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         Al fin llegó el día de tu cumpleaños, ese que iba a ser un tanto especial y que has aguardado con una espera no exenta de euforia durante los últimos doce meses. Y es que por obra y manera de los números ahora sociológicamente y desde mi punto de vista te has convertido en una señora mayor.

            Es buen momento, de hecho me consta que lo has hecho así, de mirar hacia atrás agradecida por todo lo que estos años te han regalado y sobre todo por todo lo que has asimilado. El tiempo le ha dado forma a tus, ahora viejas, ilusiones de juventud, las ha dotado de realismo y ha exprimido de ellas lo mejor que guardaban dentro.  Has aprendido a relativizar las situaciones, a hacer lo que te viene en gana sin estar pendiente del que dirán, a querer a los que se lo merecen e incluso a realizar lo importante por encima de lo urgente. Comprendo muy bien esa felicidad que transmites esculpida con delicadeza minuto a minuto durante tanto tiempo. Tus gestos, tras reposar durante años en las barricas de la vida, al igual que el mejor vino se han teñido de madurez añeja y haciéndome partícipe de ellos. Hoy disfrutarás de este día entremezclando risas y lágrimas teñidas de emoción.

            Lo único que se me hace extraño es tener, a partir de este día, amistad con una señora tan mayor, sin embargo en seguida se atenúa mi extrañeza, cuando pienso que antes de dos meses tendremos ya idéntica edad.