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El búcaro de barro

Día a día

Gotas de silencio

Gotas de silencio

    Hoy he estado totalmente sólo en mi trabajo. Una parte del edificio quedó vacía hace unos días y de los dos que estamos el otro ha marchado de vacaciones. Se me hace extraño trabajar rodeado de tantas gotas de silencio cayendo a mi alrededor. No porque lo huya, el silencio me gusta, pero a veces la mañana se hace larga y eso que el trabajo no me falta. De vez en cuando se interrumpe por alguien que llega hasta aquel, ahora, aislado lugar, que me pide que le solucione algún papeleo o le aclare una información. Cuando sus pasos van perdiendo sonoridad a medida que se alejan vuelven las gotas de silencio.

    Un silencio que todo lo invade y que me hace pensar que el silencio total no existe. Se interrumpe por esos ruidos imperceptibles que no solemos escuchar: el sonido de la impresora en reposo, las ramas de los árboles agitadas, el tecleo de un escrito que suena como el redoblar de unos tambores e, incluso en algunos momentos, me pareció escuchar a una mosca que respiraba cerca de mi oreja.

     Es difícil que el silencio lo invada todo y si pretendiéramos forzarlo a tal extremo llegaríamos, incluso, a escuchar el bombeo de la sangre que realiza el corazón, o el zumbido confuso del no-silencio. Lo malo es que no siempre coincide en los momentos que apetecería. Yo por si acaso estos días no llevaré chubasquero a trabajar y me dejaré empapar bien por las gotas de silencio que se derramarán sobre mí a lo largo de toda la mañana. Su humedad me puede venir bien para el resto del día.

Historia-s

         A pesar de que fui de aquella generación que se tuvo que aprender aquella temida lista de los reyes godos, eso no me influyó negativamente para que desde adolescente me entusiasmara la historia y leyera mucho sobre ella en libros y enciclopedias, a pesar que en que aquella época algunas páginas de nuestra historia estaban escritas más bien como historietas.

        Pero si hay alguna historia que me apasiona es la historia de cada día, la reciente y la que han sufrido y vivido mis ascendientes o la mía propia. Lo que ocurre es que de todo esto me di cuenta tarde y en cuanto a la historia de mis ascendientes, por ley de vida, ya quedan pocos para poner aquellas historias por escritos y en cuanto a la mía intento recomponerla por escrito con la ayuda de mi memoria, por si dentro de unos años alguien hubiera que le interesara también la historia. Pero en este trabajo de reconstruir el pasado he encontrado una gran dificultad: mi memoria es buena y es capaz de traer al papel los acontecimientos y personas vividas, pero ¡qué difícil es re-vivir las sensaciones y sentimientos del pasado, siempre modificados por el paso inexorables de los años! Para tener más vivo lo que uno sintió ante uno de esos acontecimientos que cambiaron nuestra vida, hay que escribirlo casi al mismo tiempo que transcurren y no dejarlo "envejecer" que los matiza, los amolda o simplemente los convierte en políticamente correcto.

Día de cementerio

Día de cementerio

       El fallecimiento ayer de un familiar ha hecho que hoy haya pasado parte del día en el cementerio. Alboreaba el día y mientras los rayos del sol desgarraban unas nubes negras yo estaba ante la verja cerrada del cementerio. Acompañaba a un familiar en la triste ocasión de exhumar los restos de su padre. Las carreteras de alrededor, habitualmente atestadas, estaban a esta hora solitarias y silenciosas y sólo un viento suave con cierto olor a lluvia nos envolvía. A los pocos minutos una moto se detuvo junto a nosotros y de ella bajó quien luego me enteré que era el enterrador.  Abrió la verja y entramos en aquel recinto marmóreo, florido y mudo.  Un hombre bajito de aspecto espectral, que llevaba una bolsa en la mano, y con toda la pinta de haber dormido allí nos dio los buenos días. Al poco llegó el jefe del sepulturero uniformado con una bata azul y nos dirigimos hacia donde estaba situado el nicho.

        Allí había sido colocado un tablón sobre dos caballetes alzados en unos desvencijados ladrillos, un lugar que no resistiría una inspección de prevención de riesgos laborales, y donde el sepulturero armado de un martillo se subió. Alzado en aquel pedestal aprovechó para desenfundar un cigarrillo y poniéndolo entre sus dedos con la otra mano martilleó hasta abrir el nicho. Entonces fue cuando me vinieron a la memoria las palabras de la poesía de León Felipe:

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.

