época. Novela muy bien documentada en la que el autor nos recrea muchas anécdotas e historias que nos permiten conocer mejor la ciudad. Por sus páginas además aparecen otros personajes, las familias nobles cuyos apellidos e insignias jalonan sus monumentos y participaron en las famosas luchas entre los Bandos. También se habla del arzobispo Alonso de Fonseca, de Fray Juan de Sahagún, futuro patrón de la ciudad, de Lucía de Medrano y Beatriz Galindo, hasta tiene su aparición Isabel la Católica... 

       Una forma de distraerse, saboreando literatura y aprendiendo historia de la que denominó Unamuno, "alto soto de torres":

    "¡Uf! Según parece, los bandos tienen su origen en la distinta procedencia de las familias repobladoras que se asentaron en Salamanca a comienzos del siglo XII. Los motivos de su desavenencia tenían que ver, naturalmente, con la lucha por el poder y la posesión de la tierra. Pero cualquier pretexto era bueno para poner de relieve sus diferencias e iniciar una nueva disputa. Después la guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara propició la aparición de dos bandos enfrentados, dirigidos por los linajes de los Tejeda y los Maldonado, que apoyaban respectivamente a uno y otro. Y, enseguida, esta escisión se fue extendiendo a toda la ciudad; de tal modo que, a finales del siglo pasado, Salamanca ya está dividida en dos grandes parcialidades".