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12/06/2008

Intermitencias

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     Era la primera vez que en su dilatada vida como guardia civil de tráfico le pasaba algo parecido. Había detenido un coche que circulaba por la autovía, durante todo el tiempo, con las luces de ambos intermitentes encendidas.

            Se dirigió a la conductora, una joven de ojos hundidos y piel nacarada, y cuando le espetó la causa por la que circulaba de esa manera, ésta le respondió:

-Hace un mes murió mi marido y no se puede imaginar la soledad que me desgarra por dentro, hasta el punto de que cuando conduzco me siento acompañada, simplemente, con el sonido de los intermitentes.

            Una imagen de extraña comprensión deslució la inicial severidad de aquel agente de la autoridad, y no supo cómo se escuchó a sí mismo decir:

-¿Y no ha probado a poner un reloj de cuco en el salpicadero del coche?

12/06/2008 15:16 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 1 comentario.

07/06/2008

Necesito un papel...

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...le espetó aquel señor orondo a aquel joven y probo funcionario en su primer día de atención al público

-¿Qué tipo de papel necesita? ¿Un certificado, un justificante, una solicitud...? - le contestó con el aspecto relajado de quien se acuerda todavía del curso de Inteligencia emocional que le dieron para atender a los administrados.

-Un papel es...¡un papel! Me da absolutamente lo mismo- repuso mientras su rostro enrojecía y pareció desencajarse levemente, a la par que unas gotas de sudor perlaban lacrimosamente su frente.

  El funcionario miró a su alrededor, sin saber muy bien que hacer. No le habían preparado para esto, hasta que de un montón de papeles dispuestos para reciclar, titubeantemente, le acercó un folio. Aquel individuó se ls arrancó con gesto desesperado y sin decir palabra desapareció con paso acelerado por una puerta que había al fondo a la izquierda. Entró al interior y mientras se sentaba, con ganado sosiego, pensaba que mucho servicio público en aquella dependencia administrativa pero a nadie se le había ocurrido el reponer el papel higiénico del retrete.

07/06/2008 14:13 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

29/01/2008

La ventana

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              A esa hora en que el precoz anochecer convierte los tonos amarillentos en negro, hace fresco en la calle, desierta y otoñal. Camino con la agilidad que me dan mis años jóvenes,  las manos en los bolsillos, encogido, con la cabeza incrustada entre los  hombros, como si eso me atenuara el frío y, entonces, alzo el cuello, mirando hacia arriba, como siempre que paso bajo esa ventana.            

               Está situada en alto, en un cuarto o quinto piso, nunca los he contado, encaramada en la pared, siempre iluminada, rompiendo las tinieblas de la noche. Estando distante, la noto cercana.  A veces abierta, a veces cerrada, pero independientemente de ello, el visillo que está al otro lado del cristal siempre se agita, se mece por el aire invisible, y esas siluetas tamizadas, que se suponen al otro lado, son puras sombras más inventadas que reales. Detrás una luz encendida, calmosa, suave, que se adivina brotando de una lámpara y expandiéndose por toda la habitación.            

               Me gusta templar mi mirada, repleta de ausencias y gélida, con el calor instantáneo de aquella imagen. Soñar que yo puedo estar dentro, acogido por la caricia del hogar que allí supongo. Sentarme, con un libro entre mis manos, en un sillón acolchado bajo la luz de aquella lámpara, interrumpiendo la lectura en una conversación animosa con esos que me acompañan, que no sé quiénes serán. Ahíto de tanto caminar, detener mis pasos en aquel refugio seguro, y tenerlo como referente. Pero me alejo y aquella ventana, poco a poco, se va convirtiendo en un idealizado punto de luz a mis espaldas.            

               Ha pasado mucho tiempo, ahora mi piel se pliega sobre sí misma creando arrugas, caminos no deseados en mi cuerpo, y estoy al otro lado de la ventana. El visillo se mueve debido a mis pasos nerviosos en la habitación, no hay chimenea y estoy sólo. El libro cerrado, con el polvo que se acumula sobre su lomo, colocado sobre  la mesa. Una bombilla desnuda pende del techo, proporcionando resplandores aceitosos a la habitación pero, más que aportar luz, resalta las sombras. Me acerco a la ventana con la lentitud de mis pasos cargados de años y que se asemejan al monótono vaivén, del tigre encerrado en su jaula, Diviso la calle oscura tras los cristales. El frío y el viento se dibujan al otro lado con el murmullo agitado de las ramas de los árboles y en forma de hojas que sobrevuelan, juguetonamente, en el aire.  

               Por la calle, solitario, camina un joven con las manos en los bolsillos. Apago la luz, para observarlo mejor, me parece distinguir que mira hacia esta ventana…con gesto de anhelo, se aleja engullido por la tiniebla. ¡Qué envidia le tengo a ese pasear con la ligereza de pasos libres, con su rostro acariciado por el aire de la noche y bañado en rayos de luna!

29/01/2008 21:33 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 1 comentario.

17/01/2008

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         Un chisporroteo, más alto de lo habitual, de las brasas de la chimenea me hace alzar los ojos, por encima de las gafas, y descansar el libro sobre las rodillas. Me paso insconscientemente los dedos por las arrugas de la frente para echarme para atrás esos pocos pelos canosos que se revuelven sobre mi cabeza.

        En el sillón que está junto al mío se sienta ella con sus canas coronando su cabeza y sus arrugas maleadas por tantos años. Observa distraída un programa de televisión y no es consciente de mi mirada. De pronto esta mirada parece sacudir esa piel envuelta sobre sí misma y la convierte en tersa de manera súbita. El pelo blanco oscurece y crece en una espléndida melena negra, sus manos finas coronada en aquella pintura de uñas rosa que tanto me gustaba, su cuello se estira y, de pronto, reconozco aquella imagen juvenil y recuerdo cuando la vi por primera vez, antes de que creciera una alta montaña de hojas del calendario dentro de la papelera. Mis ojos brillaron levemente por un instante, como si reflejaran la luz del fuego, pero yo sabía que no era eso, y una sonrisa casi olvidada prendió en mi cara.

       Me coloqué las gafas sobre la nariz, cojo el libro entre mis dedos y mientras las llamas siguen su baile sin orden, sigo leyendo...

17/01/2008 19:33 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

14/01/2008

Leía...

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...pasaba las hojas de aquel libro. No era demasiado apasionante, pero estaba relativamente entretenido, aunque me estaba ya resultando un poco cansino. Tenía ganas de acabarlo, ya. Al llegar a la palabra fin, todo se me oscureció.

    Nadie me había avisado que tenía entre mis manos el libro de mi vida.

14/01/2008 18:58 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 6 comentarios.

31/12/2007

Desnudo

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         Nunca me ha gustado desnudarme y mostrarme así, delante de los demás. Parece como si al verme desnudo me sintiera desprotegido y no estuviera dispuesto a aceptar el contacto directo del aire sobre mi superficie. Pero ¿por qué temo tanto que mi intimidad quede expuesta a la mirada de los demás? ¿Será que pienso que es más oscura, más frágil o más vergonzosa que la de los demás?

         Ya sé que mis demás compañeros están así, pero eso no me ha parecido razón suficiente, por eso he sido el último que me he desprendido de toda mi vestimenta. Me resistí hasta ese instante postrero en que la costumbre se impuso a mis deseos. Ya he quedado, tal como nací, a la vista de todos, del frío y del silencio.

          Y sueño, esperanzado, que transcurrido un tiempo, este sol que ahora me saluda con esos rayos amorosos, me siga transmitiendo vida para abandonar esta desnudez que detentan mis ramas con el, repetido y siempre, nuevo milagro de la primavera.

31/12/2007 18:15 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

18/12/2007

Queridos Magos...

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                                                                                                        (dibujo de Mel)

              

         Sí ya sé que no tengo edad para pediros muchas cosas, pero es que de todas las ilusiones que quedaron durante todo estos años por el camino he logrado rescatar ésta. No podría deciros si he sido bueno, quizás  sí que lo he intentado todo lo que he podido a pesar de que las circunstancias no ayuden, en ocasiones a ello. Y sin más preámbulos he aquí lo que quería pediros:

-Este año no quiero regalos, es más estoy harto de regalos, no sé donde guardar tanta corbata ¡pero si nunca me pongo ninguna! y mi armario apesta a mezcla de colonias, que con tanto bote no es raro que de vez en cuando se me rompa alguno. Preferiría, durante esos días, ese regalo continuo de los que me rodean en forma de gestos cariñosos, sonrisas, miradas cómplices y apoyo cotidiano.