Quitó los restos de los escombros y posteriormente poniéndose unos guantes de goma de los que se usan para fregar fue sacando los restos y metiéndolos en una bolsa gris donde ponía el título de "Restos anatómicos". Se dejó vacío el nicho y salimos a la salida por aquel pasillo ornado de tantos recuerdos y lágrimas secas.

        Cuatro horas más tarde volvimos por allí ahora al entierro. El tráfico ahora era denso. El cielo estaba casi oculto en nubes negras. Y el cementerio seguía vacío. El encargado con la bata azul que ya conocía esperaba en la puerta y cuando llegué a la tumba, que ya conocía, allí estaba el sepulturero, nervioso, porque el ataúd se estaba retrasando. En voz alta, para que lo oyéramos, se quejaba de que eran la una y cuarto de la tarde y su jornada terminaba a la una. Al fin para su tranquilidad llegó el ataúd y el séquito de familiares. Volvió a sentirse protagonista sobre aquel tablón y por ello sería que encendió otro cigarrillo. El cielo como queriendo apagarlo empezó a soltar agua, primero poco a poco y luego a chorros. Entre los dos operarios metieron el ataúd en aquel agujero negro. Mientras el suelo se mojaba de lluvia y lágrimas, el sepulturero acabó de poner cemento. Salimos despacio chapoteando por aquel suelo desigual y me acordé, al atravesar la verja mientras el sepulturero se iba contento a comer, de aquel otro poeta que dijo: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!  

Apuntes laborales

         Hoy me han dado un escrito en el que me reconocen el sexto trienio. Dieciocho trabajando en la misma empresa en trabajos muy diferentes, haciendo unas funciones que nunca imaginé que iba a desarrollar. Yo estaba ilusionado por la enseñanza pero las circunstancias me condujeron hasta donde estoy hoy. Al principio me resistía a ello e incluso después de aprobar oposiciones me dedicaba a estudiar mi vocación frustrada, hasta que los años, el poco tiempo o, tal vez, el realismo me vencieron. Pero como el otro día le decía a una antigua compañera, que empezamos juntos y ahora vive en otra ciudad. ahora vivo en una etapa laboral que no la cambiaría por otra. Me gusta y disfruto con lo que hago, me permite organizarme cotidianamente, tratar con la gente, sentir que lo que hago vale la pena y, algo muy importante, sonreir varias veces a lo largo de la mañana.

 Entre la variedad de cosas que hago esta mañana sin ir más lejos:

-Le traduje una carta en francés a una señora aclarándole lo que le pedían.

-Le di la enhorabuena a uno que vino a hacer una gestión, porque su mujer está embarazada. Se enteró el mismo día, tras una espera de tres años en que los han llamado de la seguridad social para la fecundación in vitro. Y acaba de cobrar el permiso de maternidad tras la adopción de una niña china con la que están encantados.

-Regué una maceta de flores amarillas que me he llevado para animar al fichero, que últimamente lo veía muy serio.

-Le rellené a uno que no sabe leer un papel para solicitar asistencia jurídica gratuita.

-Felicité a la que me soluciona en el banco los problemas laborofinancieros desde hace más de cinco años y que la semana que viene se casa.

-Informé a uno que había estado "en el colegio" (eso me dijo él, aunque bien sabía yo la de rejas que tiene ese colegio) de qué trámites tenía que hacer para poder cobrar algo.

-Aconsejé a un matrimonio maduro que reclamaran en el banco el dinero de su madre fallecida y que les habían bloqueado.

      Todo ello en un edificio en que hace un par de días éramos nueve y ahora sólo quedamos dos, esta mañana yo sólo pues mi compañero estaba de permiso. Tampoco tuve tiempo de sentir la soledad, de vez en cuando, detenía la maraña de papeles que tenía entre manos y me sentía acompañado al oir la respiración de mi flor.

14 de Febrero - San Valentín

14 de Febrero - San Valentín

¡Qué nunca falte el hilo suficiente y las ganas de coser!

