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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2012.

Una cita anual

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            Él notó una cierta inquietud al despertar y ese nerviosismo que le provocaba siempre su cita con Ella. Tras un frugal desayuno se dirigió a la casa de Ella. Al llegar a la puerta miró el reloj, las once, había  llegado puntualmente y le dolió que Ella no estuviera allí para comprobarlo. Tras unos minutos Ella apareció, como siempre, a un paso tan rápido que creaba ondas en el aire con la melena negra que caía sobre sus hombros. Ella abrió la puerta y pasaron al interior. El olor que flotaba en el aire le evocó otras citas anteriores.

            Ella le dijo que se quitara la camisa y los pantalones y que se tumbara. Él era  consciente de que Ella no se andaba con preámbulos y en el fondo le gustaba,. Cerró los ojos como si las sensaciones que sabía que iba a vivir le invitaran al relajamiento y se sintió observado por la mirada escrutadora de Ella, que imaginó transitando por sus ocultos rincones. No fue capaz de saber qué tiempo duró eso, perdió la noción del mismo. Despertó de aquella evanescente nube, cuando escuchó la cadenciosa voz de ella diciendo que se quitara los calzoncillos. Siempre, llegado este momento, se sentía azorado por su desnudez, pero sólo fue un instante, se estaba acostumbrando a que aquellos ojos azules de largas pestañas aterrizaran periódicamente sobre su piel.

            Seguía con los ojos cerrados, cuando sintió los dedos hábiles de ella recorriendo su sexo, primero, los entreabrió y observó cómo, ahora, toqueteaban sus testículos y fue cuando le escuchó esas palabras que rompieron el silencio de la habitación:

-Tienes unos testículos estupendos.

            Él no pudo menos de sonreír ante tan taxativa afirmación, no porque lo sintiera como un piropo, sino porque le gustaba el tono que ella empleaba. Ella siguió hurgándolos hasta que pareció despertar de un sueño y en aquella postura de calzoncillos caídos le conminó a que apoyara sus codos y le brindara sus nalgas. Él se sostuvo como pudo, lo que provocó una leve oscilación a su cuerpo, no quería imaginar la visión  escatológica de la que estaría ella disfrutando. Escuchó el rumor del gel, como siempre la delicadeza era una de las características de ella y no tardó mucho en sentir como lo penetraba hasta ese punto que él pensaba intocable. La sensación fue extraña, sorpresiva como otras veces, algo molesta y sobre todo peculiar por sentirla a Ella tan dentro de sí. Ella salió suavemente de aquella angosta cavidad, mientras él notó humedades por distintas partes de su cuerpo. Se secó con un papel que Ella le alargó y procedió a colocarselos, primero los calzoncillos y luego el pantalón, en su sitio.

-Todo estupendo- le dijo ella sonriente, repitiendo aquel vocablo que tanto le gustaba escucharle. Y esbozó aquella sonrisa que, a estas horas, él tanto agradecía tendiéndole una mano cálida para decirle adiós.

   Bajó las escaleras con las piernas algo descompensadas por aquella reciente inoculación de Ella y salió contento a la brisa de la mañana. Ya no tendría que volver a ver a su uróloga hasta el año que viene. ¡Uff!

 


El invierno del mundo

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     Segundo libro escrito por Ken Follet de la trilogía The Century. Sigue en éste la historia iniciada en "La caída de los gigantes".  Y cuando se empieza a leer, enseguida traemos de nuevo a nuestra mente aquella historia leída, hace ahora justamente dos años, de las cinco familias ya conocidas en el anterior libro: alemana, galesa, británica, rusa y norteamericana. Los años del siglo XX han transcurrido desde entonces y serán en ellos protagonistas los hijos de los que entonces conocimos.

Se inicia la historia en Alemania cuando el partido nazi estaba intentando hacerse con el poder y con este punto de partida y de la mano de los miembros de estas familias avanzaremos por la convulsa historia de una parte del siglo XX. Asistiremos a la guerra civil española y a la batalla de Belchite. Veremos la Segunda Guerra mundial, su inicio y su desarrollo a través de los puntos de vista de los distintos países. Presenciaremos derrota de Alemania y su invasión por el ejército soviético. Conoceremos la maduración de los personajes desde jóvenes estudiantes a conseguir importantes cargos políticos. Las distintas ideologías aparecerán y chocarán entre sí. Y participaremos en el desarrollo de la bomba atómica.

Un libro que atrapa desde el principio y que cuesta cada vez que hay que dejar de leerlo. Sus más de ochocientas páginas se hacen cortas y cuando se acaban, uno está deseando que no tarde en salir esa tercera  parte prevista.

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Autoedición

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    Muchos de los que andamos por este mundo de la blogosfera, leyendo blogs, somos aficionados a la escritura. Esa es la razón por la que quería daros a conocer una herramienta gratuita que se ha creado en Bubok, llamada bubokwriter y permite autoeditarse libros en formato epub.

       Ya es cuestión de animarse, ponerse a escribir y autopublicarse.


No me llames

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No me llames Rosa

porque  sufrieras de mis espinas tortura,

llámame así

porque hayas gustado mi hermosura.

 

No me llames Esperanza

porque tengas la de perderme,

llámame así

porque tengas la de tenerme.

 

No me llames Luz

porque estés deslumbrado,

llámame así

porque te sientas iluminado.

 

No me llames Remedios

porque lo nuestro no tenga solución,

llámame así

porque te sirva de consolación.

 

No me llames Camino

porque nuestra vida sea tortuosa,

llámame así

porque vamos por uno de rosas.

 

No me llames Soledad

porque te sientas solo,

llámame así

porque juntos lo tenemos todo.

 

No me llames Mujer

porque quieras sentir distinción,

llámame así

porque sea objeto de tu pasión.

 

No me llames de tantas maneras,

sólo mírame y coge mi mano.

Lo que me importa es que me quieras

y tenerte siempre a mi lado.

O sí tanto en llamarme insistieras

hazlo sólo por mi nombre: Charo.

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L'étranger

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     Primera novela publicada por el escritor francés Albert Camus (1913-1960). En 1957 se le concedió el premio Nobel de Literatura por "el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy". Nacido de una familia de colonos franceses en Argel, donde realizó sus primeros estudios a los que siempre estuvo agradecido. De hecho es conocida la anécdota de dedicar su discurso del premio Nobel a uno de aquellos profesores que tuvo.

      Había escuchado el título de esta novela, pero una reseña que leí el otro día fue la que me animó a leerla en francés. El comienzo del relato, sin duda, llama la atención:

Aujourd’hui, maman es morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J’ai reçu un télégramme de l’asile: "Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués". Cela ne veut rien dire. C’était peut-être hier. (Hoy mamá ha muerto. O quizás ayer, no lo sé. He recibido un telegrama del asilo: "Madre fallecida. Mañana entierro. Sentimientos distinguidos".  Eso no quiere decir nada. Tal vez fue ayer).

    Un estilo de frases cortas, casi de telegrama, escrito en frases cortas y en primera persona por el protagonista, el señor Merseault. Se nos presenta como un hombre apático, carente de emociones, como el dolor ante la muerte de su madre o ante la cercanía de su propia muerte. Se mueve en un mundo, como otra persona más, sin embargo parece que camina en él de puntillas. Incluso al amor o la amistad son cosas a las que no le da importancia. Me ha resultado interesante enfrentarme con este texto de Camus, que se lee bien y hace pensar en el agobio de que debe ser el encontrarse sumido en un absurdo existencial.

       Esta novela fue llevada al cine en 1967 por el director de cine italiano Luchino Visconti.

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