-Que quiten tanta iluminación que lo único que hace es contribuir al cambio climático y regodear esas calles atestadas de gente desesperada, con caras de buscar siempre lo que no encuentran y cargadas de bolsas y paquetes. Con que nos iluminen las calles lo suficiente para no tropezar y captar las sonrisas, ¡sobra!

-No quiero comer en Nochebuena ni besugo, ni pularda, ni angulas. No me gustan y prefiero un buen potaje y unos huevos fritos con chorizo. Lo esencial no es lo que cuesta la comida sino que no cueste compartirla en la adecuada compañía.

-Que dejen de felicitarme tantos directores de banco y presidentes de compañías importantes, que ni siquiera son capaces de firmar. Prefiero esos buenos deseos de la gente que quiero,  manifestados de la manera que sea, a veces por un abrazo o una simple mirada llena de ternura..

-Dadme ojos de niños que revistan estos días de aquellas viejas ilusiones y me haga disfrutarlos con esos tonos casi olvidados del arco iris.

-Y que, ojalá. el siete de enero nos duela, más que el incremento sufrido en la báscula,  la conciencia porque hayamos reflexionado sobre nuestra participación en la construcción de un mundo mejor.            

        Ya son varios años escribiendo la misma carta, y nunca se cumplen estos deseos, lo que pasa es que me empeño en mandarla por correo electrónico y, como no tengo las gafas le doy a eliminar en vez de a enviar, y claro, no voy a volverla a escribir… Y espero al año siguiente…¡otra vez me equivoqué y se me ha vuelto a borrar!...

18/12/2007 15:31 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

26/09/2007

Marcela

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            En el pueblo, aunque sea de vista, todos nos conocemos, pero este conocimiento es mayor cuando existe una mayor habitualidad en la visita a nuestra oficina, como en el caso de Marcela, dueña del bar y propietaria del piso en que se aloja, desde que llegó a aquí, Olga, mi compañera de trabajo,. Marcela tiene sus treinta y varios años, podría decir su edad exacta pero el sigilo profesional me lo prohíbe, ha enviudado ya tres veces. En ambas ocasiones se casó con solterones recalcitrantes del pueblo de carteras bien provistas, lo que unido a su olfato mercantil la ha transformado en una de las terratenientes del pueblo.            

            Tiene una bonita figura, no se puede decir que estilizada aunque sí revestida de curvas onduladas. Sus andares, no exentos de cierta elegancia, me han recordado siempre a los de una bailarina de ballet. No ocultaré que siempre me ha resultado atractiva y deseable, pero una cierta prudencia y temor reverencial  ha hecho que guarde las distancias frente a su persona. Entre mis paisanos es motivo jocoso el hecho de que sus tres maridos murieran “en la cama” y no precisamente durmiendo. Este rumor sobre su fiereza y fogosidad sexual han traspasado los límites del pueblo. Pero, en general, la gente la mira con cierta simpatía y la benevolencia de quien ha sido capaz de alegrarle los últimos momentos como nunca habrían imaginado a aquellos provectos hombres. ¡Y qué mejor forma de morir que en pleno éxtasis sexual! Pueden decir lo que quieran, pero de ahí surge mi temor, no soy un fuera de serie, para que engañarnos, en estos ejercicios del sexo activo y ello hace que, ese instinto de supervivencia de no morir tan joven, me mantenga a distancia de las fauces de esa mantis.            

           Yo la conocía sobre todo de acudir a su bar, que es donde vamos a desayunar, la conocí más “íntimamente”, si es que puede llamarse intimidad a mi despacho, cuando vino a que le informara de los trámites necesarios para solicitar la pensión de viudedad por la muerte de su tercer marido. Horas de discusiones, sólo interrumpida por mi compañera que me pasaba escritos para firmar mientras no quitaba ojo de la neoviuda, hasta convencerla de que ahora que al haber muerto su tercer marido no podría recuperar también la pensión de viudedad ni del primero ni del segundo marido por mucho que aquellos hubieran cotizado.            

            Vestía de negro riguroso de pies a cabeza, tenebrismo sólo interrumpido por unos perfiladísimos labios rojos que bailaban sobre su cara mientras sus palabras, emitidas con voz dulzona, salían de su boca. En aquellos conciliábulos me enteré de que el nombre de Marcela, no se lo habían puesto por dotarla de un cierto exotismo sino por un error del encargado de registro que además de “enchufado” era semianalfabeto y confundió Carmela, su nombre original, con Marcela.            

            De vez en cuando venía a hacer alguna gestión y aunque mi activa compañera se aprestaba a atenderla, preguntaba invariablemente por el jefe a lo que aquella contestaba con un gesto hosco, mal disimulado, a la vez que me llamaba. A veces era colocar un simple sello en un papel al que ella solía responder con una apertura de labios en que su dentadura blanca iluminaba su rostro, mientras envolvía, por unos minutos aquella atmósfera burocrática, de habitual olor a celulosa, en un olor tiernamente sabrosón. Yo, precavido, siempre procuraba mantenerme a una más que prudente distancia, porque me iba haciendo consciente que a medida que pasaban los meses de aquel señalado óbito, la tela negra sobre su cuerpo iba mermando a la vez que aumentaba el tamaño de piel, sedosamente blanca, que iba dejando al descubierto.            

               No puedo olvidarme de aquel día ¡cómo se me iba a olvidar! En ese momento estaba yo intentando enseñar a un joven e inepto compañero, que llevaba pocos meses allí, cómo se podían transformar en negrita las letras del Word., cuando se abrió súbitamente la puerta. Fue en ese preciso instante cuando estalló la revolución.   Un repiqueteo de tacones sonó a la entrada una mujer se acercaba y no podía ser mi compañera que se encontraba en la capital arreglando unos de sus jaleos familiares. Entonces fue cuando apareció por la puerta una figura femenina en la que, al principio, me costó reconocer. Pero…¡era Marcela! Su cara maquillada dibujaba delicadamente sus rasgos, una capa de pintura azul sobre sus ojos los dotaba de una cierta apariencia felina y su pintura de labios, siempre roja, estaba ahora dotada con un brillo que parecía estrenarlos. Traía puesta una escueta camiseta blanca de tirantes de color blanco, de la que gran parte de sus pechos asomaban oscilantemente traviesos. Del sujetador, en cambio, no había rastro pues se veía a las claras que no se lo había puesto. A través de la tela destacaban unos círculos oscuros y sobresalientes. Una escueta falda roja que se adhería a sus líneas traseras más voluptuosas completaban su coloreado atuendo. Sus piernas redondeadas y turgentes se disputaban la perfección ante mis ojos e introducida en los tacones desplazaron toda aquella vorágine hacia el mostrador donde me encontraba. Entonces, me percaté que hacía un año del fallecimiento de su marido, cuando eso ocurría en el pueblo era la señal de enterrar el luto y el retiro y volver a la vida normal. ¿Por qué comencé a ponerme nervioso?            

             Mis piernas temblaron levemente, cuando me di cuenta de que aquel resurgimiento primaveral de Marcela era en algo más que en su vestuario. Sobre todo cuando tendiéndome unos papeles, que yo debía sellarle, sus dedos de uñas afiladamente rojas se distrajeron entre los míos. Sólo fueron unos instantes, pero lo suficiente para que sintiera a todo mi cuerpo sacudido por unas corrientes eléctricas que excitaron a cada una de mis células. Ella se acercó con una pose cargada de descaro y seducción  y doblando adecuadamente su cuerpo ofreció ante mis ojos la profunda hondonada que se abría, perdiéndose en una intricada y sugerente profundidad, entre sus senos prietos por aquella camiseta blanca. Su perfume fresco y sutil invadió mi nariz y acabó de trastornarme más, si es que aún era posible. Por un instante temí perderme en medio de aquella pasión que me brindaba Marcela, y como una ráfaga sobre mi cabeza la pude ver desnuda en la cama sumida en mil juegos eróticos, que ya alguna vez yo había imaginado, y me ví exhausto sin poder seguirle y, al instante, camino del cementerio mientras ella caminaba detrás, llorosa, con su traje negro desempolvado.             

         No, ¡me negaba a que me ocurriera eso! y, entonces fue cuando se me ocurrió. Haciendo caso omiso a los ataques de Marcela miré con deseo a mi joven compañero, perdido en el procesador de textos, con esa cara que ponen los enamorados. En aquel momento, él me miró esbozando una sonrisa, no porque se diera cuenta de nada, sino con la alegría que le producía que de toda la frase había conseguido, al fin, poner una letra en negrita. Marcela sorprendida por aquel cruce de miradas, como yo pretendía, enderezó su cuerpo, estiró su falda y recogiendo el papel se despidió, sin volver el rostro, con unos buenos días.            

