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            Al igual que hace unos días me alegraba de las ventajas de Internet para encontrar un libro, esta vez voy a quejarme de alguno de los perjuicios que causa y he sufrido.

           Hace unos días recibí una llamada a mi teléfono móvil de alguien a quien no conocía, diciéndome que había visto por Internet que yo vendía un Audi. Le comenté que coincidíamos en algo: a los dos nos gustaría tener un Audi. Pero también discrepábamos en otra cosa: yo no me puedo plantear el comprarlo.Supuse que había intercambiado los números al llamarme y de ahí había surgido el error, Pero cuando recibí tres llamadas más con el mismo asunto ya  me di cuenta que alguien se había equivocado y había puesto mi número de móvil para contactar en la venta de su coche. Como aquello tenía trazas de prolongarse, en la cuarta llamada, le pregunté en que página había visto eso. Cuando me dijo la dirección entré en la página, pero ¡ingenuo de mí! Aquello era como buscar una aguja en un pajar. No podía imaginar que hubiera cientos de personas intentando vender un Audi. Tras esta infructuosa búsqueda tuve que esperar las llamadas de dos interesados más para localizar la ciudad y el precio en que lo vendían, dos datos imprescindibles para la búsqueda que tenía que hacer.

          Volví a entrar en esa web y tras recorrer, con la ayuda de esos datos, pormenorizadamente veinticinco páginas con veinte anuncios de Audi por páginas, finalmente localicé el que buscaba y allí aparecía flamante mi número de móvil. Ya con esos datos llamé al administrador de la página para que diera de baja el dato. Por el que lo siento es por el que vendía ese Audi 8, a quien nadie habrá llamado, pero le está bien empleado por el despiste que tiene encima.