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     Ayer dando un paseo por la playa vi las primeras nubes de la temporada por este rincón sureño. A pesar de la amenaza de lluvias para este fin de semana, estas nubes famélicas y desvaídas se han ido deshilachando y no han provocado, ni por asomo, caída  de agua. El otoño se resiste a llegar. En la playa algunos toman el sol en bañador, mientras una bandada de gaviotas descaradas, posadas muy cerca, gritan como si quisiera expulsarlos de su territorio otoñal. Paseo en mangas cortas, el sol quema, mientras escucho música del mp3  y divago con mis ideas.

      No sé por qué me viene a la cabeza, la historia de P. Hace más de quince años, que por razones laborales lo conozco. Siempre me ha parecido un "pobre hombre", especialmente cuando viene a verme, de tal manera  que, si viniera conduciendo en vez de andando y le hicieran la prueba de la alcoholemia,  perdería todos los puntos de sopetón. La última vez que lo llamé a su casa pues tenía que ir a hacer unas gestiones, me cogió el teléfono su mujer y me vino a decir como en aquella frase que se hizo famosa en el 23f: "ni está ni se le espera"...porque está en la cárcel.

       Las siguientes noticias que tuve de él fue por una llamada telefónica de la trabajadora social de la cárcel, le había dicho que me llamara para un expediente que tiene pendiente de resolver. Lo que más me impresionó fue el saber que no tenía a nadie, ni familia ni amigos que pudieran venir a la oficina a recoger o traer los papeles. Se los envié por correo y hace poco los recibí por el mismo medio una vez completados por la trabajadora social. Pensaba qué le habría ocurrido para estar en esa situación, pero días después al abrir el periódico veo sus iniciales, que las conozco bien, inmersas en un juicio por violencia doméstica. Ahora comprendí muchas cosas... Pero hay algo que acabo sin entender, en todos estos años que marcan su vida ¿no tiene ni siquiera un amigo o un simple conocido?