         Olga días después me comentó al volver de desayunar que Marcela le había comentado que nunca se había imaginado que yo fuera gay.

-¿De dónde habrá sacado eso?-preguntó Olga.

-Ni idea-le contesté, mirando, como quien busca algo, al fluorescente del techo.            

Desde entonces noté que cuando veía a Marcela, ya fuera en la oficina o en su cafetería, ahora me miraba de una manera distinta. Si antes los hacía con deseo ahora lo hacía con ternura…¿y qué quieren que les diga? Conociendo su historial, y aún sabiendo que renuncio a posibles e inimaginables goces físicos, prefiero lo segundo.            

26/09/2007 15:10 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

07/09/2007

Desde el otro lado

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        Nunca había sido aficionada a las tecnologías, a pesar de que tenía ordenador y lo usaba, simplemente, por motivos de trabajo. A los que le pedían su dirección de correo electrónico siempre se la había negado, aducía que no tenía y se jactaba, en un gesto de dudosa progresía, que ella no usaba de “eso”.          

         Pero un día que ya no sería capaz de recordar, no supo cómo recibió un correo. Era de alguien que le escribía unas líneas, un mero saludo, con el deseo de contactar con ella. Pensó en evitar aquella burla del destino, como ella entendía que era, pero a la noche siguiente, casi sin darse cuenta, aquellos dedos finos de los que se sentía tan orgullosa estaban tecleando una contestación. También ella sentía curiosidad y así se lo expuso. La respuesta no faltó al día siguiente y con ella se estableció una hilación entre aquellas dos almas gemelas, que aprendieron a comunicarse con una cierta avidez.         

           En noches alternas, ella escribía su correo, abría sus más profundas entretelas y ansiaba esa respuesta a sus cuitas que llegaba, puntualmente, al día siguiente. Encerradas tras aquellas líneas había de todo: preguntas, respuestas, curiosidades, silencios (si es que se puede expresar un silencio con la escritura), risas, complicidad, exhibicionismo e incluso hubo una serie de correos de tan alto voltaje que tuvo que leer sentada sobre una toalla.        

          Aquel intercambio cotidiano la atrapó. Acabó conociendo mucho de aquella persona que se le abría de esa manera inicialmente azarosa, envolviéndola en un aura de necesidad que le hacía suspirar por aquellas letras ajenas.          

           Una noche más, con su piel pintada en nerviosismo, encendió el ordenador. Llevaba muchos meses en este sistemático rito, en ese diálogo virtual que se desarrollaba a través de estos correos electrónicos. Pero hoy iba a ser distinto, abrió aquel correo que, además de iluminar su pantalla, iluminaba su corazón. Y ante ella se desplegó un extenso panegírico de despedida, era el último correo que le iba a escribir, no entendía muy bien las razones que alegaba y aquel beso último con el que terminaba le sonó como si fuera un mordisco que le arrancara un trozo de piel. Apagó directamente el ordenador dando un tirón del enchufe, mientras secaba sus efluvios lacrimosos con el cuello de la camisa blanca que quedó salpicada de manchones negros.         

          Pero sabía que aquella despedida le sentaría bien, era la única forma de superar la esquizofrenia que sufría y, en el fondo, ya se lo esperaba porque ese correo de despedida de ayer, como todos los anteriores, se lo había escrito ella a sí misma. 

07/09/2007 23:07 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 8 comentarios.

03/09/2007

Vendimia

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Oro en esferas luminosas y piel de seda, acurrucadas por el sol del fin del estío, que resaltan en ristras verticales acariciando la tierra polvorienta. Uva mimada con esmero durante meses de laborioso trasiego. Hoy, ya con alas, dispuesta a volar de la sombra de la parra que le dio cobijo.

 

            Cuando destellan las primeras luces en el cielo, las suelas gastadas agitan el polvo de los caminos dirigiéndose, como en una laica peregrinación, hacia las vides que sonríen con cierta inquietud por el bamboleo del viento. Manos rugosas con tamo incrustado en las arrugas de unos jornaleros, que desconociendo la poesía de este entorno, sólo pretenden transformar esa uva en pan para sus hijos. Caricias habilidosas de portadores de frentes brillantes cuyas gotas saladas al caer sobre el fruto se mezclan con el rocío de la madrugada. Arranque, acúmulo y transporte hacia esos lugares donde una magia ancestral transformará esas sólidas redondeces en líquido que fluye.

 

            Río de mil colores, sabores y aromas, que se porta en viejas copas y en vasos finos, que reside en casas pobres y mansiones de ricos, en orgías desaforadas y en contratos estrictos, en celebraciones amistosas y en reencuentros muy vivos, en acontecimientos familiares y cuando decidimos cambiar nuestro destino.

 

            ¡Ya ha comenzado la vendimia!

03/09/2007 17:38 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

25/08/2007

Los que pasan inadvertidos

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         En ese continuo devenir de lo cotidiano, cada vez me encuentro con más gente que intentan pasar enfermizamente inadvertidos, como si fueran seres que se difuminan al andar o presencias incorpóreas condenadas a vivir.

         El color de su piel es indefinido, rayando en la transparencia y sus ojos carentes de brillo, cuando miran lo hacen sin ver. Son individuos que al atravesar una puerta no son capaces de expresar un saludo, como mucho una mueca retorcida que les afea el rostro. Acuden a manifestaciones, coreando eslogans y haciendo puro bulto. Trabajan en oficinas pero sus compañeros no son capaces de distinguir el día que acuden al trabajo del que se quedan en su casa, enfermos. Muchas veces, cuando estoy en una cola veo llegar a uno de estos individuos que se coloca al final de la misma. No sé cómo pero al  cabo de un rato está situado, en la misma, varios lugares por delante de mí. Si alguno es dependiente de una tienda, al entrar en ella, nos costará distinguirlo porque logran un extraño mimetismo con las estanterías y el mostrador. Y si, por casualidad, alguno es guardia civil de tráfico y nos pone una multa, transcurridas unas horas, habremos olvidado su rostro e incluso su sexo, aunque no olvidemos la multa.

          Sospecho que seres tan tenues deben pertenecer a una extraña secta, que ni siquiera entre ellos se relacionan y algunos, en el colmo de la tristeza, llegan al extremo de morir en esa soledad especialmente dura que pasa a todo el mundo inadvertida y no descubren su cadáver hasta semanas después del óbito.

           La esposa de uno de estos últimos, entrevistada, comentaba sorprendida:

-Ya me extrañaba a mí, que hiciera varias semanas que no nos cruzáramos por el pasillo de casa.

25/08/2007 13:14 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

06/08/2007

La farola

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         Caminaba por la calle penumbrosa en esas horas previas al amanecer. Al girar una esquina fue cuando me crucé con ella y, entonces, no pude remediar el giro de mi cabeza y que mi mirada quedara atraída por su trasero respingón. Eso le contaba al médico de guardia, con cierto azoramiento, mientras éste me cosía un punto en la herida, producida al golpearse mi cabeza contra aquella farola que pareció surgir de la nada. De pronto, ella entró con el Betadine. No sabía que trabajara de enfermera.Cuando se dio la vuelta sentí un fuerte tirón del punto que me cosían.

06/08/2007 19:06 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

02/08/2007

Salida del armario

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             Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a aquella tesitura, tanto que era extraño cuando la cabeza no le dolía por esa causa. Sopesaba los pros y contras, contrastaba la sensación enfermiza de sentirse encerrado con la de liberarse de los prejuicios inherentes a su condición. Noches sin dormir, imaginando cómo sería ese mundo luminoso al que aspiraba y por el que no se aventuraba debido a su temperamento cohibido y enfermizo.            

               No supo cómo, ni siquiera el cuándo, pero en un determinado momento una especie de ráfaga interior le impelió a tomar la que sospechaba que iba a ser la decisión de su vida: ¡saldría del armario! Arrastrado por aquella fuerza invisible abandonó la sensación de oscuridad para lanzarse a ese nuevo universo que se le abría al otro lado. 

                 Pssssssssssssssssssssssssssss

 -Ha quedado fulminada. Ya sospechaba yo hace tiempo que en este armario había termitas. Es una verdadera casualidad que acabo de comprar este bote de insecticida y ésta estaba saliendo del armario, justo ahora, de esa forma tan descarada.            

                  La conclusión es que el pensar más las decisiones no es una garantía de que la tomaremos en el momento más adecuado.

