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Al fin,  había llegado el ansiado día, meditaba ella desde su oronda y tosca figura: el día en que él se iba a graduar. Había pasado los años y aún era capaz de recordar aquella época en que lo había transportado en su interior. Pero el tiempo había transcurrido y él había ido formándose  en todos los sentidos. Ella, ahora,  lo encontraba diferente, crecido y brillante.

Había oído que acudirían personas importantes a aquella graduación. De pronto, escuchó unos pasos que se acercaban y a través de la penumbra de aquel lugar pudo distinguir a tres hombres de bata blanca que se acercaban a él.

Reconoció al Director, con sus andares solemnes, que se acercó a él,  succionando parte de aquel precioso líquido dorado mediante una pipeta, a continuación lo introdujo en un aparato de análisis que sostenía el enólogo de la bodega,  quien dijo alborozado: 18 grados,  perfecto! Y con ello culminó  la esperada graduación de aquel vino blanco.