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         Novela histórica del escritor Jorge Molist (Barcelona, 1951), donde se nos narra la historia de Joan, una historia de lucha con la vida y superación situada a finales del siglo XV. Joan es un niño que vive con sus padres y hermanos en una aldea de pescadores, feliz hasta que un día un grupo de piratas ataca su aldea.  Su padre muere y su madre y hermana son secuestradas para ser vendidas como esclavas.  Él queda allí malviviendo con un hermano hasta que son llevados a Barcelona. Allí el mundo nuevo de la gran ciudad se le abre a sus ojos, será ayudado por los frailes del convento de Santa Anna y entrará a trabajar como si fuera un hijo en casa del librero Corró.  Allí tendrá su primer contacto con el mundo de los libros y empezará desarrollarse la que será su gran vocación: ser librero. A la vez se va haciendo hombre con dos grandes objetivos: crece en  él deseo de venganza por aquellos que arruinaron su vida y de acudir al rescate de su madre y su madre. Los reveses de la vida le complicarán estos objetivos y en algunos momentos le alejarán de ellos, pero Joan es un superviviente y logra eliminar con habilidad los obstáculos que se le interponen. En este camino se dará cuenta que no todo es tan blanco ni negro como suponía y que la venganza no era como imaginaba.

      Una aventura histórica bien documentada en la que aparecen muchos personajes históricos de la época: los reyes Católicos, famosos libreros, almirantes, inquisidores, marinos…que esbozan un universo bien trazado. La lectura se hace ágil y fluye hasta el final empujando las ganas de leer. Y el amor a los libros de su protagonista se contagioa. Me he quedado con ganas de leer la segunda parte de la aventura que se titula “Tiempo de cenizas”.

“-Gracias por el libro. Es el regalo más hermoso que yo pudiera recibir. Lo he leído mil veces, me ha hecho recordar, me ha hecho llorar, me ha dado paz…

 Él se la quedó mirando. Y ella le devolvió la mirada y, levantando su mano derecha lentamente, le acarició la mejilla.

-Es mi amigo, me gusta acariciarlo, acunarlo, me tranquiliza, parece estar vivo.-Los ojos de ella se llenaron de lágrimas-. Y sé que lo hicisteis con vuestras propias manos, que sus letras son vuestras, que sentíais intensamente las palabras al escribirlo y que en él está vuestro amor. Lo noto al tocarlo.”