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        Hace un par de días volvi a recorrer las calles doradas de la ciudad charra y quise volver a ver la parra que cuelga en el balcón de la casa de Unamuno y quedé asombrado ante la diferencia que presentaba con la imagen del pasado octubre. Frente a aquella imagen cubierta de hojas y frutas, ahora se la ve sobre el balcón con aspecto triste, contrastando con la impresionante torre de la catedral, desnuda de cualquier adorno vegetal y como si hubiera muerto como consecuencia de los fríos castellanos.

        Sin embargo como todo lo que depende de los ciclos del tiempo estoy seguro que dentro de pocas semanas ese tronco pelado, como el ánimo desvencijado de muchos de los que lo contemplan, estarán tocados por el milagro vivo y naciente de la primavera.