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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2014.

Canta Irlanda

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   Un libro delicioso de Javier Reverte (Madrid, 1944), en el que este periodista, escritor y viajero nos acerca al conocimiento de la "isla Esmeralda". Un libro que nace en un viaje que realizó el autor por Irlanda en el 2004, pero que no se ha materializado hasta años después. Es imposible al leer estas páginas no dejarse subyugar por el romanticismo de esta isla y compartir con el autor su gusto por la literatura y esas visitas a los típicos pubs, en el que las historias y leyendas engalanadas con música cobran vida ante el lector. Asomarán y conoceremos los grandes escritores irlandeses como James Joyce, Oscar Wilde, Samuel Beckett o William Yeats. Sus revoluciones y luchas, muchas de ellas teñidas de un cierto halo de romanticismo, contra los ingleses. También descubriremos a sus héroes nacionales como Daniel O’Connell, el Libertador, o Charles Stewart Parnell. Esa lucha durante siglos por el autogobierno Irlandés que culminó en 1922. Y aprenderemos retazos de toda su historia desde que la isla aparece en el 120 d.C. en un mapa de Tolomeo, hasta la época reciente, con la todavía no muy lejana violencia en el Ulster y su acuerdo de paz del Viernes Santo en 1998.

    Un relato imprescindible para el que quiera acercarse a este interesante país y ahondar algo más de lo que suelen poner las guías turísticas. Yo lo he leído con el buscador de google al lado y he podido profundizar en mucho de los personajes e historias que narra. Y si se lee en un rato sosegado, prestando una especial atención es posible escuchar a través de sus letras los sones universales de la música celta y las canciones entonadas en los pubs y animadas por el arpa, su instrumento musical nacional, y la cerveza Heineken.

"Y una cosa importante para entender a la Irlanda de ayer y, en buena medida, a la de hoy: a los viejos guerreros gaelicos, conocidos como "fenianos" por pertenecer a la mítica banda la "Fianna" que acaudillaba el legendario Finn McCooll, se les exigía conocer las leyes de la poesía. Así que recitar es más que una afición en la isla; es casi un rito. Recitar y cantar porque muchos grandes poetas irlandeses han escrito letras para canciones. Y uno puede participar del rito en los pubs, cuando suenan las gaitas y las flautas".

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Los cuerpos extraños

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Última novela publicada por el abogado y escritor Lorenzo Silva (Madrid, 1966) y con esa pareja de guardia civiles, el brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, que le ha hecho famoso. 

En este caso es el asesinato de una alcaldesa en un pueblo de la costa levantina, que descubren que tiene una agitada vida sexual y nuestros protagonistas tendrán que dirigirse a Valencia a investigar el asesinato. Un episodio de corrupción, algo a lo que estamos habitualmente muy acostumbrados, aparece en el trasfondo de la historia, que es la octava novela con estos dos intrépidos investigadores.

Historia muy bien escrita, sabía que me acabaría atrapando, porque me he leído las siete anteriores. Me gusta esa narración en primera persona del brigada Bevilacqua, cincuentón, con un cierto tono, a la vez, serio y jocoso, que nos presenta a él y a su compañera, tanto con sus virtudes como con sus defectos o sus pequeñas miserias. También está muy bien tratada esa peculiar tensión afectiva entre ellos, tras compartir trabajo y amistad después de muchos años.

Un libro para pasar un buen rato con su lectura aunque son historias independientes una de otra, yo aconsejo leerlas en orden, porque así aparte del argumento en sí, se disfruta de la evolución de los personajes a través de los años, que se acaban convirtiendo, de alguna manera en "amigos" del lector.


Visita al museo de Hergé

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           Aunque resulte paradójico, mi iniciación a la lectura fue a través de unos dibujos, la de las aventuras de Tintin. Esas Bandes dessinées, como le dicen los belgas a los comics, de línea clara, magistralmente realizadas por Hergé. Mis escasas posibilidades económicas me imponía que sólo me pudiera comprar uno o dos de aquellos libros por año, lo que hacía que lo releyera tantas veces que me llegué a aprender cada viñeta, cada gesto de Tintin y su peculiar elenco de compañeros de peripecias. Con ellos viajé al Tibet, recorrí las selvas del Congo y las ciudades chinas, conocí América y Sildavia e incluso llegué a la Luna antes de que la pisara Amstrong.

Enamorado, desde entonces, de este extraño periodista que nunca escribió ningún artículo, no es raro de que cuando me enteré de que habían abierto el museo de Hergé, cerca de Bruselas, a pesar de que me separan 2173 km, decidiera que algún día tendría que ir a visitarlo. Al fin, este año lo he conseguido y por si alguien le interesa le diré cómo hacerlo tras la exhaustiva preparación que hice por internet.

