20061102195316-despacho.jpg

      Suelo tener buena memoria para las fechas y  he recordado que, tal día como hoy, llevo en mi puesto de trabajo once años. En la Administración llevo unos cuantos años más, pero tras pasar por otras dos ciudades y tres puestos diferentes he recalado donde ahora trabajo. Me siento muy bien donde estoy y con un gremio que, si bien eran totalmente desconocido para mí, hoy conozco bien y me siento muy a gusto trabajando con ellos.

       Sé que donde trabajo es una oficina atípica. Sólo somos tres y además el colectivo no es muy grande, ello me permite un conocimiento, una familiaridad y, en ocasiones, una amistad que potencia y estimula el trabajo. No sólo me conozco a los que suelen venir, sino que no es extraño que conozca a sus familiares y allegados. Así, respetando escrupulosamente el procedimiento administrativo, normalmente es sencillo de simplificar porque en vez de tener que mandar un escrito para que en diez días nos traiga la documentación que falta, una simple llamada telefónica al interesado o a alguno de sus familiares hace que pocas horas después tenga a mano ese documento.  No siempre, durante estos once años, mi trabajo ha sido un camino de rosas, pero casi más problemas he tenido por los de dentro de la oficina, alguno de carácter irascible y que estuvo a punto de pegarse con uno de los clientes, que por los de fuera. Y en ocasiones, ha sido bastante duro pues ha habido épocas en que todo el edificio era el único trabajador lo que suponía, algunas mañanas en total soledad.

         En fin, que ahora no me quejo y procuraré todavía seguir unos años en él. Intentando aconsejar al que se me acerca a cualquier gestión administrativa, teniendo en cuenta que estoy ahí para ayudar y, sobre todo, para traducir a los sufridos administrados ese lenguaje tan complejo y barroco de la burocracia administrativa.