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-No detengas tus caricias, por lo que más quieras. Sigue, sigue...asíiiii – le dijo ella con voz suave.

     Pero tras ocho horas de caricias repetitivas e ininterrumpidas hasta Él se cansó de darlas y se detuvo. Fue, entonces, cuando aquella leona escapada del circo, no sintiendo ya la mano de Él sobre su lomo, devoró a aquella pareja que se había encontrado paseando por el parque.