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         Aprovechando estos días de ocio he hecho una visita a Medina Sidonia. Situada en el centro de la provincia de Cádiz en la denominada Ruta del Toro, su privilegiado enclave, se puede subir hasta las ruinas del castillo a 300 metros de altitud, permite divisar una gran riqueza paisajística donde el verde de la campiña se mezcla con un azul del mar que parece haberse pintado allí de una manera imposible.

         Es una ciudad impregnada de historia. La colonia romana de Asido Caesarina se ubicó sobre un asentamiento fenicio. Con el nombre visigodo de Medina destacó como cabecera de la provincia. Fue conquistada en el 712 por los musulmanes y reconquistada en 1264 por Alfonso X el Sabio pasando a formar frontera con el reino nazarí de Granada. Todas estas culturas han dejado vestigios monumentales que salpican un entramado urbano cuidado y caracterizado por casas bajas y blancas típicas la arquitectura de la zona.

          Mal lugar esta ciudad para los que deciden hacer dieta, destacan sus suculentos guisos y, sobre todo, una repostería cuya fama atraviesa fronteras y que es uno de sus mayores atractivos turísticos. Una interesante iniciativa del Ayuntamiento ha sido del 1 al 10 de diciembre organizar la 2ª jornadas de puertas abiertas. Distintos monumentos abiertos y señalados donde se ocupaban de dar planos e información al visitante, exposiciones, mercadillos,...etc, que hacían sumamente agradable el paseo a los que habíamos sustituido los centros comerciales por el callejeo de dicha población. Dignos de ver los patios incluidos en la visita (ver foto), de casas particulares. Patios cuidados, andaluces, donde los geranios pugnan al subir los escalones y que los vecinos enseñan con mimo y orgullo. Siempre se aprende algo nuevo cuando se alimenta al espíritu con saber, visión y aromas...¡cómo olía la pastelería!

           Sin embargo, no a todo el mundo le gusta aprovechar estas ventajas. Una pareja entraba en una hermosa iglesia mudéjar cargada con bolsas de compra. Se le acerca el que informa sobre el monumento para darle un folleto artístico, la mujer lo rechaza diciéndole:

-¡No gracias! Sólo hemos venido al pueblo a comprar manteca y al ver la puerta abierta nos hemos asomado por simple curiosidad.