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   Una novela, no muy larga, de la escritora inglesa Nell Leyshon, al que le han dado varios premios en distintos países, lo cual no me extraña porque su lectura  es una verdadera delicia.

    La historia es escrita, en primera persona, por Mary una niña de catorce años, con el pelo del color de la leche y una pierna inútil, que acaba de aprender a escribir con la ayuda de una Biblia. Esta niña vive en una granja en la Inglaterra de 1830, con sus padres, sus tres hermanas y su abuelo. A cambio de una cantidad de dinero el padre la cede al vicario, para que trabaje en su casa cuidando a su mujer enferma. Todo esto nos lo irá contando Mary, su forma de narrar es de lo más atractiva: simple, sin doblez ninguna y con un estilo característico de alguien que lleva poco tiempo el lenguaje y éste, por tanto es muy simple. Algo muy original: en el libro no hay una sola mayúscula. Es una historia que con estos pocos mimbres nos retrata un cuadro que se desarrolla en un escenario pequeño, la granja y la casa del vicario, donde las pinceladas que da a los personajes sugieren más que definen, pero no hace falta más. Una historia que narra un episodio, que como tantos otros, del ambiente rural profundo hubiera quedado silenciado si Mary no hubiera descubierto el milagro de las letras.

"¿alguna vez te pones triste?, le pregunté.

no me dura mucho tiempo.

a mí tampoco, le dije, a veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo. si no me pongo contenta otra vez.

nos quedamos ahí sentados en silencio un rato y entonces abuelo me preguntó si sabía qué día era al día siguiente.

yo nunca sé qué dia es, dije yo.

domingo de pascua, dijo él.

entonces hay que ir a la iglesia."

      Aconsejo vivamente este libro. Su lectura es toda una grata experiencia.