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    Con este esperado libro he terminado de leer la trilogía sobre Nueva Zelanda, escrita con gran habilidad por la escritora alemana, afincada en España, que usa el seudónimo de Sara Lark. El primero fue En el país de la nube blanca y el segundo La canción de los maoríes.

     En este tercer tomo prosigue la genial saga que se inició con aquella jovencita inglesa de diecisiete años, Gwyneira, que emprendía viaje hacia Nueva Zelanda, el país de la nube blanca, para emprender matrimonio. La acción se desarrolla a principios del siglo XX, ya Gwyneira es una anciana que sigue al pie del cañón en su granja de Kiward Station, pero las protagonistas principales serán sus descendientes Gloria y Lilian, que irán internas a un colegio inglés, en el que Gloria lo pasará muy mal.  Conoceremos el ambiente del colegio, y las diferentes formas en las que volvieron ambas primas a su tierra de Nueva Zelanda. La primera guerra mundial aparecerá entre sus páginas. Disfrutaremos de historias de amor y de otras muy dolorosas, pero sobre todo el amor de la autora por Nueva Zelanda, sus paisajes, costumbres y sus habitantes maoríes quedan perfectamente retratados en sus páginas.

     Se podría leer los tres tomos por separados, la trama bien urdida lo permite, pero es conveniente leerlos en orden, porque así disfrutamos de una buena evolución de los personajes, de vez en cuando se nos recuerda algunas de las aventuras pasadas, lo que ayuda a afianzar la historia y a ir dándole forma a la imagen de los personajes. 

       Una historia en tres libros, casi dos mil páginas, en las que me he sumergido y soñado, atrapándome de principio a fin.