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          Parecía una tarde como cualquier otra, pero no tardé en darme cuenta que iba a ser distinta. Te vi a mi lado, sin prestarte gran interés. Te conocía desde hace mucho tiempo, quizás demasiado, desde mi infancia, pero nunca me habías llamado especialmente la atención. Siempre me pareciste, a pesar de verte con muy variadas vestimentas, muy simple, igual a cualquier otra, incluso te confesaré que me atraías menos de lo habitual. ¿A qué se debía? No sé ¿tal vez que no te había conocido en profundidad?¿o que no había tenido ese acercamiento necesario del que nace el cariño?

          Pero ayer fue diferente, también el ambiente parecía ayudar a ello, tenía las emociones más latentes, casi a flor de piel. Entonces fue cuando te presentaron a mí, como si fueras una desconocida. Te vi, como siempre, pero esta vez destellabas pequeños brillos. Y al recorrerte tu visión acarició mis ojos de una forma que nunca lo habías hecho. Te tomé entre mis manos y me entraron unas ganas locas de saborearte. No me reprimí y me perdí entre tus rincones, te gocé y disfruté como nunca pensé que lo haría contigo. Creo que no olvidaré aquel rato y que, a partir de ahora, desde que te he descubierto, querida poesía, serás diferente y única para mí.