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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2016.

Perdida

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    Novela escrita por la periodista y escritora norteamericana Gillian Flynn (Kansas, 1971). Nos narra la historia de una pareja Amy y Nick, que aparentemente tienen todo, pero por problemas laborales y familiares deben trasladar su domicilio de Nueva York a un pequeño pueblo de Misouri. El día en que van a celebrar el quinto aniversario de su matrimonio, Amy desaparece. Poco a poco todas las pistas van convergiendo en Nick, que se ve envuelto en una tela de araña de la que no sabe como despegarse. 

    Se mezcla narración en primera persona con diarios íntimos, dando continuamente giros a la historia. En 2014 se llevó esta historia al cine protagonizada por Ben Afflec.

     Una historia distraída, que he leído hasta el final, pero que no me ha gustado lo suficiente como para engancharme y leerla rápida.

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Dibujando del natural

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          Se sentía un poco nerviosa, era la primera vez que dibujaba un cuerpo desnudo del natural. Estaba en el dormitorio que compartían. La luz de amanecida atravesaba los visillos y se desparramaba sobre aquel cuerpo desnudo, que tan bien conocía, y que le serviría de modelo.

         Retiró su ropa interior del sillón para sentarse con su cuaderno abierto sobre sus muslos, también desnuda, para solidarizarse en sensaciones. De su cartuchera sacó un lápiz HB. Éste le vendría bien para hacer ese dibujo, que iba a resultar inolvidable. Aspiró el olor a madera del lápiz y no pudo dejar de evocar sus años escolares.  Le gustó el ruido que provocaban sus dedos en la cartuchera, le recordaba al ritmo de la bachata: uno, dos, tres, cuatro…, buscando el sacapuntas. Lo encontró en el fondo y sacó punta al lápiz hasta conseguir que no tuviera más grosor que un pelo, como le decía, machaconamente, su profesor de dibujo.

         Posó su mirada sobre el cuerpo desnudo que se le mostraba desde el colchón, se regodeó en aquellas formas masculinas por la que sus dedos, como si fuera un camino de peregrinación, habían recorrido kilómetros. Tengo que mirarlo con ojos de artistas, pensó. Y calculó la manera más adecuada de encuadrar aquel cuerpo dentro del papel, todavía en blanco.

         Las primeras líneas de grafito  abocetaron sutilmente la figura sobre el papel. Tras engarzar las líneas principales de la figura, empezó a esbozar, someramente, las distintas partes de su anatomía. Le gustaba el orden y empezó por dibujar la mata de pelo ondulado que descansaba sobre la almohada. Parecen olas espumosas, pensó al dibujar las primeras líneas, pero dejaron de parecer espumas en cuanto las fue oscureciendo. Diseñó las cejas y delineó sus párpados cerrados a través de los que asomaban unas largas pestañas negras, que desde que lo conoció, siempre la habían seducido. La nariz firme y un tanto aguileña brotó en el papel. Los labios entreabiertos dejaban adivinar sus dientes. Intentó darles esa carnosidad que ella, muchas veces, había degustado con fruición, pero no terminaba de lograrlo. Tuvo que sacar la goma blanca y borrar hasta tres veces, insistió y al fin sonrió con casi el mismo tipo de postura de aquellos labios, si es que se podía decir que estuvieran bosquejando una sonrisa…

         El cuello ligeramente inclinado hacia un lado.. Empezó con el hombro izquierdo, eran brazos poco musculosos pero bien torneados. Delineó con delicadeza el escorzo que provocaba el brazo doblado acabado en la mano, que bajo su sombra ocultaba la redondez de su ombligo. Dibujó muy lentamente la mano, las falanges de aquellos dedos largos que tanto le habían provocado. Perfiló las uñas y procuró insuflarle vida a aquella mano a través de sus pliegues. Se felicitó por el resultado y se fue  al otro hombro. A través del la parte superior del brazo asomaba el vello negro de su axila, que ella oscureció con su grafito. Éste brazo caía a lo largo del colchón hacia fuera y la mano, con los dedos juntos y curvados hacia arriba, le semejó la forma de la mano que ella ponía, en aquellos días de calor sofocante veraniego, para beber agua de la fuente de la plaza del pueblo. Una simple sombra bajo la mano le sirvió para indicar que descansaba sobre el suelo.

