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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2013.



Muerte en la Fenice

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      Hace muchos años que conozco de oídas a la escritora norteamericana Donna Leon (nacida en 1942) y a su personaje el comisario Brunetti, pero no ha sido hasta ver algunos capítulos de la serie dedicada al mismo cuando me he decidido a leer sus libros y qué mejor que empezar con el primero de ellos.

       En "Muerte en la Fenice" el famoso director de orquesta Hellmut Wellauer, aparece asesinado en el teatro veneciano de La Fenice, durante una representación de La Traviata, acompañado de ese olor a almendras amargas tan característico del envenenamiento por cianuro potásico. Guido Brunetti, comisario que camina sin armas, por las calles de Venecia, será el encargado del caso. Se pone a investigar a la gente del entorno del músico y tendrá que averiguar con su sagacidad, quien es el asesino en medio de las muchas personas que parecen tener móvil para hacerlo.

Con Brunetti recorreremos las calles de Venecia, entraremos en su intramundo y nos iremos impregnando de sus rincones y costumbres urbanas. Nada que ver con la Venecia turística.  Su jefe es tan inútil como patético. El comisario es un personaje dotado de humanidad. Tiene una esposa Paola, descendiente de la aristocracia veneciana e inteligente, cuyo punto de vista le ayudará en sus investigaciones. También tienen dos hijos adolescentes. 

         Interesante historia encuadrada en la ciudad de los canales y que deja con ganas de volver a  las siguientes situadas en este mismo lugar.


A tu sombra

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    Me gusta verte por la mañana cuando te desperezas hacia ese cielo rasgado por las líneas del amanecer. Tu figura de proporciones ampulosas destaca en medio de las otras. Me detengo delante de ti como si me observaras con tu porte silencioso. A continuación dirijo mi mirada a tus limones de líneas esféricamente hermosas, colgados con movimiento pendular en el aire. El sol brilla con más fuerza y les arranca hermosos y brillantes colores.

    Como si tuvieras alas invisibles me coloco al acogedor cobijo de sus sombras y pienso, cuánto me anima encontrarme contigo, querido limonero, cada día en el jardín, antes de atravesar la puerta de entrada a mi oficina.


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