02/08/2007 17:55 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

22/06/2007

Un rencor profundo

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             Estréchame la mano, no seas rencoroso… Sí, ya sé que no me porté muy bien contigo, que tu mujer se vino conmigo y por mi culpa  te expulsaron del trabajo. Pero no seas así y dame la mano. Espero que seas capaz de olvidar todo eso.

             ¡Coño! dame la mano que se está rompiendo la cuerda a la que estoy agarrado y cuelgo sobre el precipicio. Vale,…¡no!, la que tienes impregnada de aceite ¡no!...¡la otraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

22/06/2007 15:51 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

26/04/2007

La prima Vera

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           Aún resuenan en mí, tus ahora lejanas palabras. Cuando escribías, aquellas líneas cobraban vida y asperjaban sobre mi espíritu esas gotas vivarachas como las del rocío que reciben las flores al amanecer. Tu ansia de vida se reflejaba en cada recoveco del texto  y tu indisimulada pasión se transmitía al que tenía la fortuna azarosa o rebuscada de encontrarse con tus letras. El que caía en tus redes difícilmente se libraba y la adicción a aquellos surcos ardientes no dejaba que se pudieran olvidar con facilidad.             

           ¿Qué te ha pasado? Hoy hablé contigo, Vera, sorprendido al leer tu último escrito. ¿Último significa definitivo? Se notaba el esfuerzo sobrehumano que habías desarrollado para trazar unas ideas asépticas, desinfladas y al borde de la desintegración. Y fue, cuando me comentaste, que este tiempo y las circunstancias que ahora te rodean habían convertido tu vida cotidiana en una línea semejante a la de un encefalograma plano. Que tus dedos parecen haberse quedado anquilosados y carecen del riego sanguíneo necesario que los transforme en vivarachos sobre el teclado. Que estos días precursores del estío acorchan tu ánimo griseando tus días. Tu ansia por las letras se ha convertido en un recóndito recuerdo que te duele y no asimilas. Y lo peor es, no que no sepas que escribir sino, que aquella ansia de transmitir tus vivencias se haya difuminado hasta el punto de pensar que careces de ellas,            

             Por eso querida prima, espero que una vez superada esta época de astenia recuperes con el verano esa vida floreciente que no logras del todo ocultar y que este tiempo de pre-estío te ha negado.

26/04/2007 23:54 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo No hay comentarios. Comentar.

12/04/2007

De libros e historia

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           La televisión pública andaluza no destaca por su calidad, sin embargo hay un programa que es la excepción a ello. Me refiero a El público lee, un interesante programa sobre literatura de una hora de duración que presenta Jesús Vigorra. Cada día está dedicado a un libro para eso acude el autor y tres lectores y entre todos se comenta de manera amena e interesante, profundizando en esa obra y en su autor. Siempre hay un rato para recomendación de otros libros. Siendo el mismo programa y presentador, influye mucho el autor de cada semana para que no me acabe aburriéndome o no aparte los ojos, como si estuviera hipnotizado, de la pantalla.

          La semana pasada acudió Antonio Gala. Es un escritor del que no me gusta mucho lo que he leído de sus novelas, pero sí recuerdo con verdadero deleite aquellos artículos en el País en los años 80 que se agrupaban con el genérico nombre de "Charlas a Troylo" y "Cuadernos de la Dama de Otoño" más tarde. El programa con su presencia resultó muy interesante, presentaba su último libro "El pedestal de las estatuas", donde nos narra la historia de Antonio Pérez el que fue secretario de Felipe II y, al parecer, entra un poco en aquella intrahistoria o historia menos conocida de aquel mundillo y sus intrigas palaciegas. Con sus opiniones se puede estar o no de acuerdo, pero no puedo negar la gran agudeza intelectual de este escritor que es capaz de sacar a la luz ideas originales e interesantes. Tras este programa me quedé, desde luego, con ganas de leer ese libro.

12/04/2007 19:40 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

04/04/2007

Meme literario

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         Acepto la invitación que me hace Gatito Viejo en su blog para participar en esta meme literaria que circula por internet. Me parece interesante esto de que el azar acerque las líneas y, además, y a un libro, hasta ahora tal vez desconocido, al que lea este post. Consiste en abrir un libro por la página 139 y transcribir un párrafo. Tomo un libro de Angel Zapata atractivo y práctico para el que se anime a sumergirse por los fondos de la escritura:

"Hasta hace algunos años (puede que cinco o seis), os confieso que solía ponerme muy serio en el momento de escribir. Tal como yo lo percibía entonces, el hecho de escribir estaba en las antípodas de esa actitud espontánea y enteramente natural que recomienda Natalie Goldberg para la práctica de la escritura".  (La práctica del relato- Manual de estilo para narradores - Angel Zapata- Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja-pág. 139).

04/04/2007 22:13 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

02/04/2007

Escucharte en el silencio...

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        ...en palabras mudas rebosantes de vida es, una tarea que creía imposible y en la que el tiempo me está instruyendo, como a prestarle oídos a la sinfonía de la vida. Resuena en mí el tictac de un corazón exageradamente vivo, sin manecillas, y tus buenos deseos van copando los últimos intersticios de mi cuerpo. Tu presencia ausente me acompaña, desde la aurora hasta el atardecer, engalanando mi día con adornos de colores siempre nuevos y modelando, sin intencionalidad, mis deseos en figuras deseosas de caricias mimosas. Tu mirada profunda cubre mi desnudez de una pátina invisible que me hace perder el miedo al universo circundante.    

       Y yo sueño…con ese momento en que tu presencia cercana destroce, al fin, todas mis fantasías y anhelos porque ya no será necesario el  mantenerlos.

02/04/2007 15:32 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

23/03/2007

¡Cero patatero!

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             He intentado localizar esa norma que ahora han sacado de la chistera por la que no se permite poner un cero en los exámenes, sino un uno como nota mínima. Me parece un despropósito, contra la misma esencia de las matemáticas, poco meditado y que puede crear más perjuicios que ventajas. Se pretende que a un alumno, aunque deje el examen en blanco,  no se le pueda colocar esa cifra, cerrada sobre sí misma, tan original como resulta el cero. Se me ocurren algunos problemas de entrada.

            Si se es profesor de matemáticas y se ponen diez problemas en un examen, si hay un alumno que no resuelve ninguno ¿en base a qué se le puede poner la misma nota al que ha resuelto un problema que al que no resuelve ninguno? En el fondo lo que se está haciendo es regalarle un punto al que no sabe absolutamente nada, que es el que menos se lo merece. Porque al que saca un nueve si se le sube al 10 se le ha regalado el 10% de la nota que se merece. Si al que saca un uno se le sube al dos el regalo es del 100%, el doble, de la nota que se merece. Pero si de un cero se sube a un uno es el infinito % de lo que se merece. ¿Con que razón le aumentamos ese punto a ese y no al resto? Los de cuatro que se han esforzado mucho más dirían, con toda lógica, que ellos quieren también ese punto que los separa de los límites del aprobado. Con ese punto de “regalo” hay quien propone que la solución sería poner sólo nueve preguntas, así los de cuatro ya estaría automáticamente aprobados y la ignorancia social creada por los últimos planes de estudio se iría extendiendo a marchas forzadas. ¡Qué razón tenía un profesor que tenía de matemáticas que decía que cada cambio a nuevo plan de estudios era inversamente proporcional a lo que aprendían los alumnos afectados!Estamos creando un punto de la nada y eso es muy delicado.

           ¿Quién dice que eso no puede crear un peligroso precedente? Imagínese el resultado de un partido de fútbol que, con la excusa de que no cunda el desánimo de los jugadores y sus aficionados, todos los resultados se transformen en uno, para evitar la vergüenza inherente a no haber metido ningún gol en la portería ajena. Dirían que por el solo hecho de jugar ya se merece el uno en el marcador. Sólo se piensa en el alumno, pero ¿y en los profesores? Es un gremio cada vez más maltratado síquicamente, nadie ha pensado que es negarles esa insignificante, pero necesaria terapia, de imprimir un rotundo cero en los exámenes de esos alumnos díscolos, vagos redomados y flojos recalcitrantes.

          Yo al que sí  le pondría un cero patatero es al que se le ha ocurrido esa genial idea que va a poner a temblar los cimientos de la propia matemáticas.

