20060629225432-pilates.jpg

            Estos dias de finales del mes de junio, ya terminado el ciclo de la primavera y deshechada esa preocupación por el lucimiento estilizado de los bikinis, el gimnasio ha quedado casi desierto. Yo, testarudo, sigo insistiendo en asistir regularmente y no es que físicamente note grandes progresos pero me consuela el pensar, o tal vez el sugestionarme, de que al menos me repercuta positivamente en salud.

             Con ese sosiego existente en el interior del gimnasio se puede elegir cualquiera de las actividades sin tener que pedir turno no temor a concetración humana. Desde hace unos días estoy yendo a Pilates. Respiración, coordinación y elasticidad que no siempre consigo aunar. Hoy estaba concentrado en la cierta dificultad de un ejercicio cuando oigo a la joven monitora que dice:

-Usted caballero ¿cómo se llama?

            Y, entonces, hice la pregunta más tonta que he hecho en las últimas semanas:

-¿Te refieres a mí?

             Sobre todo teniendo en cuenta que mis seis colegas de ejercicios eran todas mujeres, alguna de las cuales no pudo resistir el esbozar una leve sonrisa.