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      Hace unos días tras escuchar una amena charla de novelista Marta Sanz, sobre novela negra, me quedé con ganas de leer algunos de sus libros. Aparte de hacerme con el último que ha publicado, me quise hacer con uno, que me pareció que podría estar bien,"La lección de anatomía".

Tras arduos esfuerzos, intentando localizarlo en papel, opté por la descarga electrónica desde una web de pago. Acababa de terminar uno e intenté empezar a leer éste, pero se me había descargado con una extraña extensión de archivo que no me permitía leerlo. Entré en google y éste me dijo que correspondía a una protección anticopia. Al fin logré abrirlo en el pc, pero no en el lector de libros electrónico. Nueva investigación en google para ver la peculiaridad de mi lector y me dijo que tenía que descargar un programa desde la página web del lector. Toda una tarde intentando la descarga ese programa, pero fuera por lo que fuera, se me cortaba y tras ocho intentos desistí de ello. Al fin conseguí, al día siguiente, ese programa, pero porque me lo enviaron. Tuve, entonces, que registrar el lector de libros y entonces, después de dos días de infructuosos pruebas, como si fuera cosa de magia, aparecieron las letras del libro desplegándose por la pantalla de mi lector electrónico.

Tras tanto esfuerzos, me sumergí en aquellas páginas con más ganas de lo habitual y no me decepcionó su lectura, que la realicé en cinco días. Lo que iba leyendo me invitaba a no dejarlo. No porque fuera siguiendo las pistas que fuera dejando la autora, porque en este caso no se trata de una novela negra sino de una novela autobiográfica. En ella Marta Sanz nos va recreando distintas y aventuras de su vida desde su infancia hasta los cuarenta años, que es cuando decide a escribirlas. Y en ella nos aparecen las mujeres que han compartido e influenciado en esos años: su madre, sus tías, sus maestras, sus amigas,...y con todo un universo de personajes con el que intereccionó de alguna manera en esos años.  Y así la conocemos en sus gustos, sus manías y sus fobias. 

Siempre me han llamado las autobiografías, porque pienso que la existencia de cualquier persona puede ser tan gris o, al contrario, tan apasionante como el que la escribe tenga capacidad de recrearla. Y aquí, sin duda, ha tenido la habilidad de recrearla de una manera tal que la hace muy interesante y digna de leer.