23/03/2007 15:37 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

17/03/2007

El reloj pintor

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        Nuestra vida transcurre unas veces plácidamente y otras de forma tan acelerada que tememos encontrarnos sorpresivamente con un muro que detenga su camino. Hay momentos puntuales en que nos encontramos con personas o situaciones en las que nos gustaría quemar etapas que el tiempo corriera a la velocidad de la luz para situarnos en ese lugar imaginado que, creemos, siempre será mejor que éste. Es lo que tiene cuando sólo esperamos "llegar" y nos olvidamos de algo tan sabio como necesario: disfrutar del camino.

         Pero cada minuto puede ser importante, fundamental e irrepetible. Tenemos, por tanto, que dejar de dar empellones al tiempo y saborear ese momento de colores que nos va dibujando nuestro reloj pintor con sus agujas a modo de pinceles. Al final sumando todos los momentos llegaremos a ese lugar, probablemente más hermoso de lo imaginado y, además, tras haber salpicado de colores todo el camino recorrido.

17/03/2007 12:01 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

08/03/2007

Su mejor momento

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              Dentro de pocas semanas cumplirá un año más. Desprovista de esa euforia con que cumplen los niños, los acepta con el sosiego de quien reconoce que el año que cumplió  los cuarenta está ya lejos. Se considera “normal” para su edad. Un cuerpo cuyas curvas han sido dibujadas de manera caprichosa por el tiempo, con algún que otro acúmulo de grasa no deseado. Unos pechos, a estas alturas, tentados más por la fuerza de la gravedad que por unas caricias tiernas. Una melena con la que el viento juguetea continuamente y que  está salpicada con un estilo insolente por sus primeras canas. Los ojos, apagándose con la sombra de las hojas del calendario, aún conservan esa chispa que le permite  a ella sonreír incluso sólo con la mirada.            

               Ella es consciente de que está en un punto óptimo de su vida, ahora conoce bien sus fuerzas y sólo aspira a conseguir aquello que sabe que, sin duda, alcanzará. Es capaz de actuar como le da la gana, sin que nada ni nadie oriente sus actuaciones. Sabe muy bien que ella, independientemente de todo lo demás, es lo esencial para sí misma, pero desde que descubrió, además, que es muy importante para alguien más, que no le pide nada a cambio, ya no lo duda: ¡está en su mejor momento!

08/03/2007 14:49 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

03/03/2007

Ejecutivo ¡al fin!

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            Apenas pegó ojo en toda la noche. Hoy era su día grande, el que había soñado durante tantos años. Al que había dedicado todos sus esfuerzos desde que terminó en la Universidad: tres años de doctorado, un máster en la Universidad de Princenton y una etapa en prácticas durante dos años en una empresa situada en Tokio. Podía haber seguido allí e iniciar una meteórica carrera, pero él echaba de menos la luz de su tierra y decidió volver a ella a expensas de retrasar su carrera profesional.

           Con este brillante currículo todo lo que consiguió fue un puesto de Jefe de Sección en una fábrica de la Bahía. Ya llevaba así tres lentos años en que empezaba a arrepentirse de haberse alejado de las faldas del Fujiyama. Pero una semana antes una reunión a la que acudió con el director gerente y el subdirector, ambos norteamericanos, le iluminaron su futuro. Iba a ser el responsable máximo de Recursos Humanos, ya que el anterior se iba a acoger a una jubilación anticipada. Y al fin llegó ese gran día. Le hizo planchar hasta tres veces el traje, que se iba a poner, a su mujer argumentando arrugas invisibles. Ya planchado a su gusto se lo colocó y se dirigió a la fábrica. Miraba a los trabajadores, que entraban en ese momento, con esa cara del que va a ser responsable de todos ellos y, en el fondo, de una parte importante de sus vidas. El director y el subdirector lo saludaron efusivamente, tenían fuera un coche que los llevaba al aeropuerto pues debían ir a Nueva York a una reunión muy importante que los habían convocado. Le dijeron que se fuera familiarizando con su nuevo trabajo y lo único que le encargaron es que el contenido de un sobre que tenía su nueva secretaria lo publicara en los medios de comunicación. Él sonriente los despidió con un apretón de manos y le dijo que no se preocuparan que él  lo haría como le habían dicho.              

             No sabía que la apertura de aquel sobre destaparía la Caja de Pandora, era el anuncio del cierre de la fábrica, debido a su falta de competitividad, y el despido de 2.000 trabajadores. De pronto se vio envuelto en un tornado poderoso que lo envolvió sin darse cuenta, llamadas de los distintos medios de comunicación preguntándole cosas que no sabía responder, políticos de todas las marcas y colores que solicitaban explicaciones y reuniones, manifestaciones de trabajadores que gritaban noche y día… Y aquel traje se le fue arrugando…y las pocas horas en que podía volver a casa no podía dormir…y aquel ascenso fulminante le explotó entre sus manos. Por tanto no es extraño que al cabo de tres semanas, una mañana se acercara a un grupo de encapuchados que iban a tirar una enorme piedra contra la puerta de entrada, les arrancara la piedra y, quitándose la corbata, él mismo lanzara la piedra haciendo la puerta añicos. Cuando su mujer fue a recogerlo a la Comisaría, no recordaba, nunca, haber visto una sonrisa tan amplia dibujada en su cara. 

03/03/2007 13:09 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

24/02/2007

Despertar

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            Despertó un domingo más. Descansado tras horas de sueño, aún no había amanecido. Se notaba flotando en tan irreal atmósfera y se mantuvo en esa semivigilia en la que ansiaba, desesperadamente, mimosas caricias.

            Buscó como inexperto zahorí, esa agua, que no encontró para apaciguar la sequedad de su cuerpo. Intentó atenuarla con las gotas que brotaban de sus propios dedos, mientras su imaginación impulsada por alas surcaba el aire en busca de una fuente de agua clara.

            Las gotas de sus dedos y las estelas de su imaginación fueron, poco a poco, cubriendo su cuerpo de una pátina placentera que si bien no calmó de todo su afán, una vez que estalló le ayudó a seguir durmiendo…y soñando.

24/02/2007 14:15 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

21/02/2007

Una peligrosa terapia

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           Cosme tomó asiento en una de las cinco sillas que rodeaban a aquel terapeuta argentino. Después de él fueron sentándose sus tres compañeros, no conocía a nadie, era la primera vez que iba. El repiqueteo de unos tacones le indicó que la cuarta era del sexo femenino. Efectivamente, unas piernas bien esculpidas y sin fin trajeron frente a él a una mujer de curvas imposibles que, en seguida, calificó como la más hermosa que nunca había visto en su vida. Se sentó en la silla dejando caer sus abundantes rizos sobre su rostro dejando asomar el rojo brillante de unos labios humedecidos.

          Aquella era una experiencia a la que había accedido aconsejado por su sicólogo. Cada uno tenía un problema diferente, ninguno sabía nada del otro, y la terapia común consistía en escuchar unos datos comunes sobre la personalidad que les iban a impartir durante varias sesiones. El problema de Cosme era el de una timidez excesiva, castrante y dolorosa, que quería superar. Cuando aquella joven se sentó frente a él y anudó de manera imposible sus piernas sus mejillas enrojecieron con un color que pareció reflejar los labios de ella. ¿Por qué estaría ella allí? Cuando terminaron la sesión le intentó decir algo, pero su lengua se resistió a hacer el más leve de los movimientos mientras ella, con movimientos ondulantes, se alejaba por el pasillo. Al día siguiente consiguió sentarse a su lado, él observaba con disimulo cómo aquella mano de dedos finos y uñas alargadas tomaba apuntes sin cesar. Y empezó a sudar copiosamente cuando detectó algunas miradas de reojo, sin disimular por parte de ella. Ese juego de peculiar seducción siguió durante un par de semanas, pero lo más peculiar fue lo que ocurrió el día…. festividad de San Cosme, aquella mujer con la que no había cruzado una palabra le tendió un pequeño paquete en papel de regalo. ¡Era una bufanda en color amarillo fosforescente que a él le pareció la más hermosa del mundo! Un gracias, inaudible, se disolvió en su lengua intentando agradecerle el detalle.

          Si alguien pensara que ese gesto transformó aquella peculiar situación está equivocado, el único cambio notorio fue que, a partir de aquel día, Cosme acudía a las reuniones con aquella bufanda fosforita en torno a su cuello. La semana siguiente hubo otro cambio que deslumbró a nuestro protagonista, aquellos rizos caprichosos habían dado lugar a un pelo liso y sedoso que acariciaba los hombros de su compañera de asiento. Ella lo sorprendió cuando admiraba aquel cambio y sacando un caramelo del bolsillo dijo la primera palabra que él había escuchado de sus labios, mientras le tendía un caramelo: ¿quieres?

