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Recuerdo que en el primer año de universidad una de las conversaciones habituales con los compañeros que estudiaban en la facultad de Medicina era su inicio en las prácticas de Anatomía y si habían superado con éxito el trance de ver y diseccionar su primer cadáver. Me ha venido esto a la memoria al leer un curioso artículo en el que indicaban que actualmente hay en más de una ocasión quien pretende donar el cuerpo de un difunto a la facultad de Medicina, para ahorrarse los gastos del sepelio, pero no se admiten porque para ello es necesaria la autorización en vida del difunto.

            Según el artículo un cadáver a -4ºC puede aguantar hasta ocho años y cuando más aguanta es cuando se congela que puede durar hasta veinte años, el problema en este último caso es, como ocurre con los alimentos, que si se congela no se puede volver a congelar. Aparte hay un método con el que se sustituye el agua y se realiza una especie de plastificación del cadáver que lo deja como si fuera de silicona y ya dura todo el tiempo que haga falta.

            Imagino que habrá más gente que dona órganos, que las que donan cadáveres para la facultad de medicina, alguien habrá, pero en general a nadie le gusta imaginarse en trozos repartidos por las mesas estudiantiles. Eso sí, supongo que estas prácticas con cadáveres son imprescindibles para que cuando estos aprendices de médicos lleguen a tratar con seres vivos ya hayan practicado bastante y vayan sobre seguro.