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             Hacía frío el otoño ya había hecho descender la temperatura y aquellas seis personas se refugiaron algo apretados , en aquellas primeras horas de la mañana, bajo la marquesina del autobús. Y como del contacto nace la confianza, cuando llevaron un rato de espera empezaron a charlar, tampoco había nada mejor que hacer… Y hablaron de lo divino y de lo humano, hasta que llegado el atardecer esa hora que empareja incluso a seres tan diferentes, como el sol y la luna, crecieron en sus intimidades. Cuando el sol salió, al día siguiente, la euforia les embargaba e incluso se alegraron, en días sucesivos de no ser el único amanecer que habrían compartido.

 

            A los nueve meses, cuando ya la primavera hacía brotar flores donde menos se esperaba, nuevos y minúsculos inquilinos, aumentaron los seres que pululaban bajo la marquesina. La densidad aumentó, menos mal que empezaba a hacer mejor tiempo y algunos salían a pasear por los alrededores, pero por la noche volvían y apretados dormían en su seguro refugio. El tiempo pasó y los niños hasta crecieron y se empezaron a dar clases usando de pizarra, el papel donde se señalaba el horario de autobuses.  Celebraron fiestas bajo aquella marquesina, incluso una feria a las que todos eran tan aficionado e incluso en Navidades se intercambiaban de regalo aquello que llevaban en los bolsillos.

 

            Los maduros se convirtieron en ancianos y los niños en rebeldes adolescentes y en aquel mundo pequeño se desarrollaban historias y conflictos como en el resto del planeta, lo que las caracterizaba era la espera de un autobús que tardaba más de lo habitual. Un día uno de aquellos adolescentes, más osado que el resto, se alejó cincuenta metros de la marquesina y en un poste de la luz vio un papel amarilleado por el sol y desgarrado por el viento en el que ponía: “A PARTIR DEL UNO DE OCTUBRE EL AUTOBÚS NO PARARÁ MÁS AQUÍ  POR CAMBIO DE ITINERARIO”. Un vacío desconocido lo invadió, aunque sólo fue un  instante, era de noche y era la hora de irse de botellón con  sus "colegas" a uno de los extremos de la marquesina donde lo estaban esperando.