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   Una deliciosa novela de misterio protagonizada por el comisario Georges Dupin, un comisario parisino que desde hace poco más de dos años y medio ha sido trasladado a la Bretaña francesa. Un lugar muy diferente a la capital en todos los sentidos, pero que en general hace que se sienta a gusto. Comienza el relato un siete de julio, pero la placidez veraniega del protagonista es interrumpida por un asesinato en un pueblo cercano Pont-Haven, donde para colmo su comisario está de vacaciones y él se verá obligado a sustituirlo. La víctima es Pierre-Luis Pennec, propietario del famoso hotel Central, en el que a finales del siglo XIX se alojó el pintor Gauguin y otros pintores pertenecientes a la llamada "Escuela de Pont-Aven" (Ojo a ese cuadro que aparece en el enlace, será fundamental en la historia). El comisario con una agudeza que no decae y la ayuda inestimable de sus dos inspectores y su secretaria, tendrá que unir las piezas para resolver este rompecabezas que amenaza con enturbiar la tranquilidad veraniega de este bonito paraje.

     La trama no decae en ningún momento, pero además de esto me han gustado las referencias que reparte el autor entre sus líneas, por un lado a la faceta artística de estos pintores y por otro a la cualidades geográfico-turísticas  y gastronómicas de la zona y las peculiaridades del carácter bretón. Estas referencias, alimentan, sin duda, el deseo de saber más y a informarse y conocer con más profundidad aquella interesante región de la Bretaña. A situarse a lo largo de los distintos lugares geógraficos por los que discurre la historia ayuda este mapa, tran atractivamente diseñado por Renata Ortega. Un libro para disfrutarlo.

   Del autor no conocemos su nombre sino el seudónimo que utiliza, Jean-Luc Bannalec. Recientemente ha sido publicada en Alemania la segunda parte de las aventuras del comisario Dupin, que ya espero con muchas ganas de leerla.

"Como todos los años, el aire traía consigo un aroma increíble. Pescado fresco asado en grandes parrillas sobre ascuas de leña. Dupin casi se desmayaba de hambre. Pensó en ir a probar uno de esos deliciosos filetes de atún: casi crudos, asados solo vuelta y vuelta al vivo calor de las brasas. Se le hacía la boca agua solo con pensarlo, pero decidió que no. Lo que más necesitaba era estar solo un rato. A lo mejor más tarde se pasaba un momento por el festival. Nolwenn estaría allí, seguro, y también algunos otros conocidos".