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         Yo lo miraba y no me lo terminaba de creer. Mi mente estaba totalmente bloqueada y me resultaba imposible imaginar, ni en la peor de mis pesadillas, una situación tan terrible como la que estaba viviendo.  Miré al frente y pude observar la desesperación en aquel gesto torvo de barba descuidada y surcado de ojeras, mientras empuñaba la pistola con desesperación. ¿Cuánto duraría aquel instante eterno? No tenía ni idea de lo que iba a ocurrir. De pronto, no sé cómo, el agujero del cañón se movió y lo vi frente a mí y a través de la oscuridad del mismo me pareció entrar en el interior de aquella mente.  Quedé quieto y un fuerte estruendo atronó mis oídos, el espejo en el que me estaba reflejando saltó en mil pedazos.

            Todo mi cuerpo se sacudió  por el temblor de aquella vibración y noté cómo empezaba a sudar copiosamente y como si yo mismo hubiera dejado de obedecerme. El cañón se fue girando lentamente de nuevo hasta que el agujero negro del cañón se situó frente a mí.  Ahora no apuntaba a ningún espejo intermedio. Noté como mi dedo índice como automatizado iba empujando lentamente el gatillo hacia atrás. No me preguntéis el por qué pero estoy seguro de que éstas serán mis últimas letras…