         Dio forma a su pecho y a su barriga, se detuvo en ella, decididamente tomaba mucha cerveza. Ni siquiera la postura horizontal le hacía disimular aquellas bruscas ondulaciones que le provocaba la grasa allí acumulada. Detuvo su mirada en su pene que se curvaba semi oculto por el matojo negro del pubis. ¡Qué diferente ahora de cuando estaba el plena euforia! Mejor no pensar en ello. Terminó de ennegrecer el vello y pasó a la pierna izquierda. Le costó trabajo y varios borrados de goma el lograr la adecuada perspectiva de la pierna, era complicado porque tenía que destacar el pie y la pierna prácticamente no se veía. La pierna derecha fue algo más sencilla de dibujar, gracias a la leve inclinación que tenía, lo que originaba que la postura fuera menos compleja. Le costó especialmente la articulación de los dedos de los pies, pero una vez terminado acabó satisfecha del resultado.

         Ya dibujada la figura, se dispuso a dar las sombras correspondientes,  como si jugara con las luces que iluminaban el cuerpo desnudo de su modelo. Con la creciente habilidad que le habían dado muchos años de práctica, las sombras con mayor o menor energía elaboraron tan artísticamente aquella figura que parecía surgir de la hoja en blanco. Parecía como si de un  momento a otro fuera a levantarse… Una nube negra pareció surcar su pensamiento y sus cejas se fruncieron.

-¿Levantarse?-pronunció esta palabra en voz alta.

-¡No!- gritó-no se volverá a levantar.

         Atropelladamente se dirigió hacia la cartuchera. Me falta colorear, pensó. Comenzó a sudar. Notó sus axilas muy húmedas. De nuevo, le resonó el ritmo de la bachata: uno, dos, tres, cuatro…hasta que apareció el rotulador que buscaba. Una mancha roja cubrió el pecho de aquel dibujo y unas líneas que brotaban de una raja, exactamente igual a la que tenía el modelo.

        Lo que no dibujó fue el cuchillo que estaba en el suelo, manchado de sangre y fuera del encuadre. Instantes antes, en cuanto se durmió, se lo había clavado en el pecho. Ya no volvería a violarla más, como lo hizo tantas veces en los últimos años. Aquel día del caluroso verano, decidió redimirse del sufrimiento oculto de tantos años, sin pensar que las clases de dibujo iban a ser el medio para ello.

Dejó su obra, ya terminada, sobre la mesa de noche y, a través del móvil, llamó a la policía. Cuando llegaron, tras examinar el lugar, le pusieron las esposas. Antes de salir por la puerta echó una última mirada al dibujo que, tan fielmente, retrataba la escena de aquel crimen. Entonces, se dio cuenta de un terrible olvido: ¡no había firmado el dibujo!




El misterio de Pont-Aven

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   Una deliciosa novela de misterio protagonizada por el comisario Georges Dupin, un comisario parisino que desde hace poco más de dos años y medio ha sido trasladado a la Bretaña francesa. Un lugar muy diferente a la capital en todos los sentidos, pero que en general hace que se sienta a gusto. Comienza el relato un siete de julio, pero la placidez veraniega del protagonista es interrumpida por un asesinato en un pueblo cercano Pont-Haven, donde para colmo su comisario está de vacaciones y él se verá obligado a sustituirlo. La víctima es Pierre-Luis Pennec, propietario del famoso hotel Central, en el que a finales del siglo XIX se alojó el pintor Gauguin y otros pintores pertenecientes a la llamada "Escuela de Pont-Aven" (Ojo a ese cuadro que aparece en el enlace, será fundamental en la historia). El comisario con una agudeza que no decae y la ayuda inestimable de sus dos inspectores y su secretaria, tendrá que unir las piezas para resolver este rompecabezas que amenaza con enturbiar la tranquilidad veraniega de este bonito paraje.

