Sé que, en plena efervescencia del Mundial de fútbol y con tan sonadas victorias de nuestra selección, no es políticamente correcto lo que voy a decir pero aún así quiero plasmar por escrito lo que pienso: nunca me ha gustado lo más mínimo el fútbol. Cuando en aquellas tardes eternas de los domingos veía a mi padre y hermanos pendientes del Carrusel Deportivo, de aquellos gritos radiofónicos de goooooool, goooooool,  o de aquel partido que retransmitían en blanco y negro todos los domingos pensaba que si me gustara tendría anulado ese aburrimiento vespertino. Pero me resultaba imposible. No era capaz de distraerme más de cinco minutos viendo ese balón que se disputaban aquellos veintidós señores, me parecía un extraño mérito eso de colarlo por aquella red. Y nunca entendí que esos señores tengan mucho más reconocimiento social que muchísima gente que se parte el pecho en muchísimos aspectos, para mí, mucho más meritorios, Lógicamente los lunes era el día en que permanecía más silencioso porque no podía participar en aquellas conversaciones balompédicas en que, como si se tratara de un problema filosófico, se discutía si una pitada del árbitro fue oportuna o no.            

              Con los años no he variado un ápice en mi interés por dicho deporte y cada vez me parece más exagerada esas pasiones que levanta como si en ese triunfo nos estuviéramos jugando la honra o la supervivencia. Y si me fijo en ciertas actitudes extremas de algunos aficionados me suena a ciertos comportamientos ancestrales que se pierden en la noche de los tiempos. No me entero de los resultados de los partidos hasta que han pasado unas horas o hasta que las noticias se empeñan en ponerlo en portada. Me da igual como quede el resultado de los partidos ya que el hecho de ganarlo o perderlo no me va a afectar en nada. Creo que hay cosas que afectan mucho más a la  buena marcha de nuestro país como una gran carencia de la educación y el deterioro de las normas de convivencia o bajando a terrenos más materialistas, y sin embargo también influyentes, la subida del euribor que sí que nos afecta a millones de españoles. 

                Aprovecharé la emisión de los próximos partidos para pasear o salir a la compra ya que son, sin duda, las horas más tranquilas en que las calles quedan desiertas. Sí ya sé que soy un poco rarito en este sentido pero es que  ¡hay cosas que no se eligen!