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     Tras once horas de viaje, durante toda la noche, acabo de llegar a mi casa de este viaje de reencuentro con el pasado, para ello he ido hasta Salamanca donde nos hemos reunidos en una grata jornada los compañeros que compartimos varios años de facultad y amistad. Aunque todos confesamos que tuvimos las dudas normales de si valía la pena ir, por eso y de qué se puede hablar después de tantos años, el balance ha sido altamente positivo.

      Lo más original fue cuando nos vimos y los saludos tenían que ir acompañados del propio nombre para, en algún que otro caso, ser identificado. Pero es que aquel joven delgado de la melena hoy era un señor algo más grueso y totalmente calvo. Y aquella chica, que entonces estaba gordita, morena y con gafas; hoy carecía de ellas, pelirroja y de figura mucho más estilizada. Eso duró poco tiempo porque, en seguida, fuimos capaces de identificar más allá de su aspecto físico a cada uno y recrearnos en aquella imagen, levemente modificada, con quien pasamos muchas horas de laboratorios y diversión. Para ello fueron fundamentales unas fotos que algunos guardábamos como oro en paño y que sirvieron para decir: ah, tú eras este? Para la próxima vez no habrá problemas de fotos, porque las ocho cámaras digitales que habían lanzaron fotos a diestro y siniestro.

       Los años nos cambiaron a todos. Estuvimos quince. Y los entonces jóvenes solteros, hoy la mayoría casados enseñan con orgullo las fotos de sus hijos, algunos ya universitarios y que están recorriendo, en el ciclo imparable de la vida, las aulas que recorrieron sus entonces "menos carrozones" padres. Un gran porcentaje están en la enseñanza secundaria y lo que siempre se suele decir en una reunión de estas: nosotros éramos distintos a nuestros alumnos!¡No sé en qué piensan la mayoría!

       Almorzamos juntos, paseamos luego por aquellos rincones a los que entonces acudíamos y tras toda una tarde de convivencia y atrapando recuerdos, nos fuimos a cenar. La cena en un hotel estupendo estuvimos en la misma mesa y tras los postres baile hasta la madrugada. Cuando salimos Salamanca seguía viva, las calles llenas de gente, especialmente estudiantes que no piensan en que un día puedan estar recordando lo que ahora son.

        La mayoría viven en provincias cercanas pero otros atravesamos España de parte a parte, en un viaje largo, para una estancia intensa en que compartimos todo un día, desde por la mañana hasta horas de la madrugada, en que, con un hasta  pronto, nos hemos prometido vernos antes de las bodas de oro y seguir en contacto. Para ello tenemos ahora algo que entonces era impensable: internet.