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    Me gusta verte por la mañana cuando te desperezas hacia ese cielo rasgado por las líneas del amanecer. Tu figura de proporciones ampulosas destaca en medio de las otras. Me detengo delante de ti como si me observaras con tu porte silencioso. A continuación dirijo mi mirada a tus limones de líneas esféricamente hermosas, colgados con movimiento pendular en el aire. El sol brilla con más fuerza y les arranca hermosos y brillantes colores.

    Como si tuvieras alas invisibles me coloco al acogedor cobijo de sus sombras y pienso, cuánto me anima encontrarme contigo, querido limonero, cada día en el jardín, antes de atravesar la puerta de entrada a mi oficina.