Hoy me han dado un escrito en el que me reconocen el sexto trienio. Dieciocho trabajando en la misma empresa en trabajos muy diferentes, haciendo unas funciones que nunca imaginé que iba a desarrollar. Yo estaba ilusionado por la enseñanza pero las circunstancias me condujeron hasta donde estoy hoy. Al principio me resistía a ello e incluso después de aprobar oposiciones me dedicaba a estudiar mi vocación frustrada, hasta que los años, el poco tiempo o, tal vez, el realismo me vencieron. Pero como el otro día le decía a una antigua compañera, que empezamos juntos y ahora vive en otra ciudad. ahora vivo en una etapa laboral que no la cambiaría por otra. Me gusta y disfruto con lo que hago, me permite organizarme cotidianamente, tratar con la gente, sentir que lo que hago vale la pena y, algo muy importante, sonreir varias veces a lo largo de la mañana.

 Entre la variedad de cosas que hago esta mañana sin ir más lejos:

-Le traduje una carta en francés a una señora aclarándole lo que le pedían.

-Le di la enhorabuena a uno que vino a hacer una gestión, porque su mujer está embarazada. Se enteró el mismo día, tras una espera de tres años en que los han llamado de la seguridad social para la fecundación in vitro. Y acaba de cobrar el permiso de maternidad tras la adopción de una niña china con la que están encantados.

-Regué una maceta de flores amarillas que me he llevado para animar al fichero, que últimamente lo veía muy serio.

-Le rellené a uno que no sabe leer un papel para solicitar asistencia jurídica gratuita.

-Felicité a la que me soluciona en el banco los problemas laborofinancieros desde hace más de cinco años y que la semana que viene se casa.

-Informé a uno que había estado "en el colegio" (eso me dijo él, aunque bien sabía yo la de rejas que tiene ese colegio) de qué trámites tenía que hacer para poder cobrar algo.

-Aconsejé a un matrimonio maduro que reclamaran en el banco el dinero de su madre fallecida y que les habían bloqueado.

      Todo ello en un edificio en que hace un par de días éramos nueve y ahora sólo quedamos dos, esta mañana yo sólo pues mi compañero estaba de permiso. Tampoco tuve tiempo de sentir la soledad, de vez en cuando, detenía la maraña de papeles que tenía entre manos y me sentía acompañado al oir la respiración de mi flor.