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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2013.

Bajo el cielo de Dublín

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    Primer libro que leo de la escritora irlandesa Maeve Binchy, fallecida hace unos meses en julio del 2012 a la edad de 72 años. Una de las escritoras irlandesas más leídas y traducidas. Nacida en Dalkey comenzó trabajando primero como maestra y luego como periodista. La primera de sus dieciséis novelas la publicó en 1982. Una de ellas, Círuclo de amigos, fue llevada al cine. Esta novela es la última que publicó en 2010.

Este libro ha sido para mí una grata sorpresa. La narración es en tercera persona, salpicada de ágiles diálogos, donde no hay un protagonista sino un conjunto de protagonistas, cuyas historias se van trenzando hábilmente a lo largo de las páginas, a medida que nos van atrapando las letras.

Emily, un personaje que gusta a la fuerza, viene de los Estados Unidos a conocer a su familia de origen en Irlanda. Se va a alojar un tiempo en casa de sus tíos y la visita de aquella desconocida influirá de una manera fundamental en aquella familia y en el barrio de Dublín de St. Jarlath´s Crecent que es donde se va a desarrollar la historia. Por otro lado Stella a punto de morir le dice Noel, primo de Emily, que cuide de su hija Frankie, ya que quedó embarazada de él en una antigua noche de juerga. Cuando Frankie nace, Noel inicia una transformación se apunta a alcohólicos anónimos y se pone a estudiar, para tratar de ser un buen padre. Le ayudará Lisa una delineante que se marcha de su casa y está enamorada de un cocinero que no le hace demasiado caso. 

    La recreación de los muchos personajes, realizada con habilidad,  nos anima a proseguir la lectura. Participamos de sus alegrías, de su afán de superación ante las dificultades incluso de sus desgracias, pero que ni siquiera éstas se viven como una tragedia.  Los acontecimientos de desarrollan en Dublín, algunas pinceladas recrean esa ciudad, pero que podría ser cualquiera. Imposible no sentirse animado por ese conjunto coral al que uno le gustaría pertenecer, donde se ayudan, se apoyan y se esfuerzan en conjunto por avanzar cada día. Me he quedado con ganas de leer algún libro más de esta autora.

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Port Mortuary

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      Si hay un personaje de ficción que me sigue seduciendo después de conocerlo durante casi veinte años es la forense Kay Scarpetta. Acabo de leer el libro número 18 de sus aventuras: Port Mortuary. Normalmente cuando han ido publicando estos libros de la escritora Patricia Cornwell, me gustaba sumergirme en su lectura. Aunque, lógicamente, al cabo de tantos años es normal que los libros sean de calidad muy diferente. En este caso, se publicó antes en España el número 19 de la serie “Niebla roja” porque le dieron el V premio internacional de novela negra, pero preferí esperar a que se publicara Port Mortuary para leerlos por orden.

                En este caso la doctora Scarpetta tiene que resolver el caso de un joven que fallece cerca de su casa de Massachussets, aparentemente de una arritmia, pero con modernas técnicas forenses, del instituto de que es directora, descubre que se trata de un asesinato cometido con una peculiar arma.

          Este libro me ha decepcionado y es de los que menos me ha gustado de la serie. Lo he encontrado demasiado envuelto en monólogos. La acción mínima, incluso esos personajes que la acompañan en como Pete Marino y su sobrina Lucy, aquí apenas aparecen. Esa larga espera que he hecho para leerlo no ha sido recompensada. Abrigo más ilusiones en “Niebla roja”, que lo tengo a la espera.

Cito un párrafo en el que Scarpetta se describe en algunos de sus rasgos característicos:

“Decido que mis ojos azules y el pelo rubio corto, la vigorosa forma de mi rostro y figura, no son tan diferentes, son básicamente las mismas, considerando mi edad. Me he conservado bien en todos esos lugares de cemento y acero inoxidable sin ventanas, y buena parte de ello se debe a la genética, a una voluntad heredada de prosperar en una familia tan trágica como una ópera de Verdi. Los Scarpetta son una campechana estirpe del norte italiano, con facciones prominentes, de piel blanca y pelo rubio, con músculos bien definidos y huesos que resisten con tenacidad el tiempo y los abusos de la autoindulgencia que la mayoría de las personas no asociaría conmigo. Pero las pasiones también están ahí, por la comida, la bebida, por todas las cosas deseadas por la carne, no importa lo destructiva que sean. Admiro la belleza y soy una persona sensible, pero también albergo la aberración: puedo ser fría e insensible. Puedo ser inmutable e implacable, y estos comportamientos son aprendidos. Creo que son necesarios. No son naturales en mí, y tampoco en nadie de mi volátil y melodramática familia, y conozco mis orígenes. Del resto no estoy tan segura”

