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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2016.

La legión perdida

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   No me resulta desconocido Santiago Posteguillo, este escritor valenciano nacido en 1967 y que se ha hecho un merecido hueco en la literatura por sus novelas situadas en el mundo romano. Ya me había leído su trilogía sobre Escipión y hace tiempo que leí las dos primeras de Trajano, por lo que al salir el desenlace de la historia de este emperador me apeteció mucho el leerla y desde luego no me ha decepcionado.

   La legión perdida perdida se refiere a los miles de soldados romanos de Craso que fueron hecho prisioneros tras su derrota con los partos. Ciento cincuenta años después Trajano quiere expandir el imperio romano hacia tierra de los partos. Los legionarios, a pesar de su confianza en su emperador que no ha perdido ninguna batalla, no pueden dejar de tener en mente a la legión perdida. En sus páginas aparecerán cuatro grandes civilizaciones: romanos, partos, la India y China; de las que acabaremos conociendo bastantes.

     Son algo más de mil páginas, pero la habilidad del autor para enlazar los hechos reales y perfectamente documentados con situaciones y personajes novelados, convierten esta historia en algo apasionante y cuya lectura fluye entre los dedos. Hay distintas subhistorias que se cruzan con habilidad hasta llegar a un final perfectamente armónico. Y el lector no puede dejar de  sentirse atraído por los personajes. Me han gustado las seis novelas que he leído de Santiago Posteguillo, pero ésta para mí es, sin duda, la mejor.

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W de whisky

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    Cuando un personaje de novela se hace habitual es casi como tener un amigo invisible. Eso es lo que sucede con Kinsey Millhoine, la intrépida investigadora privada creada por la escritora norteamericana Sue Grafton.  Esta historia forma parte de la serie “alfabeto del crimen” donde cada historia empieza por una letra sucesiva. En esta caso va ya por la número veintitrés, que comienza con la W y en la que sigue sin decaer el pulso narrativa que esta escritora imprime a todas sus novelas.

     Kinsey, es una detective del pueblo de Santa Teresa que desarrolla su actividad en los años ochenta. Es una investigadora que en algunas ocasiones nos recuerda a los detectives  clásicos del genéro, pero que, a la vez, manifiesta unas características muy peculiares.  Avanza paso a paso en la resolución de los casos, es inteligente y respetuosa de la ley, y va poco a poco entrecruzando indicios y atando cabos, como en este caso, hasta relacionar dos muertes ocurridas casi al mismo tiempo y que, aparentemente, nada tienen que ver.

    Nuestra heroína es acompañada de una serie de personajes que completan el elenco del ambiente que la rodea.  Así aparece, como en otras ocasiones, su casero y su octogenaria familia o asoman brevemente algunos de los hombres con los que tuvo una relación amorosa, aspecto en el que ella no es demasiado afortunada.

     Esta historia es una buena ocasión para seguir  disfrutando de esa escritura, que no decepciona, de Sue Grafton o una buena ocasión, si no se conoce, para entrar en sus letras y animarse,  posteriormente, a seguir leyendo ese “alfabeto” tan peculiar.

 


Polvo

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         Nueva entrega de la forense Kay Scarpetta, la protagonista preferida de las novelas de la escritora norteamericana Patricia Conrwell (Florida, 1956). “ Lo que sí es Scarpetta es una compañía estupenda en mi tarea de escritora y no me imagino dejar de escribir sobre ella" dice la autora en una entrevista. Es la creadora de “trhiller” forense, antes de que se conocieran las andanzas del CSI. En este caso es el nº 21 de la serie de Scarpetta, ella vuelve a casa tras trabajar en la escena de unos peores asesinatos en masa. Es llamada por el agente Pete Marino para comunicarle el descubrimiento del cadáver de una mujer asesinada. Se pondrá a trabajar en la resolución de este crimen, contando con los personajes que habitualmente la acompañan: el ya nombrado Marino, su marido Benton y su sobrina Lucy, en algunos momentos intentando superar las dificultades que les impone el propio FBI.

         Me he leído  todas las novelas de la serie y debo decir que, a pesar de que Scarpetta durante mucho tiempo llegó a ser mi personaje preferido de ficción, este libro me ha decepcionado y no me ha atrapado como lo hicieron otros libros de la serie. Me ha dado la sensación de una escena demasiado estática y falta de agilidad. Espero que en sucesivas entregas me cambie esta sensación que me ha producido esta historia.

 

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El corazón del árbol solitario

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      Este libro está planteado como muchas historias de amor. Amor a una tierra, Camboya, y a los más necesitados. Nos relata la historia de Enrique Figaredo, Kike, pero además en ella aparece acompañado en su camino de muchas otras personas con nombre propio. La historia está escrita por José María Rodríguez Olaizola, jesuita, sociólogo y escritor que ha compartido un tiempo con Kike en aquellas lejanas tierras.

     Kike nació en Gijón en 1959. Siente la llamada a la vida jesuita y tras sus primeros años de formación se marcha, en primer lugar a los campos de refugiado de Tailandia y luego a Camboya. En este país donde, durante muchos años, ha desarrollado una inmensa labor, siendo nombrado obispo. Ha sido el artífice de que en un  país en el que hay miles de mutilados como consecuencia de las minas, estos puedan tener una vida diferente gracias a sus sillas de ruedas. Hoy Kike es conocido en todo el mundo como “el obispo de la silla de ruedas”.

       A través de sus páginas descubriremos el camino seguido por él. Un camino no siempre fácil, pero sí ilusionante. Su lectura hace pensar y no deja pasivo, si estamos abiertos nos contagiará de sus sueños y el entusiasmo de su experiencia.

    “El reto, enorme, que tenemos es ir mucho más allá. No ser tan solo gente que se conmueve ante una historia que nos lleva casi hasta las lágrimas, porque conjuga al tiempo dolor e infancia, pero que luego olvidamos. La sensibilidad y la capacidad de conmovernos ante el dolor de los más pequeños, de los niños, es algo necesario, pero no es suficiente. Si nuestra mirada se queda tan solo ahí, en el corazón encogido y el lamento por lo que no debería ocurrir, no basta. Necesitamos que estas historias echen raíz en nuestra entraña, para generar respuestas. E incluso esto es insuficiente, si solo nos ponemos en marcha ante las cosas de niños.

Necesitamos romper la burbuja de lo emotivo y lo infantil para vibrar –y responder- ante todo sufrimiento injusto, ante toda tragedia ajena, ante todo grito de auxilio. He ahí el camino de la compasión verdadera.”

 

 

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