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          Ayer quince de noviembre, día especialmente reconocido por los químicos al celebrarse la festividad de su patrón San Alberto Magno, hizo el primer aniversario de este blog. Llevo más tiempo en el universo bloggero pero por distintos motivos los vientos internaúticos me llevaron, como un barco busca puerto, a refugiarme en este rincón.             

           Los aniversarios suelen ser una ocasión para volver la vista atrás y reflexionar. El blog es como un cuaderno que se escribe y se mete en un cajón, antes escribía más rápido en el cuaderno, pero la práctica ha invertido la velocidad, aparte de que aquí hago mejor letra y, además, tiene la ventaja de que accedo fácilmente a él sin estar cerca del cajón desde cualquier parte del mundo con Internet. Además es una ventana a la que son muchos los que se asoman y pocos dicen algo. La mayoría gente a la que no conozco de nada y que, como yo, debe de gustarle el curiosear en la blogosfera y posar sus ojos en cuadernos ajenos. Cuando veo mis estádísticas me suelen sorprender, porque qué hace uno de Sri Lanka asomándose a este blog, o uno de Tailandia, más me preocupa cuando veo alguna entrada desde la Agencia Tributaria, será un inspector internaútico y que hace ahora su labor a través del ordenador. Mucho supongo que la mera curiosidad les hace asomarse como a un escaparate de paso, otros se detienen e insisten.

           Durante un año vamos evolucionando y las circunstancias, aparentemente cíclicas, van cambiando. Algunos de mis sentimientos mutan y con ellos las palabras cogen distintas veredas. Me reconozco en ideas machaconas y en otras, que al releer, me sorprende haberlas escritas. Confío en seguir escribiendo una temporada más, por internet nunca se sabe. Pero sí, es una parte de mí la que todos los días se derrama por estas líneas dispuesta a acoger a aquel que se acerque hasta aquí. Toma asiento...