Pre-primavera

Pre-primavera

     Esta mañana salí a la calle temprano a comprar unos churros.  Todo estaba silencioso. Los domingos cuando el amanecer acaba de pasar parece que ha derramado unos polvos mágicos que adormilan toda la naturaleza. La calle estaba vacía y los tenues rayos del sol intentaban lamer la humedad nocturna del techo de los coches. Mirando hacia la playa veo la bruma que está levantando coloreando de un azul plomizo las aguas del mar. Me cruzo con algunos paseantes acompañados de perros sueltos y jaleosos que corren perdidos sin saber muy claro hacia dónde. Una señora coja me da los buenos días mientras su cuerpo bascula de uno a otro lado con esa tranquilidad de no tropezar, en ese movimiento de vaivén, con nadie debido a la soledad de la acera.

    Pero un rumor sordo envuelve el ambiente, hay algo que no soy capaz de captar en medio del ese silencio un cierto temblor del aire, una fuerza que se oculta a mi alrededor. Al fin noto lo que es, al acercarme a unos árboles sus ramas desnudas están cargadas de una pelusilla que anuncia el despertar de la naturaleza en unos días. En esta zona sureña de muros encalados y vientos cálidos la primavera está a punto de entrar. Al llegar a casa voy a la terraza donde en medio de las macetas tengo una a la que tengo un especial cariño, su primera flor, de un amarillo brillante, me saluda desde su carnosa ramilla.

Desistimiento

Desistimiento

     Cuando se estudia Procedimiento Administrativo se estudia el desestimiento  que uno de los modos de finalizar cualquier procedimiento . Es decir, que el interesado desista de seguir, ya porque no pueda o ya porque no le interese. Algo así tendré que hacer unos días con el blog,  desistir de escribir en él.

     Desde  aproximadamente una semana tengo un problema en mi PC , empieza a hacer cosas "raras", hasta el extremo de que salen de él correos que no he escrito y mi messenger chatea con gente a las que yo no soy el que escribe . Temo que ocurra como en "2001 una odisea del espacio", donde el ordenador de la nave se hace con el mando de ella y, de manera similar, yo pueda perder el mando de este artilugio . Aunque más bien me inclino porque algún indeseable haya hecho de las suyas a través de un método que desconozco. Por todo ello, antes de que la cosa vaya a más, a partir de mañana voy a llevar el ordenador a un informático para que me lo chequee. Ello me obligará, no sin cierta pena,  a apartarme de este mundillo hasta que dentro de unos días pueda tenerlo, una vez arreglado, de nuevo en mis manos.

Una presente y futura madre

            Tu sonrisa interrumpió mi rutina laboral. Hacía tiempo que no venías a verme y te noté especialmente guapa. Entonces recordé que me dijiste que te habías quedado embarazada y esa hermosura, que siempre producen los embarazos, era la que desprendías. Tu barriga de seis meses, no muy grande, ya empezaba a redondear y me confesabas tus miedos acompañados de esperanzas, siendo como es el tercero y llevándose catorce años con el hermano que le precede.

          Venías a que te orientara respecto a una vieja deuda, que por motivos laborales, le pusieron hace diez años a tu marido y que ahora de nuevo había asomado sus afilados dientes y temías que los hincara sobre una de las cosas que más quieres, tu casa.  El verdadero culpable de aquello, un antiguo jefe de él, se desentendió del tema y ahora cae, como una pesada losa, sobre vuestra familia, aunque tu estás segura de que hay Alguien arriba que tiene paciencia para dar a cada uno lo que se merece. Por lo que me contaste las cosas no estaban nada bien al respecto y dudaba que más recursos sirvieran para nada, por eso lo único que cabía es pactar una forma de pago adecuada.

          Seguiste tu camino a hacer nuevas gestiones en busca de nuevas ideas con la que aminorar el efecto del problema y me dijiste que me tendrías informado de las gestiones que fueras haciendo. Cuando te alejaste, no pude menos de envidiar esa vitalidad que encierras en esa menuda figura y que, cual el ave Fénix, te hace resurgir, una y otra vex, de las cenizas aunque sea por la necesaria supervivencia de los tuyos de la que eres el verdadero motor. Tu hijo llegará en a una familia que no está nada boyante económicamente, pero puede estar seguro de que tendrá una madre que aparte de quererlo, lo sostendrá. lo apoyará y lo defenderá con uñas y dientes.

