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Cogí papel y una pluma

y me dispuse sereno

a escribir una misiva

en que plasmar mis deseos.

 

Me vienen muchas cosas

pero todo es etéreo.

Tiro el papel a la basura,

y cuelgo mi mente a un sueño.

 

No quiero algo material,

regalos más duraderos:

Un corazón que en mí piense

y me regale unos versos.

 

Una  gran caja invisible

atestada con mil besos

con un lazo de arco iris

que los convierta en eternos.

 

Muchos y grandes abrazos

que, atraídos por el viento,

lleguen corriendo hacia mí

envolviéndome el cuerpo.

                       

Unas jugosas caricias

que surgiendo de unos dedos

se resbalen por mi piel,

haciéndome un hombre nuevo.

 

Que se entierren los adioses

y florezca este reencuentro

con ojos iluminados

y corazones abiertos.

 

Que vayamos los dos juntos

y caminemos parejos,

enterrando soledades

muy adentro, bajo el suelo.

 

Manen lágrimas alegres

salpicándose el albero,

broten alfombras de flores

coloreando el yermo.

 

Quiero, pues, cosas perpetuas

que permanezcan  bien dentro,

y aunque pasen muchos años

se adhieran a mi recuerdo.