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       Si hace unos días me quedé atrapado por la prosa de Milena Agus, en cuanto he tenido una oportunidad he leido este libro para reiterarme en sus letras.

       De nuevo la autora nos traslada a su tierra, Cerdeña, donde vive y escribe. La protagonista "Madame" tiene un terreno a orillas del mar que se resiste a vender a los especuladores, con lo que crea el enfado de las familias vecinas que ven en ello un a dificultad para que ellos puedan hacer negocio. Es una mujer original, desenfadada, solitaria, pero rodeada de amantes y en búsqueda de un amor que continuamente le da de lado.

       Lo que más me ha gustado es el tono de la narración, escrita por la una vecina adolescente de la protagonista. Sin duda, eso supone una dificultad a la hora de escribir, ya que la narración debe hacerse con las palabras de la adolescente. Dificultad bastante bien salvada y que hace agradable y cercana la narración. El título del libro se repite varias veces, incluso en los títulos de varios de sus capítulos y hace referencia a la desaparición, un día, del padre de la adolescente y que, desde entonces, tanto echa de menos, pero un día se le apareció:

        "Noté un soplido, como si alguien jugara a echarme viento. No lo veía, pero ésa era una broma típica de mi padre. El viento agitó las sábanas, las levantó hasta el techo y se formaron dos alas grandes, una con la sábana bajera, otra con la encimera, y se distinguían porque la encimera tiene pasamanería y la otra no. Me quedé únicamente con las mantas y mi padre no paraba de soplar, el muy juguetón, y en vez de morirme de miedo, me divertí como loca. Entonces comprendí que mi padre había muerto y no volvía a casa porque no podía, no porque no quisiera.  Esta idea la tuve desde siempre, desde el día en que se fue, que mi padre no es de esos que abandona así a los suyos. Sobre todo a mí, la primogénita, su preferida. Y lo cierto es que volvió, a su manera, volvió a mi lado".