Los advenedizos

              Todos sufrimos las consecuencias de los advenedizos, de esa gente no habitual y que  razones o circunstancias con las que no estamos de acuerdo la traen a nuestro ambiente habitual con las correspondientes molestias. Es el caso de quien durante todo el año pasea cotidianamente por la playa con la única compañía de las gaviotas y llegado el verano, los advenedizos, la copan impidiendo dar un paso sin pisar a uno de ellos o las cáscaras de pipas que derraman sobre la arena. O el del seguidor de un equipo de fútbol modesto que hasta cuando estaba en los últimos puestos de la tabla acudía a animarlo, pero en cuanto ese equipo está al borde del ascenso, los advenedizos en tropel saturan las gradas y cuando llega tiene que quedarse en la puerta sin ver el partido. O el del creyente que acude dominicalmente a su misa, pero que hoy ha coincidido con la boda de una "celebridad", los advenedizos empinados por ver el vestido de la novia le impiden acercarse y ver siquiera el campanario. O el del que cada domingo compra durante años el mismo periódico,pero hoy regala un gorro de lana, un curso de inglés y  un juego de vasos de bohemia, por lo que cuando se acerca al kiosco solo encuentra el estante vacío mientras los advenedizos cargados de los regalos se acercan a la papelera más cercana a tirar el periódico.

             Muchos y variados casos de estos advenedizos podríamos citar, pero hay un caso peculiar. La de esos que entran en nuestra vida como saliendo de debajo de las piedras y que tras dejar huella de distinto tipo, más o menos profundas, un día sin que sepamos como se convierten de nuevo en advenedizos...pero en otro lugar, por lo que desaparecen. Ya que, en general,nos molestan tanto los advenedizos, quizás sería cuestión de plantearse en que casos formamos también nosotros parte de ese peculiar colectivo.

¡Manda botones!

¡Manda botones!

           No soy muy aficionado, en general, a las labores domésticas. A pesar de ello, muchas de ellas forman parte de mi cotidianeidad, sin embargo hay otras que raramente hago. Eso es lo que me pasa, por ejemplo, con el hecho de coser botones. Aprendí, tras un cursillo intensivo que me dio mi madre, cuando me fui a estudiar fuera de casa y me pasaba meses sin ir. Me resultó muy práctico durante años, especialmente en el servicio militar donde otros compañeros menos avezado, distraían los ojales de las camisas con unos clips. Después se ha convertido en algo poco habitual...hasta hoy.

           Necesitaba coser dos botones, uno en un pantalón y otro en una chaqueta. Lo primero fue localizar la caja de costura lo que no resultó demasiado complejo. Otra cosa fue buscar los hilos adecuados. La caja tendrá como treinta hilos de distintos colores, pues precisamente los dos tonos de verde, que necesitaba, se encontraban agotados. Así que me tuve que conformar con tonos relativa y discordantemente similares. Luego vino lo peor, cuando observé que la habitual dificultad para enhebrar la aguja se había acrecentado porque desde la última vez que la usé el agujero de la aguja había disminuido de tamaño. Así que el enhebrado en vez de a ojo tuve que hacerlo prácticamente al tacto. Labor ardua, pero que finalmente conseguí.  La tela era gorda y los empujones por detrás a la aguja me ocasionaba algún que otro pinchazo y el que cada vez saliera por un punto diferente de la tela.  Al atravesar el sentido opuesto tampoco se libró mi dedo de leves y sutiles pinchazos. Finalmente logré tener los dos botones colocados, el hilo disentía del de los otros pero nadie se iba a fijar en ello, así como en que tampoco guardaban una perfecta alineación.

         A pesar de haber conseguido el objetivo pensé que para otra vez me compraba la chaqueta con cremallera, pero ¿no iba a resultar un poco rara?