           Mudo por la emoción cogió aquel caramelo y pasó a saborearlo con delectación. Mientras Cosme la miraba, ella sin levantar la cabeza del papel no dejaba de escribir. En aquel momento una sacudida atrás de la misma hizo que el pelo haciendo una cabriola por el aire, volviera a su espalda. Entonces pudo ver lo que ella ¿escribía? ¡era un dibujo!

             En aquellos trazos simples pudo ver cómo una mujer de labios rojos y cabello liso daba un caramelo a alguien que con su bigote, sus cuatro pelos malcontados al que en aquel momento ella coloreaba la bufanda dibujada con un rotulador amarillo fosforescente ¡ya no dudó que se refería a él! Lo peor fue cuando al fijarse con más detalle observó que el caramelo tenía dibujada una calavera.  Mientras perdía la consciencia pudo atisbar, como si la viera entre niebla, una leve sonrisa en aquellos labios rojos. Nunca llegó a averiguar que la causa de que ella asistiera a aquella terapia era que tenía un instinto asesino compulsivo. 

21/02/2007 15:22 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

17/02/2007

Día eterno

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           Hoy se me hace el día eterno. Miro al reloj otra vez. ¡Qué lento pasan los minutos! Y qué duro disimular cada vez que lo veo por el pasillo. Es lo mejor, dice él. Llega la tarde y con el declinar de la luz del día empiezo a ponerme nerviosa. La noche está cerca…            

           Estaré esperándolo en mi cama. Desnuda como siempre. Aguzaré mi oído cuando escuche sus pasos serenos por el pasillo. Y mi corazón pegará un salto cuando entre en mi habitación. Me echaré a un lado en la cama para hacerle hueco y estaré deseando sentir el calor de su cuerpo en íntimo contacto con el mío. Desearé que me rodee con sus brazos, saborear esas sensaciones que, sus dedos traviesos, afilan con esa destreza que les caracteriza y sentir cómo reviven mis pechos al envolverlos en sus caricias. Jugaré con el vello de su piel mientras nos comunicamos en silencio con los ojos en la penumbra que impone la oscuridad. Y disfrutaré dejándole que se pase toda la noche escribiendo, de arriba abajo, sobre mi cuerpo palabras de amor…            

          Sólo espero que cuando se marche, no le pase como ayer, que al coger sus gafas de mi mesilla de noche, tiró con estrépito mi bastón al suelo y casi despierta a la cuidadora que está de turno de noche en el asilo.

17/02/2007 13:13 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

02/02/2007

Sin aplausos

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             Llevo toda la vida sin que me hayan aplaudido nunca. Tengo ya…, les parecerá imposible, pero en este momento no estoy ni siquiera seguro de tener edad alguna. No pido grandes aplausos como los que reciben los artistas tras su actuación o los políticos tras sus fuleros mítines. No es eso, sólo me gustaría haber recibido alguna vez la caricia en mis oídos de ese sonido, que producen las palmas entrechocándose, como reconocimiento ajeno a alguna de las cosas que he hecho en mi vida. Porque supongo que alguna actividad, merecedora de un aplauso, habré realizado.

 

            También puede ser que haya vivido tiempos parcos en aplausos. Hoy desde que nace un niño, los aplausos le acompañan: en sus cumpleaños (antes no los celebrábamos), en su función navideña de la guardería (nunca fui a una guardería), en sus distintos actos de graduación (Secundaria, Bachillerato, Universitaria, Master… yo no tuve nada de eso me dieron el aprobado y para mi casa). Hemos pasado de un extremo al otro. A mí nadie me aplaudió, ahora parece que cualquier cosa que se hace hay que aplaudirla, como si fuera necesario ese empujón ajeno o actuara como cebo para que se haga merecedor del siguiente escalón del aplausómetro. Pero yo debí llegar tarde a todo eso, porque a pesar de mis distintos méritos, nadie me aplaudió absolutamente por nada.

            Sin embargo, hay gente de mi edad e, incluso cercana a mí, cuyo espíritu ha florecido por multitud de aplausos. Recuerdo el caso de Pepe que vestido como un figurín fue pregonero de la Semana Santa, y aquel auditorio agradecido estalló en una sonora ovación ante sus fáciles rimas y rebuscados ripios. O el de Valentín que no sabe ni hablar, pero su voz confundida entre las de su chirigota hizo poner en pie a todo el público carnavalero. O, incluso, el de Arístides cuyo único mérito fue el de “vocear” un discurso de tres líneas al acabar una manifestación contra la subida de impuestos, no sólo hubo aplausos y vivas, sino que poco más y si no pesara 150 Kg lo hubieran cogido en hombro como a los toreros.

            Pero a mi nadie se le ha ocurrido nunca aplaudirme…¿Qué oigo? Me parece estar escuchando aplausos,…¡son para mí! Al fin, lo conseguí. ¿Quién me lo iba a decir después de lo mucho que  siempre me he quejado de no recibirlos?

           Parece que es mucha gente la que aplaude. No acabo de distinguir bien el sonido a través del grosor de la madera. Pero ¿a ninguno de estos imbéciles, que aplauden, no se les ocurre pensar que no estoy muerto sino que sólo he sufrido una catalepsia?

 
02/02/2007 15:24 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 3 comentarios.

17/01/2007

Entre sus brazos

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            Entre los brazos de su madre acogido con cariño permanecía el niño. Ella lo estrujaba contra su pecho meciendo con levedad aquel tesoro, mientras sus ojos hinchados de ternura contemplaban arrobada aquella criatura indefensa. El tiempo parecía haberse detenido. El pequeño no dejaba de mirar a su madre…y sonreía con esa sonrisa luminosa de inocencia que sólo saben dibujar los niños. Sus manos diminutas semejaban dibujar en el aire pompas de jabón que aquellos labios maternales acariciaban en el aire con sus besos. Se sentía a gusto, protegido y seguro como nunca más lo estaría cuando se desprendiera de aquellos brazos y empezara a andar hacia ese destino incierto que la vida le tenía preparado.

             Pero muchos años después, cuando ya la madre sólo formara parte de la memoria, aquel niño, hoy canoso y arrugado, al cerrar los ojos aún podrá sentir la sensación imborrable de aquel, amoroso y cálido, abrazo en torno suyo.

17/01/2007 15:32 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

07/01/2007

El día después

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     Ya pasaron los Reyes y con ellos se fueron los regalos cariñosos acompañados de las compras compulsivas y de los absurdos artilugios que llegan a las casas y no se sabe donde colocarlos, aunque el impulso primigenio sea el de tirarlos directamente a la basura para reciclarlos. Entre los muchos desperdicios de estos días está el de los kilómetros de papel de regalo que suelen tener una efímera vida.

      Nunca le había dado importancia al papel de regalo, pero este año, cuando entré en la librería desde rincón donde descansaban los papeles de regalo, lo ví. Era el papel más bonito que nunca había visto. Un matiz brillante, sobre el que destacaba unos tonos rojos y verdes, cubrían toda su superficie y en medio de unos veinte papeles diferentes sobresalía como un príncipe encantado de cuentos. Me llevé a modo de cetros reales una buena provisión de rollos de este papel hasta mi casa. Durante el tiempo en que estuvieron en lo alto del armario, parecían saludarme con un guiño cómplice cada vez que entraba en la habitación.

       Al fin llegó la víspera de Reyes. Este año aquel trabajo entre tedioso y angustioso de envolver regalos y despegar el papel adhesivo se convirtió en ameno. El tacto de aquel papel despertaban en mí viejas sensaciones olvidadas y su colorido singular atrapaban mi mirada durante aquellas gozosas horas. Las cajas empezaron a perder su aspecto exterior uniformándose todas de aquella envoltura. Ni una arruga y dobleces perfectos. Cuando deposité aquella valiosa carga bajo el árbol de Navidad vi que eran los paquetes más hermosos y que destacaban respecto a todos los demás. Una sensación extraña me invadió, hubiera querido que aquellos paquetes nunca se abrieran, que permanecieran siempre cerrados como si el verdadero tesoro estuviera fuera y no dentro.