Hay excursiones organizadas en español, pero si no coincide el día, como me pasó a mí, la forma de ir es en tren. Una vez en Bruselas, salimos temprano hacia la estación Central. No parece una estación de ferrocarril, por lo que no nos dimos cuenta que estábamos hasta que entramos por la puerta. En la estación es complicado encontrar cualquier punto de información. Las taquillas están situadas en la parte de arriba de la escalera. Hay que sacar billete  hacia Louvaine-Laneuve-Université y decir que se quiere de ida y vuelta (aller-retour). El billete tiene un precio de 10,60 euros. Desde Bruselas a esa estación hay trenes continuos cada 45 o 60 minutos, pero hay que tener cuidado que sea un tren directo. Algunos terminan en el pueblo anterior, Ottignies, y hay que trasbordar para una sola parada. El tren que cogí salió de Bruselas a las 9:25. El paisaje feo aparte de que el día estaba lluvioso. Llegamos a la estación de Louvaine-Laneuve-Université, a las 10:20. Muy buena hora porque el museo abría a las 10:30 y está como a 8 minutos de la estación.

Aquella parada de tren corresponde la de la Universidad Católica de Lovaina, alrededor se ven edificios universitarios. El único problema era la lluvia que caía acompañada de mucho viento. Menos mal que había algunos soportales, en los que hay restaurantes, comercios, librerías…y permiten resguardarte de la lluvia. Pero el museo está situado en un sitio desprovisto de soportales y aquellos escasos minutos hicieron que llegáramos chorreando al edificio moderno que alberga el legado de Hergé.

La entrada al museo es de 9,50 euros, incluye audioguía en distintos idiomas, incluido el castellano. Me pareció mágico después de tantos años haber llegado allí. No permiten hacer foto salvo en la galería de comunicación, una pena, porque me hubiera gustado llevarme muchos recuerdos visuales de la visita. El museo tiene unos 3600 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y ocho salas. Allí se puede acercar uno a la figura de Hergé e ir viendo toda su evolución creativa. Descubrir bocetos, viejas ediciones, libros en distintos idiomas y objetos variados relacionados con el mundo de Tintin lo que hace las delicias de los tintinólogos, una especie que se extiende por todo el mundo. Algo negativo hay una habitación llena de libros de Tintin en distintos y extrañísimos idiomas, pero ninguno en castellano... Si queréis podéis entrar en la página web del museo para tener más información.

A la salida pasamos por la tienda. Muchas figuras tras las que se me iban los ojos y algunos recuerdos salieron de allí en mi bolsa. Que por cierto, la chica de allí un tanto desagradable, porque al pedirle otra bolsa de papel que tiene el dibujo de Tintín. Me dijo que no, que sólo una por cliente que si no todos pedirían otra. Insistí y le dije que el anterior a mí se había llevado dos bolsas y con muy mala gana me “soltó” otra bolsa.

Seguía lloviendo a la salida, reposición de fuerzas en un restaurante español que hay allí y con el mismo billete a la estación donde salió un tren a las 13:41 que llegó a Bruselas a las 14:35.

En cuanto a si vale la pena…por un lado sí, pero por otro no. Tal vez con un día soleado lo hubiera visto de otra manera.  Me resultó casi más interesante la visita al Centro Belga de la Bande Dessiné, donde hay una gran variedad de comics ese arte que en Belga ha tenido históricamente tanta importancia. Incluso a objetos y recuerdos de Tintin, se encuentran más que en el museo en Bruselas, en una tienda de Tintin que está junto a la Grande Place o en París en alguna de las tiendas de comic que están en la rue Dante. 


Regreso...

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      El sol intentaba despertar tímidamente cuando llegué a la puerta. El silencio que envolvía todos los alrededores sólo se quebró por el sonido metálico de mi llavero. Después de tanto tiempo tuve que escarbar entre las llaves para encontrar la adecuada y tras un leve click la  puerta se abrió con un cierto esfuerzo. Las escaleras veladas por esa luz tenue se alzaban enhiestas delante de mí. Subí los escalones de dos en dos y aquel entorno que creía casi olvidado, me resultó muy conocido. Abría las puertas a mi paso con cierta pereza hasta llegar a aquel despacho. El resplandor de la luz fluorescente al encenderse alumbró todos sus rincones y la gran mesa con su forma abierta semejaba una gran boca que quisiera devorarme. El reloj estaba parado hacía tres semanas y nadie se había preocupado de cambiar la pila. En el balcón la planta anhidra, pidiendo agua. Papeles amarillos que como fanales de auxilio salpican la mesa, en la que montañas de papeles de distinta altura parecían haber surgido del tablero.

      Me senté en el sillón, rebusqué las contraseñas que tenía ya olvidadas y conseguí entrar en el ordenador. Me remangué unas mangas invisibles y decidí que ya era hora de empezar a trabajar y mentalizarme: ¡habían terminado mis vacaciones! 


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