20060518201302-marte.jpg

           El otro día al recorrer la feria del libro, descubrí entre sus estantes un libro que estaba solitario. Al hojearlo me llamó la atención y cuando empecé a leerlo me decidí a comprarlo. El autor es Antonio Anasagasti, con el que hace muchos años compartí pupitre en el colegio. Antonio estudió la licenciatura en Derecho y entró en la Armada siendo actualmente Teniente Coronel. Hace años que no lo veo, pero si sigo sus vicisitudes literarias a través de la prensa, sabía que se dedicaba a la poesía, por lo que al ver que éste era un libro de micro relatos me sorprendió gratamente, sobre todo por su forma de escribir.            

           El micro relato es un género difícil, uno no puede explayarse y en pocas líneas debe conseguir por un lado condensar la acción atrapando al lector y por otro el conseguir al final esa vuelta de tuerca que sorprende y se agradece. Antonio consigue con su forma de escribir esas dos cosas. Su estilo es directo y ameno y se lee con tanto gusto que cuando se termina uno, éste actúa de trampolín al siguiente y cuesta dejar el libro para hacer un descanso. Por sus páginas aparecen escenas y personajes que nos suenan de la realidad, otros oníricos pero a todos, gentes sencillas y sin complicaciones, consigue darle ese tono humorístico que nos invita a la sonrisa, aunque a veces, incluso, sean verdaderas tragedias. Escritos en primera persona el autor parece participar de sus propias fabulaciones. Muchas de ellas las definiría como chistes literariamente muy bien conseguidos. Sin duda, quien se anime a leerlo pasará un rato muy agradable con esta primera incursión del autor en el mundo de la prosa.           

MI TRAJE DE PRIMERA COMUNIÓN

   "Mi madre recorrió todas las tiendas de Cádiz sin conseguirlo. El único modelo que quedaba era el más sencillo, el bordado con un simple ancla azul en el hombro. Todos mis compañeros se burlaron de mí, al vérmelo puesto en la iglesia. Algunos lucían galones dorados de oficiales y, los menos, parecían almirantes. Fue mi trauma de colegio, parecía un pobretón insignificante. En la mili me reencontré con alguno de ellos y les recordaba esa anécdota. Ellos se reían forzados, con una sonrisa tonta, y me miraban con recelo. Esta vez, llevaban un simple ancla azul en el hombro y yo lucía galones dorados. "  (Antonio Anasagasti)