Una antigua compañera de viaje

Una antigua compañera de viaje

                Nos conocimos hace ya varios años, en una época en la que ninguno de los dos peinábamos canas, aunque ella por milagros de la técnica no las peina todavía, en un autobús que circulaba a esas horas imposibles de las 6,30 de la mañana. Vivimos en poblaciones cercanas, unos 20 km. Ella subía después que yo ya hubiera recorrido el trayecto que nos separaba. Los dos trabajábamos en la misma ciudad. Aquel viaje repetido cotidianamente, durante varios años, en aquel viejo autobús que nos obligaba a tener el paraguas abierto en su interior los días de lluvia, nos fue acercando. Y en medio de aquel silencio bañado sólo por el sueño ambiental, una machacona emisora con el programa de Onda pesquera y la charla desparramante de un carpintero ligón que siempre dejaba su asiento libre a la espera de alguna “presa”, empezamos a charlar y nos fuimos haciendo amigos. A ambos nos dieron traslado a nuestras localidades casi a la vez, y temí durante unos días, que desapareció, que no volviéramos a contactar, pero un par de días antes de que nuestros viajes se interrumpieran para siempre intercambiamos nuestros números de teléfono. Desde entonces, ese sigue siendo nuestro modo de contacto, pues en todos estos años con prometidos y nunca cumplidos deseos de visitarnos, sólo nos hemos llegado a ver una vez, brevemente, en un centro comercial.

Ayer estuve hablando con ella, que se recuperaba de una reciente operación de cierta importancia. Estaba un tanto alicaída, en sus años de trabajo ha tenido mucho contacto con la enfermedad, es ATS, pero me decía que cuando la enfermedad te toca a ti misma, es diferente. Es como si el mundo se detuviera y siente que todo lo que sabes sobre medicina no sirve para nada, o peor te perjudica porque te hace dar vueltas a tu cabeza en unos registros a los que el desconocimiento nunca te llevaría. Creo que tengo ahora  un buen motivo para recorrer esos pocos kilómetros que nos separan y vernos después de tantos años.

Cinco extraños hábitos

Cinco extraños hábitos

Siguiendo la invitación doble de Candela y Tana, paso a citar mis cinco extraños hábitos, que tanto se están leyendo ahora por los blogs:

1)      Desde los trece años, escribo siempre con bolígrafo negro y no utilizo nunca el azul. Incluso cuando dibujo me gusta sombrear con bolígrafo de ese color.

2)      Cuando me siento en cualquier fila, procuro siempre hacerlo en el pasillo. Eso es reminiscencias de sentarme en los autobuses, donde al no entrarme las piernas con el asiento de delante debo sacarlas siempre hacia el pasillo.

3)      Hay telas cuyo tacto se me hace insoportable como la de los impermeables y el raso. En una ocasión en que me acosté sobre unas sábanas de raso, me tuve que levantar a los cinco minutos para cambiar las sábanas ante la imposibilidad de pegar ojo.

4)      Nunca salgo de casa sin las gafas de cerca en el bolsillo, me agobia mucho el pensar que me pueda encontrar con cualquier letra y la vea turbia siendo incapaz de leerla, y tampoco sin el bolígrafo.

5)      No suelo usar peine y no porque esté calvo, sino porque en cuanto el pelo me roza las orejas voy corriendo a pelarme.

No invito a nadie, porque creo que ya hay poca gente que no lo haya posteado, de todas formas si alguien quiere animarse a ello ya sabe.

 

Entre paréntesis

Entre paréntesis

       Voy a apartarme  por un tiempo de este mundillo de la blogosfera, una serie de circunstancias que  han coincidido en estos días me han llevado a sentir esta necesidad, a hacer un pequeño paréntesis en esto de la escritura-lectura de blogs. Serán sólo unos días en los que dedicaré ese tiempo a otras cosas: observar las yemas que empiezan a surgir en las plantas, darle un empujón a la lectura de una serie de libros que tengo pendiente, acariciar la arena de la playa con la suela de mis zapatos y ver como el brillo de la luna llena va decreciendo un poco cada día.

      Espero volver pronto para seguir construyendo post con las palabras y seguir disfrutando de la lectura de vuestros blogs amigos.