        Pero aquello sólo duró un instante.  En el momento en que las distintas manos los asieron, no miraron ni el color, ni la forma, ni siquiera aquel brillo que me había onubilado y en décimas de segundo aquel papel era rasgado, a la par que mi corazón, y pasaba a acumularse junto a otros en un montón informe. Ni siquiera presté mucha atención a mis regalos, pendiente de cómo aquel papel desaparecía de mi vista camino del contenedor azul. Aún por la noche sentía aquella nostalgia dolorosa de aquel brillante envoltorio, pero al abrir el cajón de mi mesa de noche salió, como una sonrisa, de su interior un trozo reluciente que se había quedado sin usar. Lo tomé entre mis manos con el mismo cuidado que se trataría al último especímen de una especie a extinguir y tomando un libro de poemas que me acompaña, desde hace años, junto a la mesilla de noche me puse a forrarlo, con delicadeza, con ese papel. El libro quedó mucho más poético y ahora, no sólo sus poemas me riegan por dentro, sino que su exterior brillante, aparte de dejarse acariciar por mis dedos, hace que paladee, de manera única, mi mirada.

 

 

07/01/2007 18:03 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 8 comentarios.

28/12/2006

El día de la independencia

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             Arístides Oiratilos fue hijo único y eso le convirtió en un niño solitario e independiente. Sus diversiones transcurrían en la más estricta soledad ya fuera devorando libros como un león hambriento o interminables partidas de ajedrez contra él mismo, que irremisiblemente quedaban en tablas. Cuando creció siguiendo la estela familiar montó una empresa, le sonaba bien eso de ser autónomo y en ella pasaba horas, semanas y días. Pero como a todos también a Arístides le llegó esa flaqueza, luego se dio cuenta que era eso, del amor y fue cuando, un día que fue a encargarle un trabajo, conoció a Rosaura. Sus ojos acaramelados, sus andares pausados, su hablar meloso, sus curvas ondulantes, sus pechos consistentes, sus manos perfectas…nunca supo qué de todo aquello contribuyó a quebrar su instinto de lobo ermitaño y le hizo caer en sus redes.            

             Tras un corto noviazgo Rosaura lo empujó, así se sintió, al altar y tras un viaje de novios a un islote solitario, que eligió Arístides, iniciaron su vida de casados. Rosaura resultó ser una mujer trabajadora, hacendosa y…mimosa. Desde que levantaba hasta que se acostaba estaba pendiente de Arístides. Tras afeitarse por la mañana se encontraba su ropa perfectamente planchada sobre la silla y el desayuno en su punto en la cocina. Durante la mañana la voz almibarada de Rosaura sonaba en el oído de Arístides cuando el teléfono del trabajo sonaba varias veces, para preguntarle cómo estaba, qué quería comer o si necesitaba que le comprara algo de la calle. El almuerzo lo esperaba puntualmente sobre la mesa y cuando se iba a tumbar en el sofá se encontraba el cojín arrellanado por las manos de Rosaura, quien se apresuraba a colocarle una manta sobre las piernas en cuanto se sentaba. La tarde transcurría de forma análoga a la mañana tras la cena, ella se sentaba junto él, le preguntaba por el canal que quería ver y, a continuación, le daba un masaje en la espalda para relajar tensiones, en lo que era experta. Cuando él vencido por el cansancio se iba a la cama se encontraba allí con una bolsa de agua caliente preparada con cariño por su mujer.  

           Todo esto que a muchos hombres haría feliz empezó, poco a poco, a causar un cierto hartazgo en Arístides. Y como muchos empezó a mirar hacia atrás con nostalgia de lo que había dejado: la independencia. Anhelaba sentirse libre, el poder equivocarse sólo, estirar los brazos sin el peligro de darle a su mujer en la cara. Se sentía sumamente agobiado y quería huir de aquella reclusión, aunque la jaula fuera de oro, en que se sentía sumido. Fue, entonces, cuando se le ocurrió la idea de ir de vacaciones a esquiar a Sierra Nevada. Serían unos días donde él, experto esquiador, podría dedicarse durante horas a deslizarse, libre como un pájaro, mientras ella quedaría en el hotel. 

             Arístides supo que aquel día sería diferente, cuando sintió el aire fresco de la sierra. Se ajustó los esquíes y subió al telesilla. A su alrededor se agolpaban otros muchos esquiadores pero él se sentía liberado lejos del cuidado protector de su mujer. Empezó a deslizarse primero despacio y luego, a medida que recuperaba la habilidad de antaño, a mayor velocidad. Se sentía libre. Hoy iba a ser el día de la independencia. ¡Volaba! Sorpresivamente tras dar una curva apareció una piedra y no supo como si todo era blanco, en un instante, se transformó todo en negro.  

              Todo esto pensaba Arístides en el primer aniversario de aquel suceso. Rosaura se inclinó amorosamente y con un pañuelo le limpió la saliva de las comisuras de los labios, mientras Arístides intentaba esbozar una sonrisa. A continuación aquellas manos perfectas siguieron empujando la silla de ruedas en la que se desplazaba su marido.              

28/12/2006 21:34 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

15/12/2006

A una isla desierta

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            Desde que hace unos  años descubrí el inmenso potencial que encierran las palabras, las guardo como si de un preciado tesoro se trataran. Por eso no dudaría si me hicieran esa pregunta tópica de ¿qué te llevarías a una isla desierta? 

            Lo tengo claro, me llevaría mi pendrive, con la memoria saturada de líneas y frases. Pero reflexionando un poco más: una vez que llegue a allí ¿en dónde lo conecto?¿tendrán los cocoteros un puerto USB libre?

  
15/12/2006 14:53 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

13/12/2006

¿Dónde cuelgo las bolas?

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            Una vez más la incisiva viñeta de mi paisano MEL me sirve de cabecera a este post, pues me he visto reflejado en esa actitud, entre sorpresiva y escéptica del naúfrago.

            Miro a mi alrededor y, en muchas ocasiones, me siento así aislado en medio de la sociedad, la soledad, inmensa y a ésta todo lo que se le ocurre, porque son las fechas típicas para ello, el suministrarme una caja de cartón con adornos navideños.

            Necesitamos una sociedad más solidaria, capaz de preocuparse por el más próximo y no bolas de navidad. En los trabajos, menos explotación, más compañerismo y camaradería y no guirnaldas en las ventanas. En las familias, un ambiente sano, un verdadero interés y apoyo por los demás, superando envidias y tendiendo puentes en esos muchos abismos que crea el dinero. En todos, ese cuidado por el detalle que intenta destacar aquello que agrada a los demás: unas palabras, una sonrisa, un simple sms,...y no el lanzarnos desaforadamente a la calle a la compra compulsiva de unos regalos, en la mayoría inútiles, que sucumbirán aburridos en un rincón.

              Pero para todo esto no es necesario que sea navidad, tenemos mucho tiempo para desarrollarlo, concretamente trescientos sesenta y cinco días cada año. Por eso, por mí, se pueden quedar con esas bolas y guirnaldas; o mejor, las lanzaré al mar. Las guirnaldas irán a ponerle ese tono de color que necesita la oscuridad abisal y en cuanto a las bolas se irán dispersando sobre las olas hasta que se conviertan en juego de sirenas. Creo que quedaré con la caja de cartón que, desde su aparente inutilidad, la considero más necesaria que todo su contenido.

13/12/2006 23:02 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

12/12/2006

Tras un despertar

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          Blanca, hija única, nació en una familia de posibles, en la que nunca le faltó nada material, pero en la que no abundó lo que en realidad ella más necesitaba. Su infancia se perdió entre las líneas cuadriculadas que trazaba con escuadra y cartabón  su padre, Don Fernán, quien se jactaba frecuentemente, en público de “luenga ascendencia hidalga”. Sin percatarse de ello, la niña se transformó en adolescencia. no era tonta y sabía que la rebeldía habitual de su edad se hubiera estrellado contra el muro de granito, cada vez más reforzado de Don Fernán. ¡Tienes de todo, te podrás quejar! le inquiría cuando el menor atisbo de descontento asomaba a sus labios.  

           Transformada en grácil doncella, incapaz de alzar el cuello por encima del estrecho pasillo existente  entre aquellos muros, fue por aquel camino por donde se topó con Ángel. Colocado allí por don Fernán ya que adivinó en aquel joven su sorprendente fotocopia y pensó que era el adecuado para su hija. El noviazgo duró poco y, ya casados, no tardó Blanca en darse cuenta que su marido de Ángel sólo tenía el nombre. En su ingenuidad no dudó demasiado, huyendo de las garras que le atenazaban sobre su cabeza pero cayó en  otras garras peores que ahora la rodeaban  en torno suyo. Y los años la fueron colgando de arrugas que no disimulaban sus trajes de diseño, hasta la forma de vestir se la imponía aquel par de rapaces, y mucho menos aquellas otras que iban por dentro y que iban transformando en opaco el antiguo brillo de sus ojos. Nunca tuvo hijos, ella lo entendió como normal ya  que siempre había escuchado que eran fruto del amor de una pareja, algo inexistente en su vida.  

