Pues sí, ayer fue para mí la entrada oficial de la primavera. No es cuando a mediados de febrero unos grandes almacenes pretenden convencernos que ya ha llegado. Tampoco cuando las amapolas salpican los bordes de la carretera con puntos rojos. Ni siquiera cuando noto que las hormonas somnolientas del invierno empiezan a despertar. La primavera oficial me llegó ayer con la inauguración de la temporada de alergia:


 -Picores de nariz con estornudos repetitivos en plan ametralladora.
-Mucosidades que me hicieron gastar, casi del todo, una caja de cien pañuelos y me pusieron la nariz como un pimiento rojo.
-Molestias en los ojos.

-Cargazón en la cabeza.


             Todo ello no es grave pero sí sumamente molesto y aunque me permite realizar las actividades cotidianas, alguna sí que las limita o las impide. Ayer por ejemplo no me atreví a ir al gimnasio me hubiera tenido que colocar un pañuelo en cada oreja, para cuando me hiciera falta. Todos los años cuando llegan estas fechas tengo la esperanza de que al igual que un día, de pronto apareció, pase de largo sin que la note. Pero por lo visto, no va a ser este año. Al parecer lo que florece en esta época son las gramíneas. De todas formas menos mal vivo en la ciudad no quiero pensar cómo estaría si viviera en el campo. Menos mal que esta alergia tiene fecha de caducidad, cuestión de aguantar con paciencia hasta los primeros días de junio para que se vaya por donde ha venido.