Vuelta al trabajo

Tras agotar los últimos días de vacaciones que me quedaban del verano del 2005, ¿quién se acuerda ya de él?, ayer volví al trabajo e inicié mi año laboral. Como siempre que falto unos días seguidos de mi trabajo, temo la vuelta, no sabiendo lo que me puedo encontrar allí. Lo primero una llave que a mi compañero se le atascó en la puerta de entrada, desde el primer día del año...y allí seguía. La mesa llena de papeles que se acumulaban por doquier. Expedientes que se tenían que haber resuelto durante estos días, en los que se tardaba poco más de diez minutos, allí seguían cubriéndose de telarañas. Una señora había anotado una reclamación en el libro de Quejas, para colmo vive en Lepe, parece que suena chiste, pero parece un poco increíble recorrer casi trescientos kilómetros para ir a mi oficina a quejarse de cómo funciona. Una colección de nueve incidencias que mi compañero debió resolver, aparecían intacta, resolvió media y cómo tenía miedo de equivocarse prefirió dejarlas a que yo llegara. Vamos que creo que estos días ha aprovechado un poco para hibernar durante el tiempo de oficina. ¡Qué trabajo le cuesta a algunas personas darse cuenta que detrás de algo tan vulgar como un papel hay personas, con lo que eso significa! Ayer, por tanto, no tuve tiempo ni para respirar. Hoy, no sé si por agotamiento, mi compañero no ha ido, dice que está enfermo.

Siguiendo

     Sigo por aquí, agradeciendo los ánimos tras el post de ayer, y mucho mejor tras el sueño reparador de la noche y el ajetreo de la mañana. No pasó ayer nada especial, sólo lo de siempre, la guinda de unas fechas que en un sólo día parece que quieren despedirse siempre de manera agobiante y explosiva. Lo peor es cuando ves que, en ocasiones, la vida es un ciclo y conoces como cuando en un reloj se acerca las doce que van a sonar las doce campanadas, y que por mucho que lo intentes el reloj no se para y al final las doce campanadas suenan y no porque te lo esperaras ibas a sufrir menos su efecto, todo lo contrario esa agónica y previsible espera acentúa sus consecuencias sobre ti y sobre tu ánimo. Sobreviviré y seguiré caminando, ya me olvidé de ayer y le acabo de sacar brillo a la mejor de mis sonrisas antes de subírmela a la cara.

Borrar

Borrar            Ayer creo que me equivoqué debía haber pedido algo material a los reyes: una gran goma de borrar, con la que poder borrar este día. O tal vez me hubiera bastado con un mando a distancia que me hubiera permitido el cambiar de canal.

¿Los reyes majos?

¿Los reyes majos?

       Ya iniciamos el final de la escalada de estas fiestas. Hoy queda la cabalgata, antes había una sola, ahora cada calle, cada barrio, cada asociación de vecinos, tienen la suya. Por lo que se multiplican esos señores disfrazados, a veces incluso con destacados pechos (reyas), que aumentan la perplejidad de esos niños avispados que conservan aún la inocencia. Los que deben estar haciendo su agosto son las fábricas de trajes de reyes. El otro día me enteré que el salir en mi pueblo de rey mago, supone un desembolso de 21.000 euros, no entiendo a que es debida la cola que hay para serlo.

     Todavía nos quedará la noche, en que cual embozados caminaremos por rincones oscuros de la calle y subiremos sin hacer ruido las escaleras de casa con grandes cajas envueltas en sábanas. Mañana es día de ilusión para los niños, pero también de grandes decepciones. Sigo pensando que no lo estamos haciendo bien. Se observa al ver la cabecita del niño asomando entre los juguetes y triste porque le falta una de las cosas que había pedido. O cuando al final del día se van a la cama y tienen algunos juguetes, aún en sus cajas porque no tuvieron tiempo material de abrirlos. Y lo que creo es que cada año va empeorando la cosa.

     Desde mi humilde postura este año he intentado hacer "objección de reyes", he dedicado sólo una mañana a ir de tiendas a regalar sólo lo imprescindible. Y cuando alguien me ha preguntado que quería, le he dicho que nada, aunque sé que probablemente algo caiga. Pero es verdad, este año no querría cosas materiales, mi regalo ideal sería este año que todos los que me quisieran regalar algo dedicaran el tiempo y la energía, que se gastan en comprar, a pensar qué actitudes pueden cambiar o transformar para que yo me sienta más feliz. Creo que eso sería más productivo a todos los efectos...y sin duda más difícil. 