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Tres noches

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        Un interesante ejercicio de metalitura el que nos propone en este libro escrito por el autor norteamericano Austin Wright (1922-2003).  Susan está casada con su segundo marido, un médico llamado Arnold y recibe el ejemplar de una novela que le envía su primer marido Edward de quien no sabe desde hace quince años y de quien siempre pensó que su afición a la escritura no lo llevaría a ningún lado. Arnold se va a un congreso y durante tres noches, aprovechando su soledad, se dedica a sumergirse en las páginas de esa novela.

      Narra la historia de un profesor de matemáticas, Tony Hastings, que va de vacaciones con su mujer y su hija  y se tropieza en la carretera con tres hombres, que secuestran a las dos y que provocarán un cambio radical en la apacible vida del docente. Susan se sorprende por la trama de la novela que va atrapándola poco a poco, nota como la historia de estos personajes le va removiendo los cimientos poco firmes de la vida que sostiene en la actualidad.

            La novela “interna” es de las que atrapa, está teñida de suspense y su prosa avanza de manera firme y sin fisuras y, en determinados momentos, no parece que estemos leyendo una novela dentro de otra novela. El argumento externo, el relato de Susan, bien trabajado al principio promete de tal manera a lo largo de la historia que termina por decepcionar al final. A pesar de ello una novela que vale la pena leer.

“Piensa: si la escritura es la adaptación del pensamiento al lenguaje, todo el mundo escribe. Distingue: las palabras que se dispone a pronunciar son habla, no escritura. Las palabras que no están destinadas a pronunciarse son ensoñación. Si Susan es una escritora, lo es a causa de otras palabras, que no son ni habla ni ensueño: palabras como estas de ahora: su costumbre de generalizar. Su modo de fabricar reglas y leyes y descripciones de las cosas. Lo hace constantemente, envolviendo sus pensamientos en palabras almacenadas para uso ulterior. Hace otra generalización: es guardar palabras para emplearlas después lo que constituye la escritura.”


Hirbert Hiza. Un pueblo árabe

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    Esta vez no descubrí este libro en ninguna librería, ni siquiera en una lista de libros, sino que fue la propia traductora del libro la que me lo recomendó, lo que ya me supuso una garantía. Es una novela escrita por S. Yizhar, seudónimo del escritor israelí Sámej Izhar Smilansky (1916-2006).

      La narración, no muy extensa, nos narra la invasión a finales de los años cuarenta, de un pueblo árabe imaginario Hirbert Hiza, por un destacamento de soldados israelíes. El narrador, que escribe en primera persona, es uno de los soldados que va describiéndonos esa operación, en la que se va invadiendo el pueblo, sin ninguna resistencia por parte de sus pobladores.  A pesar de su experiencia militar ve esto como algo distinto y a medida que va avanzando  la historia se va encontrando más incómodo con lo que van realizando en aquel lugar. La prosa elaborada y sencilla se alterna con diálogos que adornan hábilmente la narración y los sentimientos del autor. El paisaje se erige en uno de los protagonistas, un paisaje que habla a través del ganado, de la vegetación y de la riqueza agrícola. Un lugar en el que estaban asentados desde hacía  años unos pobladores que paradójicamente son enviados al exilio, sin un motivo lógico, por aquellos que precisamente deberían comprenderlos por estar tan acostumbrados al exilio.  No es extraño que su publicación en 1949 despertara un amplio debate en la sociedad israelí.

"Rodeamos el pueblo por el sur y subimos a una coliina, y entonces, de improviso, se nos apareció a la derecha el valle entero con la fuerza primigenia que le confería la luz de ese día invernal, una luz clara, de un turquesa dorado, que lo bañaba como si de una corriente de aire se tratara, como un mar rebosante que exhalara todos los tonos de verde, pardo y amarillo, las manchas del gozo y de la satisfacción, el abigarramiento de los campos labrados perfilados por los senderos trazados por los caminantes, el tapiz de la sabiduría de los campesinos tejido a lo largo de generaciones."

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