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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2014.

Faire l'amour

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Esto de tener que comentar un libro en el Círculo de Lectura de francés, me "obliga" a leer con la añadida dificultad de leer en un idioma que no es el habitual. Tiene la ventaja que esta insistencia, hace que con el tiempo la lectura de escritos en lengua francesa me resulte más fluida. 

En este caso se trata de "Faire l’amour", novela escrita por el escritor y cineasta belga de lengua francesa Jean-Philippe Toussaint, nacido en Bruselas en 1957. Nos narra la historia de una pareja que viaja a Tokyo, donde ella va a montar una exposición y él la acompaña. El protagonista nos narra su ruptura amorosa en primera persona, en este viaje enmarcado, en muchos párrafos, con el paisaje nocturno de la capital. Una escritura primorosa y cuidada, que hace que la lectura se haga muy agradable. La historia me ha gustado menos. Hay un frasco de ácido clorhídrico, que protagoniza insistentemente, a modo de peculiar recurso literario muchas de las líneas.

"Le lendemain, je me réveillai dans une maison silencieuse. J´étais couché sur un futon au milieu d’une pièce vide et inconnue aux couleurs naturelles et passées, paille et rix, et je respirais difficilement, mon rhume semblait avoir gagnés le front et s’être propagé au sinus. Il faisait glacial et humide dans la pièce, et je ne me levai pas tout de suite".

(Al día siguiente, me desperté en una casa silenciosa. Me encontraba acostado sobre un futón en medio de una habitación vacía y desconocida con colores naturales y pasados, paja y rix, y respiraba con dificultad, mi resfriado había llegado a la frente y se propagaba hacia la nariz. Hacía frío y humedad en la habitación y no me levanté en seguida).

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La ventana

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No sé desde cuando nos empezamos a saludar, hace ya algunos años, cuando nos cruzábamos al ir a comprar el pan. Su cuerpo menudo, coronado con un cabello blanco, como dicen que es la nieve, que nunca hemos visto por aquí. En su rostro surcado por arrugas y ajado por los años, destacan unos ojos luminosos, que observan con mirada aguda a ambos lados de una nariz ganchuda. Siempre a su lado, su mujer, bajita y oronda, agarrándolo por el brazo, acompañando sus pasos como si de una sombra perenne se tratara y, al cruzarnos, el saludo amigable de buenos días acompañado de una amplia sonrisa.

Un día al verlo tras la ventana de una planta baja, me di cuenta de que vivía muy cerca de donde yo vivo. Cada vez que pasaba por delante de aquella ventana, sentado en la penumbra la habitación, lo veía sentado en un sillón al lado de la ventana, mientras en su figura se reflejaban caprichosamente las imágenes de la televisión encendida. En el sillón de al lado, siempre, su esposa.  Salvo cuando los veía por la calle con aquel paso lento, siempre estaban en aquella sala, en la que se adivinaba esa placidez, sin prisas, que se gana con el transcurrir de los muchos años.

Así pasaron muchos meses, hasta que un día pasé por delante de la ventana y vi aquel sillón vacío, la mujer seguía sentado en el suyo. Me fijé especialmente desde ese día y la ocupación de aquellos sillones permanecía invariable. Días más tardes, me crucé con ella sola más pequeña que nunca, que caminaba muy despacio camino de la panadería y desde entonces ya supe que él nunca más volverá a saludarme por la calle. 

 


El jilguero

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Ésta es la última novela de Donna Tart, una escritora del sur de los Estados Unidos. Una novelista que tarda muchos años en publicar cada novela. El jilguero es su tercera novela en poco más de veinte años y está inspirada en una tabla holandesa del siglo XVII. Una novela muy extensa y que tras su publicación no tardó en conseguir el número uno de los libros más vendidos en el New York Times. Recientemente se le ha concedido a la autora el premio Pulitzer por esta novela.

El protagonista es Theo Decker, un adolescente de trece años que sobrevive a un atentado terrorista en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. En dicho atentado fallece su madre y un anciano que, en sus últimos minutos de vida, anima a Theo a huir con “El jilguero”un cuadro pintado en 1654 por el pintor holandés Carol Fabritius.  El padre del protagonista, que abandonó a su familia, está en paradero desconocido. Asistiremos al crecimiento de Theo que se mueve desarraigado por distintos ambientes, a su acogida por los Barbour, a su reencuentro con su padre, a su amistad con su amigo Boris y  a hacerse un experto en muebles antiguos. Una vida complicada que le conducirá por Nueva York, las Vegas y Amsterdam. A través de todo el relato siempre aparecerá más o menos desdibujado ese jilguero.

Este es uno de los libros en los que discrepo con la valoración tan alta que le ha hecho la crítica. Me parece muy bien escrito y acertado en crear los ambientes en los que se desarrolla la acción, pero la acción me ha resultado lenta y, en ocasiones, me ha resultado pesado y difícil de llegar hasta el final. 


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