La sombra

La sombra

No sé desde cuando me acompañabas, pero un día, fascinado, me percaté de tu presencia. Una imagen silenciosa y acogedora que acompañaba a mis pasos por todos lados, esquinas y recovecos. Te movías a mi vez y, en medio de penas, saltos o desesperos tu figura callada nunca faltaba. Al ser consciente de tu presencia me acostumbré a tu compañía, solícita y no exigente. Estaba deseando sentirme bañado por la luz para sentirte a mi lado, ¿o era al revés, que cuando estabas junto a mí me inundaba la luz? Te hiciste imprescindible en mis días y en mis sueños, en mi soledad y en mis deseos, en mi silencio y en mis esperanzas, y necesaria en mi cotidianeidad. Me sentía un privilegiado por haberme preferido a mí a cualquier otro.

Pero todo tiene su precio y dicen que siempre llega un momento en que las circunstancias de la vida que al igual que prohíben caminar siempre en la desesperanza también vedan una felicidad sin sobresaltos. No siempre se puede circular bajo la luz, pues precisamente ésta alumbra por su contraste con la oscuridad. Y entonces, con lágrimas pero sin palabras, nos dijimos adiós querida sombra, para que cada uno, por nuestro sitio, siguiéramos nuestro particular rumbo en pos de eso que ni tú ni yo sabemos muy bien lo que es. Hoy, con mucho trabajo, me estoy acostumbrando a andar sin nadie a mis espaldas, se me está haciendo complicado el camino, pero sin duda, lo iré consiguiendo. ¿Y sabes una cosa? Conservo aún un germen de ilusión en mi interior porque estoy seguro, que si en algún momento te necesitara, me bastará echar una mirada hacia atrás para verte detrás de mí con la más hermosa de tus sonrisas.

Terminando el año

Terminando el año

           Hago un alto en el ajetreo de los dos últimos días para escribir aquí unas líneas. El día está nublado, melancólico y triste. La calle silenciosa. Ayer, aunque no trabajé, fue un día movido. Por la mañana acompañando a familiares a distintas consultas médicas, primero al dentista y luego revisión anual del oftalmólogo. Consultas solitarias, se ve que las fechas parecen reducir hasta las enfermedades. Aunque no es del todo así, a un familiar cercano en lista de espera desde hacía nueve meses para una prótesis de cadera, le llamaron el 23 de diciembre para decirle que el 27 lo operaban. Así que estamos teniendo unos días atípicos, con visitas y estancias de hospital, incluída la cena de esta noche en que, por ese motivo, tendremos a toda la familia dispersa. De todas formas creo que lo importante es alegrarse porque todo ha salido bien, lo demás es meramente accesorio.

Ayer por la tarde, ya no pude dilatarlo más y me fui a hacer algunas compras ineludibles. La calle atestada de gente, había hasta que pedir permiso por los cruces de calles para poder pasar. Una de las compras que hice fue en una tienda de fotografía, donde al fotógrafo lo conozco desde hace ya casi veinte años. Esto de finalizar el año parece que atrae recuerdos y comentábamos al poco de conocernos y de una guapa y jovencísima compañera suya, de entonces, hoy convertida ya en una madura señora de familia. Y hablábamos como no sólo ella sino también nosotros habíamos cambiado en estos años y filosofamos del inexorable paso del tiempo sobre los humanos. Pero entonces entró una señora regordeta ella y bajita con una cara dibujada de las arrugas típicas de los setenta años, a la que acompañaba su silencioso marido, y le dijo al fotógrafo:

-Hola, ¿tienes un cuarto dentro para hacer "afotos"?

-No, aquí no tengo estudio.

-Entonces nos vamos, porque yo lo que quería ahora era hacerme algunas "afotos" con mi vestido de novia que traía aquí.

Al irse la señora, no pudimos dejar de comentarlo, hay personas que a pesar de que los años transcurren parece que por ellos camina más lento, porque ¡mira que poder ponerse todavía el mismo traje de novia que hace cuarenta y tantos años!

Y es que los años no pasan, los que pasamos somos nosotros y ahora que vamos a pasar del 2005 al 2006; deseo a todos vosotros: ¡UN MUY FELIZ AÑO 2006!

Gente que pasa...

Gente que pasa...

Por nuestra vida, la gente pasa de distintas maneras:

-Unos, casi de puntillas.

-Otros, a saltos.

-Y en fin otros, dándonos buenos pisotones.