20070411153723-pareja2.jpg

         Todos los días antes de salir a la calle, a esas horas en que el amanecer se despereza, miro a través de la ventana para captar los síntomas de esta esquizofrenia meteorológica que llevamos padeciendo durante las últimas semanas. Hoy no ha sido necesaria esa mirada al cielo, pues antes de abrir la ventana el gorjeo alegre de los pájaros me avisó de que hoy sería un día plenamente primaveral.            

          No me es fácil, en general, recordar donde me hallaba, en tal día, muchos años antes, pero hoy sí hay un acontecimiento que me hace recordar que hace exactamente veinticinco años me encontraba, a varios cientos de kilómetros de aquí, en la boda de una amiga. Era la primera boda de alguien de mi generación a la que asistía y por eso de ser la primera la miraba como más expectante y admirativo, después acudí a todas las demás, salvo las de los más recalcitrantes que se empeñaron en continuar como “singles”.            

          La noticia, en estos tiempos que corren, es que tras pasar todo este tiempo, hoy veinticinco años después, la ilusión entre ellos sigue viva. Han transcurrido por medio, muchos veranos, otoños e incluso, sin duda, jornadas de muy duro invierno, pero lo importante es que aún sigue habiendo días que cómo el que hoy pregonan los pájaros que, para ellos, continúan siendo de primavera.