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          Último libro publicado por Ángela Becerra y que como todas sus novelas, que he leído, me ha encantado. En esta ocasión la trama principal se desarrolla en una casa de Sevilla donde tiene lugar el velatorio de Francisco Valiente. Éste es un moderno Casanova, hombre querido y odiado en la ciudad del Guadalquivir e incapaz de dejar a alguien indiferente. El trío que protagoniza aquel velatorio y toda la historia desde que eran adolescentes está formado por el fallecido, su mujer Morgana, personaje que no le va a la zaga en conquistas y maldades, y Alma de la que siempre estuvo perdidamente enamorado. Por conveniencias familiares Alma fue prometida y se casó con Beltrán, hermano de Morgana, un buen hombre que no se entera de nada.  El hecho de no haberse podido casarse con la mujer de la que ha estado siempre perdidamente enamorado, le sirve de excusa a Francisco para convertirse en un verdadero sinvergüenza, a la vez dotado de un gran atractivo personal en todos los sentidos.

         Los personajes van hablando en el velatorio y con ello nos vamos enterando de toda la historia. Incluso el muerto es consciente de lo que está pasando y también interviene en la narración comentando los distintos pormenores. Aquel velatorio, en aquella casa llena de pavos reales, uno por cada una de sus conquista, es un verdadero conjunto de despropósitos. Es una historia coral, divertida y a ratos exagerada en la que destacan las dos mujeres, una viuda alegre que está con un vestido rojo y una cuñada destrozada que le llora como una viuda. A éstas acompañan variopintos personajes, que van llenando aquel escenario, con sus relaciones buenas o malas con el fallecido. En algún momento hay tantos asistentes que hasta la autoridad deberá poner orden en las filas. El relato nos hará viajar por distintos países y recorreremos Sevilla, encontrándonos con muchos de sus rincones y con sus fuerzas vivas.

         El estilo de Angela Becerra, tan mágico y sensual como siempre hace que pasemos un buen rato participando de tan peculiar velatorio. 

“Ahora que estoy delante de él con esta madurez que jamás imaginé que llegaría a tener, con este dolor que casi me impide respirar, me doy cuenta de que de nada sirvieron todos estos años de sacrificios y vacíos. Qué estúpidos llegamos a ser los seres humanos imaginando que llegará el día menos pensado en que un hecho ajeno a nosotros nos conducirá el camino correcto, el que de verdad nos marca el corazón. Qué ingenuidad pensar que otros harán lo que por nosotros no hemos sido capaces de hacer.

         Durante toda mi vida creí que algo inesperado, quizá un golpe de viento despistado, haría que la veleta de mi destino girara y me llevara hasta él, y nunca, nunca hice nada. ¡Cuánta debilidad enmascarada de valentía y sensatez”.