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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2012.

Deja en paz al diablo

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     Tercera novela del escritor John Verdon, tras el gran éxito de sus dos anteriores: “Sé lo que estás pensando” y “No abras los ojos”. En todas ellas aparece como protagonista David Gurney un expolicía de homicidios que a pesar de estar retirado en su retiro campestre junto a su mujer Madeleine, cuando aparece un asunto intrigante, cuanto más mejor, ante sus ojos, no ceja hasta encontrar la solución.

     David Gurney se va recuperando poco a poco de las secuelas que dejó la resolución de su último caso, cuando recibe la llamada de una vieja conocida, la periodista Connie Clark, que quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está haciendo un documental sobre la familia de las víctimas de un asesino que nunca fue atrapado, el Buen Pastor.  David acepta y pronto se verá involucrado en un asunto en el que tanto él como sus seres queridos se sentirán vigilados por ese peligroso personaje, que no duda en seguir asesinando. El protagonista se meterá de lleno en una investigación que quiere llevar hasta el final, a pesar de las dificultades que se encuentra incluso provenientes de la propia policía.

             El autor va perfilando cada vez más las características del personaje y nos logra meter en el interior de una mente deductiva, que se va introduciendo en las ideas más de lo que aparentemente se ve. Su peculiar relación con su mujer nos la muestra con una especial ternura que se va dibujando con sus simples gestos o impresiones intercambiadas. La trama no envuelve y nos empuja a no dejar la lectura, hasta que con el protagonista logramos llegar al final de la historia.

“Gurney parecía observar los rescoldos en la rejilla de la estufa, pero tenía la mirada perdida. Se levantó de la silla, encendió la lámpara de pie y se acercó a la isla de la cocina para prepararse un café. Tiempo atrás, había descubierto que para conseguir dar con una solución era bueno distanciarse del problema, ocuparse en otra cosa. El cerebro, libre de la presión de encontrar una respuesta en concreto, solía hallar él solito su propio camino. Como uno de sus vecinos del condado de Delaware, nacido y criado en el lugar, le había dicho en cierta ocasión: “El sabueso no puede atrapar al conejo hasta que lo sueltas de la correa”.


La casa de Riverton

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     Es la primera novela de Kate Morton, que se ha hecho famosa porteriormente por “El jardín olvidado”.  Nos presenta a Grace Bradley una anciana de noventa y ocho años que en 1999 es visitada por una directora de cine, que quiere rodar una película sobre La Casa de Riverton  y los acontecimientos que allí sucedieron que culminaron en 1924, durante una fiesta de la alta sociedad, con la muerte de un poeta delante de dos hermanas.

     Grace, a partir de la visita de esta directora de cine, remueve sus antiguos recuerdos y nos va narrando la historia en primera persona como, siendo muy joven, entró de doncella en dicha casa. Primero muy despistada para, con  los años tener una especial relación con una de la hija de las dueñas Emmeline. Por sus páginas pasa un exacto retrato de la nobleza inglesa del primer cuarto de siglo, retratando esas imágenes que nos evocan a muchas películas.  Aparecen esos dos mundos, tan diferentes a pesar de estar tan interrelacionados, la nobleza y la servidumbre. Y vemos como la primera guerra mundial influye en todo aquello.

      Esta novela me ha gustado menos que la de “El jardín olvidado”.  He echado de menos algo más de “acción” y en algunos momentos me ha despertado expectativas de algo interesante que luego va a pasar y que después no me resultó tan interesante.         

“Sus celos me habían impactado. Ella envidiaba mi lugar en esa gran casa. Estaba claro que le había tenido cariño a Penélope, la madre de las chicas, porque ¿qué otra cosa podía explicar su reacción cuando mencioné que el señor Frederick volvería a casarse? Y verme en la posición que ella alguna vez tuvo le recordaba que se había visto obligada a abandonarla. ¿Realmente no había tenido otra alternativa? Hannah había dicho que lady Violet había admitido antes madres con hijos. Por otra parte, si a mi madre le molestaba que yo hubiera ocupado su lugar, ¿por qué había insistido tanto en que ingresara en el servicio de Riverton?”

