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    Es la primera novela de la ya conocida escritora francesa Anna Gavalda. Se desarrolla prácticamente en un único escenario. Chloé acaba de ser abandonada por su marido Adrien y está desconsolada animada a seguir luchando por tener a sus dos hijas. Su suegro Pierre se lleva  a las tres a su casa de verano. Ella nunca lo ha apreciado mucho, lo considera un viejo cretino, al que siempre ha visto ausente a todo, incluso a su propia familia.  Sin embargo al calor de la chimenea se iniciará un diálogo en el que los dos se irán revelando mutuamente por dentro. Y una vez más descubriremos, como en la vida de todos los seres humanos, que Pierre guarda un secreto y que el amor llega a esponjar los corazones más aparentemente secos.

Casi toda la novela es un diálogo vivo, en el que iremos descubriendo a los personajes y la evolución de la imagen que tiene Chloé respecto a su suegro a medida que va cayendo los prejuicios que siempre le acompañaron respecto a él. Una prosa vibrante que va envolviendo la lectura y en la que avanzamos porque también nosotros queremos saber qué es lo que se esconde en el interior de Pierre. 

"Tendría que recordar las palabras de entonces...Supongo que me decía algo así como: "Soy un modelo para mis hijos. Están empezando sus vidas, pronto estarán entre la espada y la pared, en la edad en que pensarán en comprometerse, que ejemplo más calamitoso para ellos si abandono a su madre ahora..." Tienes que imaginarme gesticulando con vehemencia como un abogado en un tribunal. "¿Cómo podrán hacer frente luego a la vida?¿Y qué desórdenes estoy provocando? ¿Qué irreparable ultraje? No he sido un padre perfecto, ni mucho menos, pero sigo siendo el modelo de referencia más evidente, el más cercano, así que... mmm mmm...tengo que comportarme."".