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            Una vez más la incisiva viñeta de mi paisano MEL me sirve de cabecera a este post, pues me he visto reflejado en esa actitud, entre sorpresiva y escéptica del naúfrago.

            Miro a mi alrededor y, en muchas ocasiones, me siento así aislado en medio de la sociedad, la soledad, inmensa y a ésta todo lo que se le ocurre, porque son las fechas típicas para ello, el suministrarme una caja de cartón con adornos navideños.

            Necesitamos una sociedad más solidaria, capaz de preocuparse por el más próximo y no bolas de navidad. En los trabajos, menos explotación, más compañerismo y camaradería y no guirnaldas en las ventanas. En las familias, un ambiente sano, un verdadero interés y apoyo por los demás, superando envidias y tendiendo puentes en esos muchos abismos que crea el dinero. En todos, ese cuidado por el detalle que intenta destacar aquello que agrada a los demás: unas palabras, una sonrisa, un simple sms,...y no el lanzarnos desaforadamente a la calle a la compra compulsiva de unos regalos, en la mayoría inútiles, que sucumbirán aburridos en un rincón.

              Pero para todo esto no es necesario que sea navidad, tenemos mucho tiempo para desarrollarlo, concretamente trescientos sesenta y cinco días cada año. Por eso, por mí, se pueden quedar con esas bolas y guirnaldas; o mejor, las lanzaré al mar. Las guirnaldas irán a ponerle ese tono de color que necesita la oscuridad abisal y en cuanto a las bolas se irán dispersando sobre las olas hasta que se conviertan en juego de sirenas. Creo que quedaré con la caja de cartón que, desde su aparente inutilidad, la considero más necesaria que todo su contenido.