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V de venganza

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     Un caso más de la detective Kinsey Millhone, que corresponde a la exitosa serie de "El alfabeto del crimen" de la escritora norteamericana Sue Grafton. Es el tomo veintidós y durante toda esta larga singladura, estas narraciones no han perdido la frescura y el interés argumental. Todo lo contrario, el personaje protagonista se ha ido perfilando y los personajes secundarios han ido cobrando una mayor entidad, las historias se entrecruzan y nos hacen evocar situaciones que ya conocíamos. En este libro me ha llamado la atención el diseño como personaje de uno de los "malos", por el que acabamos teniendo hasta simpatía.  Cada libro de Sue Grafton es un acierto y un disfrute tal, que nos hace temer qué ocurrirá con la serie tras la llegada de la Z.

En esta ocasión estando Kinsey en un centro comercial, observa a dos ladronas, una de ellas es detenida  inicia la persecución de la otra, lo que está a punto de costarle la vida. La ladrona detenida sale de la cárcel, pero al día siguiente se suicida, aparentemente, tirándose de un puente. La pareja de la ladrona no acaba de creerse que ella se dedique a robar, aunque reconoce que sabe bien poco de ella, contrata a Kinsey para que investigue. Lo que no sabe Kinsey es que se las tendrá que ver con mafiosos muy peligrosos y policías corruptos. 

"Charlé con William, cumplimenté a la cocinera, saludé brevemente a un par de parroquianosa los que conocía y salí disparada. Para cuando entré en mi estudio ya eran las siete de la tarde.Había conseguido llenar una hora . ¡Pues vaya! Estábamos en abril,. No oscurecería del todo hasta casi las nueve, así que haber dejado algunas luces encendidas en mi estudio era una clara muestra de optimismo: pensé que pordía matar el tiempo durante toda una tarde con un copa de vino y un plato de tocino y chucrut. Afortunadamente, la luz de mi contestador estaba parpadeando, así que le di a la tecla como si me fuera a proporcionar comunicación procedente del espacio exterior."


El manuscrito de nieve

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    Tras aquella primera incursión en la Salamanca de finales del siglo XV con "El manuscrito  de piedra", el profesor Luis García Jambrina nos vuelve a narrar las peripecias de su  peculiar detective: Fernando de Rojas, autor de La Celestina. El bachiller Fernando de Rojas empieza a investigar el asesinato de un estudiante. En estas pesquisas le ayudará el joven Lázaro y un amigo fraile. Tras aquel asesinato empiezan a sucederse otros tantos, en los que todos los cadáveres se caracterizan porque aparecen con algún miembro de su cuerpo cortado. El protagonista se irá sumergiendo en el interior de unas peligrosas luchas de poder y la historia se complicará hasta el  punto de poner en peligro su propia vida. 

      Un interesante argumento que atrapa al lector y lo introducen con maestría en el ambiente salmantino de la época. Novela muy bien documentada en la que el autor nos recrea muchas anécdotas e historias que nos permiten conocer mejor la ciudad. Por sus páginas además aparecen otros personajes, las familias nobles cuyos apellidos e insignias jalonan sus monumentos y participaron en las famosas luchas entre los Bandos. También se habla del arzobispo Alonso de Fonseca, de Fray Juan de Sahagún, futuro patrón de la ciudad, de Lucía de Medrano y Beatriz Galindo, hasta tiene su aparición Isabel la Católica... 

       Una forma de distraerse, saboreando literatura y aprendiendo historia de la que denominó Unamuno, "alto soto de torres":

    "¡Uf! Según parece, los bandos tienen su origen en la distinta procedencia de las familias repobladoras que se asentaron en Salamanca a comienzos del siglo XII. Los motivos de su desavenencia tenían que ver, naturalmente, con la lucha por el poder y la posesión de la tierra. Pero cualquier pretexto era bueno para poner de relieve sus diferencias e iniciar una nueva disputa. Después la guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara propició la aparición de dos bandos enfrentados, dirigidos por los linajes de los Tejeda y los Maldonado, que apoyaban respectivamente a uno y otro. Y, enseguida, esta escisión se fue extendiendo a toda la ciudad; de tal modo que, a finales del siglo pasado, Salamanca ya está dividida en dos grandes parcialidades".

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