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     Es imposible no sentir simpatía por Luis, ese personaje entrañable creado por Joaquín Berges, nacido en Zaragoza en 1965, en esta novela suya. Luis es un ingeniero que ha decidido escribir un diario, con el que pretende narrar y atrapar sobre el papel esas cosas que le ocurren en su vida. Su vida es de todo menos aburrida. Divorciado de Carmen, su primera mujer, a quien sigue deseando en secreto y con la que tiene dos hijos, está casado ahora con Sandra, sensual pero que se pierde en hacerle una vida sana y ecológica en todos los sentidos. Vive con dos hijos, uno común con Sandra y otra que aportó Sandra a su matrimonio. El primero es un niño de cinco años que siempre quiere respuestas y la segunda es un personaje que me ha encantado, una niña de diez años sabia y filósofa.  Su mejor amigo y vecino es Carles un médico soltero y que le hace de paño de lágrimas de su ajetreada vida, que a medida que pasan las páginas se van enredando cada vez más, provocando comocidad y el deseo de seguir leyendo para ver como acaba la cosa. Otro de los personajes es Dumbo, un payaso hábil y cortante a la vez con los niños que vive una doble vida.

La narración se alterna entre un narrador y el monólogo de Luis cuando escribe su diario, que nos permite entrar en la peculiar confusión de su mente. Con estos mimbres y personajes tan bien trazados, a la vez reales y absurdos, es imposible no leer esta narración con una sonrisa continua, a pesar de que en algunos momentos está salpicado de tragedia. Un libro muy agradable de leer y capaz de producir endorfinas. Aconsejable.

"Es difícil permanecer impasible ante un ser humano capaz de follarse a una criatura como Cris, a la que hace apenas unos años yo mismo cambiaba los pañales. Muy difícil.

   Supongo que todo se debe a un prejuicio grabado a fuego en mi primitivo cerebro de padre, como si no quisiera que un material genético desconocido se mezclara con el de mi hija, que es el mío. O quizás no sea más que un problema de celos. No sé. El único remedio que conozco para superar esta dificultad es un ejercicio de razonamiento (nada menos). No hay otra alternativa que me permita aceptar que un semejante del género masculino vaya a tocar, lamer y penetrar el sexo de mi hija. Sólo la razón puede ayudarme a comprender que ese acto no es una violación o un ultraje sino la expresión corporal de un sentimiento, la respuesta a una llamada de la naturaleza y, sobre todo, un camino hacia la satisfacción personal de esa hija que uno desea proteger hasta más allá de lo posible".