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      Tras haber leído ya veintidós libros del alfabeto del crimen, desde la A de adulterio a la T de trampa, de Sue Grafton, no es extraño que en cuanto vi que se había publicado este libro estuviera deseando leerlo. Llevo muchos años, más de veinte, siguiendo las aventuras de la peculiar detective Kinsey Milhone y me apetecía seguir leyendo sus nuevas investigaciones.

    Este libro me ha decepcionado un poco. Acostumbrado a una histora bien construida a lo largo de toda la novela, con sus personajes variopintos, en este caso son nueve casos en los que participa Kinsey, pero son historias tan cortas, que la costumbre ha hecho que me sepan a poco. La segunda parte del libro son trece relatos autobiográficos de Sue Grafton. Relatos muy bien escritos, pero que no era lo que yo esperaba al sumergirme en las aventuras de Kinsey, por eso me ha costado terminar el libro.

"Mi padres eran gente perdida, como los refugiados, y no de algún país que yo reconozca; no eran víctimas de las guerras reconocidas de este mundo, sino refugiados en batallas sutiles libradas en algún lugar de su interior, batallas ganadas y perdidas en las que se cruzaban fronteras y se arriaban banderas. Mis padres eran como los desplazados, no de este mundo sino de sus vidas, y en cierto modo se alejaron de sí mismos cuando todas aquellas guerras internas llegaron a su fin".