     La trama no decae en ningún momento, pero además de esto me han gustado las referencias que reparte el autor entre sus líneas, por un lado a la faceta artística de estos pintores y por otro a la cualidades geográfico-turísticas  y gastronómicas de la zona y las peculiaridades del carácter bretón. Estas referencias, alimentan, sin duda, el deseo de saber más y a informarse y conocer con más profundidad aquella interesante región de la Bretaña. A situarse a lo largo de los distintos lugares geógraficos por los que discurre la historia ayuda este mapa, tran atractivamente diseñado por Renata Ortega. Un libro para disfrutarlo.

   Del autor no conocemos su nombre sino el seudónimo que utiliza, Jean-Luc Bannalec. Recientemente ha sido publicada en Alemania la segunda parte de las aventuras del comisario Dupin, que ya espero con muchas ganas de leerla.

"Como todos los años, el aire traía consigo un aroma increíble. Pescado fresco asado en grandes parrillas sobre ascuas de leña. Dupin casi se desmayaba de hambre. Pensó en ir a probar uno de esos deliciosos filetes de atún: casi crudos, asados solo vuelta y vuelta al vivo calor de las brasas. Se le hacía la boca agua solo con pensarlo, pero decidió que no. Lo que más necesitaba era estar solo un rato. A lo mejor más tarde se pasaba un momento por el festival. Nolwenn estaría allí, seguro, y también algunos otros conocidos".

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Un crimen bretón

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        Tercera aventura del intrépido comisario parisino Georges Dupin, personaje salido de la imaginación del escritor Jean-Luc Bannalec, seudónimo de Jörg Bong, autor alemán de origen bretón, nacido en 1966. Los dos primeros libros fueron “Misterio en Pont-Aven” y “Muerte en las islas”.

            En esta novela este comisario parisino, que lleva ya cinco años intentando acostumbrarse a las peculiaridades de la Bretaña, acudirá a la zona de Guérande, Gwenn Rann que en bretón significa el “país blanco”,  por su paisaje lleno de salinas. A una de estas salinas acudirá Dupin, siguiendo una pista y lo que se trataba de una simple visita, acabará a tiros y produciéndose más de un asesinato. Al no tener jurisdicción en la zona tendrá que trabajar con la comisaria de la región y ello originará algún que otro choque con su peculiar individualismo en sus investigaciones.

            Debo decir que si los dos primeros libros me gustaron, éste tercero me ha encantado. El estilo de Bannalec es muy atractivo de leer, no sólo por la intriga policíaca, sino también por las descripciones tan pormenorizadas del paisaje que, por un lado, permite visualizarlo de manera atractiva y, por otro lado, lo hace tan atractivo que invita a conocerlo más.  Yo los leo con el google al lado, descubriendo imágenes y historia de las ciudades y paisajes que cita. En esta ocasión, además, habla de las salinas y de todo el proceso de extracción de la sal que resulta muy interesante.  Aparte del personaje del protagonista, perfectamente caracterizado, concienzudo y reflexivo, siempre acompañado de su libreta de notas y de su viejo móvil, hay otros personajes, como los dos inspectores y su secretaria, que se van haciendo habituales. Se han rodado también algunas películas para televisión. Concretamente el viernes pasado emitieron una por televisión.

            No me extraña que, gracias a estos libros, haya crecido el número de turistas en la Bretaña e, incluso, se han organizado rutas turísticas que siguen las aventuras de Dupin. Yo, por mi parte, estoy deseando empezar ya la cuarta novela, ya que estas lecturas me hacen pasar un rato agradable.


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