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    Un relato que toma las formas de un largo cuento. Prudencia Prim responde a un anuncio para hacer de bibliotecaria en una casa, situada en un pueblo imaginario, San Ireneo de Arnois. La población le resulta muy peculiar a la bibliotecaria, buscan el valor de las pequeñas cosas, lo que no tiene nada que ver con el mundo moderno.  Le dan un valor especial al tiempo, por lo que la jornada laboral no supera las seis horas diarias. 

   Distintos personajes conforman este peculiar universo, entre los que destaca el jefe de Prudencia, dueño de la biblioteca y de la casa en que ella se aloja, del que no conoceremos su nombre sino que es citado como "el hombre del sillón". Prudencia se irá acostumbrando a aquel idílico lugar, pero hay algo que no terminará de llenarla. 

   Escrito por la abogada y periodista Natalia Sanmartín, es un libro que ha atraído a un gran público. A mí me ha gustado a trozos. La primera parte me ha gustado más, he disfrutado de la dialéctica en esas conversaciones entre Prudencia y el hombre del sillón, también del peculiar ambiente de ese pueblo. La última parte me ha decepcionado algo más, como si la historia se hubiera desinflado un poco.

"Ha venido usted aquí con el temor de que yo le dijese algo que le asombrase, la turbase o la agitase. ¿Qué clase de cortesía sería la mía si hubiese obrado así la primera vez que viene a verme y sin haberme pedido apenas consejo? No tenga miedo de mí, señorita Prim. Estaré aquí para usted. Estaré aquí esperando a que encuentre lo que busca y a que regrese dispuesta a contármelo."