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          Vivo en este pueblo desde hace casi veinte años y no por ello me llego a acostumbrar a algunos tics ancestrales que percibo de vez en cuando. Cuando llegué me sorprendió un sentimiento machista ambiental muy imbuido en la sociedad y que, aunque mal visto y por la gente más joven superado, aparecen ciertos coletazos de vez en cuando. Sobre todo en algunos aspectos de la vida social donde queda muy claro lo que debe hacer cada sexo. Lo último ha sido referido a la reunión correspondiente en el colegio de mi hija.

          A la hora de comer me dice mi hija que al comentarle a la profesora que su madre no podría ir a la reunión y que por tanto iría su padre. La respuesta de la maestra fue que no hacía falta que su padre fuera a la reunión, que otro día fuera su madre y ya le contaría lo que se había hablado en la reunión. Como es lógico no le hice ningún caso a aquel comentario, a pesar de que mi hija quedaba algo preocupada de que no siguiera las instrucciones de la maestra, me parece importante asistir a este tipo de reuniones. Y allí acudí a la tal reunión, de veintiocho personas, veintiseis mujeres, otro padre y yo. La maestra para ratificar su experiencia docente en ese curso dijo que llevaba treinta años impartiéndolo e imagino que treinta años relacionándose casi exclusivamente con madres lo que no le hace sentirse cómoda cuando vamos los padres. Se notó mucho cuando usando lenguaje netamente sexista dijo: -Decid algo que estáis todas muy calladas.  O cuando se iban a elegir cargo: ¿Quién se presenta como delegada? ¿Y cómo subdelegada?

           Creo que respiró cuando los dos nos mantuvimos expectantes y silenciosos y no presentamos unas candidaturas que de entrada daba por rechazadas. La reunión siguió y nos puso al día un poco de los objetivos del curso. Cuando terminamos desaparecimos  entremezclados entre el ruido de tacones por las escaleras. Yo contento de haber asistido a la reunión, mal que le pesara a alguna, en cuanto al otro representante del sexo masculino no sé si se fue contento, pero de lo que estoy seguro es de que no olvidará ese día, porque al salir del colegio la grúa se había llevado su coche. La portera del colegio se disculpaba de que no sabía que era su coche cuando una madre a la que le estorbaba había llamado a la grúa. Creo que la próxima vez mandará a su mujer a la reunión.