             Pero un día, recién estrenada la cuarentena el peso de aquellas arrugas se hizo tan insoportable que por primera vez en su vida soñó. No recordaba qué había soñado, aunque sí supo que desde ese momento había cambiado y le pareció que el aire que entraba a través de su nariz era un aire renovado. Empujó a un lado del armario aquellos lujosos vestidos y sacó del fondo los únicos pantalones vaqueros de que disponía  y una camiseta blanca. Se embutió en unas chanclas de goma y con paso firme se dirigió a la empresa que, según su padre y su marido, le daba de comer. El silencio habitual de los trabajadores se esfumó en un murmullo cuando le vieron atravesar de esta guisa por delante de ellos y dirigirse al despacho de Dirección, en el que estaban reunidos su Angel y D. Fernán. No dijo absolutamente nada pero ni ellos se hubieran atrevido a hablar ante aquella mirada y aquel rostro transfigurado y resolutivo. Con gestos pausados  pero imparables, comenzando por la camiseta, se fue despojando de toda su ropa hasta quedar totalmente desnuda. Luego escupió al suelo y mostrando un culo bien formado a aquellas dobles parejas de ojos que la miraban atónitos, salió del despacho dirigiéndose de esta manera a la puerta de la calle. 

            Cuando salió la brisa de la mañana cubrió pudorosamente aquella piel de igual color que su nombre y ya no pudo escuchar un aplauso cerrado que los trabajadores de la empresa le dirigieron. Pero no importaba, sus pies descalzos semejaban tener alas y la dirigieron con pasos seguro hacia aquel lugar del que sabía que nunca regresaría.

12/12/2006 23:59 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

03/12/2006

¡Ya llegó!

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        Se levantó con un fuerte dolor de cabeza. No recordaba nada de lo ocurrido la noche anterior. El estómago lo notaba pesado. Salió con paso vacilante de su dormitorio mientras su zapatilla hacía crujir una bola de color verde que se atrevió a  cruzarse en su camino. Los desperdicios de comida sobre la mesa de la cocina arañaban el aire con su mezcla nefanda de olores. Dos botellas de champagne vacía se besaban apoyándose mutuamente por sus golletes para no caer. Junto a ellas mi cartera abierta había sustituido los billetes por justificantes de compras. Papeles rasgados de regalo se amontonaban en el suelo con una forma caprichosa. Su cabeza parecía girar a la par que la habitación. Miró el calendario: 3 de Diciembre, una idea gris empezaba a tomar forma en su cabeza, en aquel momento un retortijón lo condujo urgentemente al retrete. En el lavabo un gorro de Papá Noel. Cuando sentado en la taza a través de la ventana le llegaron los sones de un villancico, no lo dudó: ¡cada vez se adelantaba más todo ese marketing navideño, que impulsaban los comercios!

03/12/2006 23:16 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 4 comentarios.

15/11/2006

El día en que te descubrí

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          Parecía una tarde como cualquier otra, pero no tardé en darme cuenta que iba a ser distinta. Te vi a mi lado, sin prestarte gran interés. Te conocía desde hace mucho tiempo, quizás demasiado, desde mi infancia, pero nunca me habías llamado especialmente la atención. Siempre me pareciste, a pesar de verte con muy variadas vestimentas, muy simple, igual a cualquier otra, incluso te confesaré que me atraías menos de lo habitual. ¿A qué se debía? No sé ¿tal vez que no te había conocido en profundidad?¿o que no había tenido ese acercamiento necesario del que nace el cariño?

          Pero ayer fue diferente, también el ambiente parecía ayudar a ello, tenía las emociones más latentes, casi a flor de piel. Entonces fue cuando te presentaron a mí, como si fueras una desconocida. Te vi, como siempre, pero esta vez destellabas pequeños brillos. Y al recorrerte tu visión acarició mis ojos de una forma que nunca lo habías hecho. Te tomé entre mis manos y me entraron unas ganas locas de saborearte. No me reprimí y me perdí entre tus rincones, te gocé y disfruté como nunca pensé que lo haría contigo. Creo que no olvidaré aquel rato y que, a partir de ahora, desde que te he descubierto, querida poesía, serás diferente y única para mí.

15/11/2006 23:11 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 6 comentarios.

10/11/2006

Mientras escribía

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               Mientras escribía estas líneas,a través de mi ventana abierta llegaste volando, como si fueras una mariposa, , tu sonrisa iluminada y con ella. tu olor, tus inquietudes, tus razonamientos, tus ilusiones, tus miedos y aquella, por mí, tan anhelada presencia y, desde ese momento, mis ideas se confundieron, mis palabras se mezclaron y mis letras se volvieron locas: kskfjdfm asefsdfjsdfj  gfdsf fsfjjfjfjfpe hfhahf  hhh  ffuifuir39io

10/11/2006 15:22 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

08/11/2006

Su último brillo

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        La tarde nublada besaba humedades cuando tu presencia solitaria, pendente de una rama, engalanada con tus tonos aún amarillos rompiendo la monotonía parda del ambiente, atrajo mi atención. Te agitabas con suavidad en el aire, o tal vez eras tú, resolutiva, la que con tu movimiento de abanico lo producías. Tu superficie suave comenzaba a pudrirse y ondularse en ese camino inexorable que provoca el tiempo. Pero ello no parecía amilanarte y seguías luciendo provocativa, como esa vieja artista de cabaret que intenta atrapar su perdida belleza con sus pinturas y coloretes.

         Tú me has alegrado la vista en este leve instante y sé que seguirás orgullosa hasta que tu amarillo desaparezca totalmente, entonces tus dedos se soltarán de la rama a la que permanecen asidos e iniciara ese viaje por el aire, libre al fin, en ese vuelo postrero que te postrará tenuemente sobre la tierra para que empieces, de nuevo, a formar parte de ella.

08/11/2006 22:29 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 2 comentarios.

07/11/2006

Sé que no estuviste...

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             Sé que no estuviste en aquel paseo mío por el parque. Mis zapatos ahogándose en un suelo fangoso echaron de menos la ausencia voluntaria de los tuyos. Rechazaste acompañarme, temiendo que algunos de tus fantasmas interiores estuvieran ocultos, agazapados entre los árboles y les dieran por salir a tu encuentro. Preferiste ocupar ese rato en alimentar tu cuerpo y entretener tu espíritu en algo que no tuvieras el riesgo de sentir sacudidas como las de una alfombra a la que se le sacude.

             Sé que no estuviste, pero mientras mi cámara iluminaba con su flash los rincones sombríos por la oscuridad otoñal, atrapando los instantes acompasados por los crujidos espontáneos de las hojas secas, me pareció verte. Fue sólo un momento, pero te reconocí, tal como luego te vi: solitaria, intentando iluminar tu cara con la luz de una sonrisa mientras afanosa buscabas algo a la sombra de un abedul. Cuando luego nos vimos y, sin palabras, te pregunté qué es lo que estabas buscando me respondiste sólo: ¡A MÍ!

07/11/2006 18:18 Autor: elbucaro. #. Tema: Escribiendo Hay 5 comentarios.

29/10/2006

No me vuelvo a enamorar

     May se miró en el espejo mientras cubría su cuerpo desnudo con la camiseta que acababa de comprarse. Una camiseta blanca rotulada con letras negras: NO ME VUELVO A ENAMORAR.  Le gustó el reflejo de sus muslos morenos contrastando con la blancura de la camiseta.

 

            Al sentir el tacto del algodón sobre su piel mil recientes emociones despertaron en su interior. Nunca pensó que mediada la cuarentena podría revivir sentimientos adolescentes que aquel encuentro meramente azaroso con Raúl iba a devenir en un enganche tal por su persona. Raúl fue capaz de descorcharle su corazón del que surgió en cataratas emociones hibernadas que pensaba ya muertas. Y juntos volaron sobre las nubes y, en la noche, se columpiaron en las estrellas. May se sintió la mujer más feliz del mundo y, en el fondo, culpable de volver a vivir lo que algunos llaman amor. Cada minuto de su existencia era pura vida y, sobre todo, cuando se encontraba con él se veía en un mundo engalanado por brotes de felicidad. Se sentía pletórica al sentirse de nuevo deseada, admirada,…pero sobre todo querida. Era como si Raúl, a modo de un hábil escultor, la hubiera cogido entre sus brazos y hubiera conseguido moldear lo mejor de sí misma, esa parte de ella que no parecía, ni siquiera, pertenecer a este mundo.

 

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